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El temor al coronavirus llega a las profundidades de la Amazonía

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Carauari (Brasil) (AFP)

En las profundidades de la selva amazónica, Carauari es un lugar al que se llega después de siete días de navegación. Pero el pánico global causado por la pandemia de coronavirus se ha abierto paso hasta aquí.

Las coloridas casas sobre pilotes a lo largo del serpenteante río Yuruá conforman este pequeño municipio del estado brasileño de Amazonas.

Sus 29.000 habitantes viven esparcidos en cerca de 26.000 km2 de territorio, principalmente en la orilla occidental del río, un afluente del Amazonas.

Para llegar a Carauari se necesitan tres horas de avión desde Manaos, la capital de Amazonas, o siete días de bote, primero por el Amazonas y luego por el Yuruá.

Durante semanas el nuevo coronavirus parecía algo lejano, del que apenas llegaban noticias.

Pero el viernes pasado se confirmó el primer caso de COVID-19 en Manaos y el virus que en menos de tres meses se propagó de la ciudad china de Wuhan a Europa y América llegó al corazón de la selva, despertando antiguos traumas en una comunidad con una devastadora historia de enfermedades importadas.

"Ahora no quieren que nadie vaya a Manaos ni que nadie de Manaos venga aquí, para que no nos traigan la enfermedad", dice Raimunda da Silva dos Santos en la puerta de su casa, cerca del puerto.

"Nací aquí en Carauari, he vivido aquí toda mi vida. En enero cumplí 80 años y puedo decir que nunca vi algo como esto", añade con preocupación.

Al igual que en el resto del mundo, los pobladores de Carauari ahora están obsesionados con proteger a su comunidad del COVID-19, cuenta José Barbosa das Gracas, de 52 años.

"Estamos haciendo todo lo que podemos. Nos lavamos las manos como dicen en la televisión", afirma.

"Y le rogamos a Dios que no traiga la epidemia hasta aquí".

- Un mundo aparte -

La lejanía es una barrera de protección, pero también una debilidad en caso de que el virus llegue hasta aquí, dada la escasez de servicios de urgencia. El hospital local solo tiene 50 camas.

"La dificultad de acceso minimiza el riesgo de ser infectados por alguien que llega, pero también implica más dificultades para transportar pacientes", explica Manoel Brito, director del hospital local.

El martes, Carauari implementó puntos de control sanitario para evaluar a los pasajeros que llegaban por avión o bote, en aplicación de una ordenanza del alcalde Bruno Luiz Litaif Ramalho.

Pero las nuevas restricciones también generan temores de que la comunidad quede más aislada aún.

La vida de los pobladores depende de que los barcos traigan desde Manaos medicinas, comida y accesorios industriales.

"Va a ser difícil sobrevivir" si el tránsito de botes es afectado, dice Luciano da Silva, un pescador de 32 años, mientras descarga equipaje de su canoa de madera a orillas del Yuruá.

"Dependemos de los barcos", sintetiza.

- Grupos indígenas vulnerables -

El nuevo coronavirus preocupa sobre todo a las comunidades indígenas de la Amazonía, diezmadas desde hace siglos por enfermedades importadas.

Son víctimas de una larga y antigua historia que se inició con la colonización europea, que aniquiló a un 95% de la población indígena de América, principalmente por las enfermedades que trajeron, como la viruela.

El estado Amazonas se declaró en situación de emergencia, lo cual supone medidas como la prohibición de visitas a reservas indígenas. La Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) canceló todas sus reuniones y asambleas, para evitar las aglomeraciones.

Muchas comunidades indígenas están preocupadas por el potencial impacto del coronavirus, sobre el cual tiene información limitada, explica Maria Cordeiro Bare, líder de la comunidad Bare, que vive a orillas del Rio Negro, otro afluente del Amazonas.

"La situación es muy delicada para los pueblos indígenas", cuenta María en Manaos.

"Ya sea el Covid-19 u otras enfermedades a las que no hemos sido expuestos, estas amenazan nuestra salud y nuestras vidas", advierte.

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