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#APropagarElCuidado

Coronavirus: el estudio que les abrió los ojos a Donald Trump y Boris Johnson

Una científicas brasileña trabaja en el laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (Incor) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo el pasado 17 de marzo, durante una visita de Efe, en Sao Paulo (Brasil). Científicos brasileños desarrollan una vacuna contra el coronavirus con un método diferente al utilizado hasta ahora por la industria farmacéutica y grupos de investigadores de otros países, que esperan que sea testada en animales en los próximos meses.
Una científicas brasileña trabaja en el laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (Incor) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo el pasado 17 de marzo, durante una visita de Efe, en Sao Paulo (Brasil). Científicos brasileños desarrollan una vacuna contra el coronavirus con un método diferente al utilizado hasta ahora por la industria farmacéutica y grupos de investigadores de otros países, que esperan que sea testada en animales en los próximos meses. © Sebastiao Moreira / EFE

Estados Unidos y Reino Unido empezaron esta semana a endurecer su política para luchar contra la propagación del Covid-19. Un cambio de actitud que se debe en gran medida a un estudio alarmista, publicado el lunes 16 de marzo por científicos británicos.

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Se acabaron los días en los que el presidente estadounidense Donald Trump invocaba el “milagro de la primavera”, la cual se suponía pondría fin a la pandemia de Covid-19. Estado de emergencia y confinamiento son las nuevas órdenes al otro lado del Atlántico. En Londres, el Primer ministro británico Boris Johnson decidió el lunes 16 de marzo, tomar medidas más fuertes para luchar contra el virus.

Washington y Londres, criticados por sus estrategias consideradas demasiado laxas en la lucha contra el coronavirus, le dieron un giro de 180 grados a su política para impedir la propagación del virus, desde el lunes 16 de marzo. Un cambio de tono que no pasó desapercibido y que se debe en gran parte a un estudio científico británico, publicado ese mismo día.

"Recibimos conclusiones, resultado de una nueva proyección (de la propagación de la pandemia), que nos convencieron de que lo más importante era establecer la distancia social", afirmó Deborah Brix, una de las principales consejeras de la Casa Blanca en materia de política sanitaria. Lo mismo se consideró en Downing Street. "Las medidas que estamos implementando corresponden exactamente a lo que se propone en ese estudio" recalcó Sir Patrick Vallance, principal consejero científico del primer ministro británico.

Un panorama muy sombrío... 

Cabe decir que los autores del estudio en cuestión, presentado a los gobiernos británico y estadounidense antes de su publicación, fueron muy directos: pronostican que ante la falta de medidas particulares para controlar la pandemia, cerca de 2,2 millones de estadounidenses y 510.000 británicos sucumbirían ante el Covid-19.

También estiman que más del 80% de la población de ambos países quedaría contaminada y que el sistema de salud se saturaría en un poco más de dos semanas. Y la necesidad de camas hospitalarias sería treinta veces mayor a la capacidad de acogida que tienen el Reino Unido y Estados Unidos.

Una enfermera se prepara para recoger una muestra de un paciente en una unidad de coronavirus a través de un lugar de prueba en Seattle, Washington, EE. UU., 19 de marzo de 2020.
Una enfermera se prepara para recoger una muestra de un paciente en una unidad de coronavirus a través de un lugar de prueba en Seattle, Washington, EE. UU., 19 de marzo de 2020. © EFE

Este panorama sombrío de un futuro pandémico cercano fue realizado por el equipo encargado de las investigaciones sobre el Covid-19 del Imperial College de Londres. "Son algunos de los mejores especialistas del mundo en proyección de enfermedades infecciosas", aseguró Tim Colburn, epidemiólogo del Instituto UCL para la salud mundial de Londres.

Se basaron en las últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la cantidad de contaminados de Covid-19, a las cuales aplicaron los modelos de propagación de las principales pandemias de gripes. Su conclusión: el mundo no ha visto nada similar desde la epidemia de gripe española de 1918-1919, que dejó entre 50 y 100 millones de muertos.

Ante tal amenaza, estos científicos consideran que los gobiernos de todos los países solo tienen dos opciones, las cuales implican grandes sacrificios sociales y económicos a largo plazo: La primera consiste en mitigar la propagación instaurando diversas medidas, como el aislamiento de personas en riesgo, la puesta de cuarentena de familias con individuos contaminados y la prohibición de concentraciones de personas. El objetivo es disminuir la difusión del virus, tratando que, a medida que las personas contaminadas desarrollen una inmunidad al Covid-19, el virus desaparezca por su cuenta, a falta de nuevos huéspedes para infectar.

Sin embargo, esta solución es inviable para los sistemas de salud de la mayoría de los países. En Estados Unidos y en el Reino Unido, por ejemplo, la cantidad de pacientes que deberían ser tratados en un hospital sería ocho veces mayor que la cantidad de camas disponibles. Una política de mitigación conllevaría probablemente la muerte de 250.000 personas en el Reino Unido y de 1,1 millones en Estados Unidos.

Medidas para mínimo cinco meses

La segunda opción, la "política de erradicación del virus (a diferencia de la política de mitigación) solo es posible para los países que puedan pagar el precio", apuntan los autores del estudio. Esta opción requiere el confinamiento de la totalidad de la población, el cierre de colegios y universidades y la limitación al máximo de los desplazamientos. Un freno a la vida de un país que recuerda las medidas implementadas en Francia desde comienzos de esta semana.

Pero las conclusiones de los científicos británicos difieren de las del Gobierno francés sobre el tiempo durante el que se deben aplicar estas medidas drásticas. El presidente francés Emmanuel Macron habló sobre un confinamiento que inicialmente duraría 15 días pero el estudio del Imperial College de Londres considera que esa política debe extenderse "al menos durante cinco meses para ser eficaz".

Los investigadores pronostican que el pico de las admisiones en el hospital ocurriría alrededor de tres semanas después la implementación de las medidas de confinamiento. Se necesitarían luego al menos cinco meses para que los establecimientos de salud puedan atender de manera normal la llegada de nuevos pacientes.

Sin embargo, este enfoque presenta un inconveniente. Al levantar estas medidas radicales de lucha contra el virus, los científicos anticipan un “repunte en el número de contaminaciones”. En efecto, a diferencia de la política de mitigación, una lucha integral contra el Covid-19 tendría como consecuencia reducir drásticamente la cantidad de personas expuestas al virus y, por ende, la cantidad de individuos inmunes por haber estado contaminados. Serían necesarios solo algunos portadores del virus -llegados del extranjero tras la reapertura de las fronteras o asintomáticos- para que se vuelvan a disparar las contaminaciones.

Mucha incertidumbre

La única solución definitiva a esta crisis sería la elaboración de una vacuna, previenen los autores del estudio. Pero recuerdan que el desarrollo de una cura semejante tomaría un poco más de un año. Como consecuencia, anticipan que las poblaciones deberán ser sometidas a medidas que afecten su cotidianidad "al menos durante 18 meses". Único consuelo: sugieren un sistema en el cual los gobiernos podrían temporalmente atenuar la radicalidad de las medidas de confinamiento cuando la cantidad de casos haya disminuido lo suficiente.

Los resultados de este estudio fueron bien recibidos por la comunidad científica. "Es tranquilizador saber que los gobernantes políticos pueden contar con las proyecciones más confiables posibles", resaltó Graham Taylor, inmunólogo de la universidad de Birmingham, mientras que Stephen Griffin, virólogo de la universidad de Leeds, aplaudió un "excelente trabajo que evoca todos los escenarios posibles".

Un integrante de personal sanitario saluda desde una ventana de la UCI del hospital La Paz en Madrid, España, el 18 de marzo de 2020.
Un integrante de personal sanitario saluda desde una ventana de la UCI del hospital La Paz en Madrid, España, el 18 de marzo de 2020. © Sergio Pérez / Reuters

No obstante, los autores de este estudio reconocen que sigue habiendo "mucha incertidumbre en cuanto al funcionamiento" de este coronavirus. Las variables desconocidas hacen que todo trabajo de proyección sea incierto. Por ejemplo, no es del todo seguro que las contaminaciones de Covid-19 se repitan una vez se haya llevado a cabo una política fuerte para erradicar su presencia en algún país. Aunque ese haya sido el caso para varias epidemias de gripe, el coronavirus de SARS (Síndrome respiratorio agudo severo), desapareció en 2004 tras la aplicación de medidas drásticas de confinamiento en China.

Pero el hecho de que un estudio haya contribuido a abrirle los ojos a un presidente como Donald Trump, quien hasta ahora había dado la impresión de tratar con ligereza las advertencias científicas sobre los peligros del Covid-19, ya es un auténtico logro.  

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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