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Jair Bolsonaro, un presidente escéptico ante el coronavirus

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Río de Janeiro (AFP)

Los dirigentes de todo el planeta declararon la "guerra" al nuevo coronavirus, pero el presidente Jair Bolsonaro hace oír una voz discordante, provocando malestar y preocupación en Brasil, incluso entre sus aliados.

Desde el inicio de la pandemia, el mandatario de ultraderecha no ha dejado de cuestionar la "histeria" a la hora de tratar el tema y ha multiplicado las provocaciones.

El miércoles reconoció por primera vez en una rueda de prensa con varios de sus ministros, todos con mascarillas de protección, que se trataba de un asunto "grave", pero que no debía desencadenar el "pánico".

La conferencia de prensa, que no dio lugar a ningún anuncio novedoso, fue considerada por numerosos comentaristas como una "puesta en escena patética" orquestada por un Bolsonaro que no paró de ponerse y sacarse la mascarilla hasta dejarla colgando de una oreja.

El martes, había criticado la movilización de gobernadores y alcaldes ante una crisis sanitaria potencialmente dramática para decenas de millones de brasileños que viven hacinados en las ciudades y las favelas.

Y volvió a decir que existía "cierta histeria" que podría resultar perjudicial para la economía, después que el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, uno de sus probables adversarios en las elecciones de 2022, y el alcalde de Sao Paulo, Bruno Covas, declararan el estado de emergencia.

Hasta el miércoles por la noche, el balance era de cuatro muertos y 428 infectados en Brasil, entre ellos dos ministros de Bolsonaro y el presidente del Senado.

- Sin "timonel" -

El ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, médico de formación, recibió elogios por su manejo profesional de la crisis, lo cual le valió, según analistas, la hostilidad de Bolsonaro. En la conferencia de prensa del miércoles, fue uno de los últimos en hacer uso de la palabra.

"Es sumamente grave que ante la peor crisis sanitaria de Brasil [contemporáneo], Bolsonaro se empeñe en poner obstáculos a su ministro de la Salud", afirmó Gaspard Estrada, especialista de América Latina en la universidad de Sciences Po de París.

"En épocas de crisis se espera que haya un capitán al mando, pero Bolsonaro no tiene esa talla", agregó.

Bajo la presión de los líderes del Congreso, de la Corte Suprema y de empresarios, Bolsonaro pidió finalmente el miércoles que el Parlamento declarase el "estado de calamidad" para poder liberar fondos y reunió un gabinete de crisis.

Contrariamente a su modelo Donald Trump, que urgió a movilizarse como en una "guerra" después de haber minimizado la amenaza, "no se ve a Bolsonaro dar ese giro de 180 grados", dijo Estrada.

El gobierno brasileño anunció este jueves el cierre de las fronteras terrestres con todos sus vecinos, exceptuando Uruguay. Una medida menos radical que la de Argentina, Chile y Colombia, que prohibieron el ingreso de extranjeros no residentes por vía terrestre, aérea o marítima.

Los fondos liberados hasta el momento (147.300 millones de reales, unos 30.000 millones de dolares) son considerados ampliamente insuficientes para un país amenazado ahora de recesión.

Pero incluso para quienes estiman que el gobierno actúa con determinación, Bolsonaro aparece como una figura problemática.

"El equipo económico está tomando medidas en todo los campos (...), pero el presidente va en dirección contraria", estima Margarida Gutierrez, profesora de macroeconomía del instituto Coppead de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ).

- "Irresponsabilidad política" -

El excandidato presidencial Ciro Gomes (centro-izquierda) calificó a Bolsonaro de "crápula irresponsable" y lo instó a "ponerse a trabajar".

Pero nada parece moderar el gusto del presidente por las provocaciones.

El domingo pasado, estrechó las manos de decenas de simpatizantes, pese a que Mandetta le había recomendado permanecer aislado desde su regreso de un viaje a Estados Unidos tras el cual 17 miembros de su delegación dieron positivo por coronavirus.

Esas actitudes le valen un distanciamiento de aliados de la primera hora.

La diputada de la asamblea regional de Sao Paulo Janaina Paschoal, una de las autoras del pedido de impeachment contra la presidenta de izquierda Dilma Rousseff en 2016, calificó el baño de multitud del presidente de "crimen contra la salud pública" y pidió su renuncia.

La preocupación encontró eco en las calles, con cacerolazos en los últimos días en barrios de clase media de las principales ciudades del país.

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