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La antorcha olímpica llega a Japón en plena crisis del Covid-19

Los funcionarios usan mascarillas protectoras después del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), mientras intentan ver la antorcha olímpica durante la gira de la Llama de la Recuperación Olímpica de Tokio 2020 en el Parque Memorial de Recuperación del Tsunami Ishinomaki Minamihama en Ishinomaki, prefectura de Miyagi, Japón, 20 de marzo 2020.
Los funcionarios usan mascarillas protectoras después del brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19), mientras intentan ver la antorcha olímpica durante la gira de la Llama de la Recuperación Olímpica de Tokio 2020 en el Parque Memorial de Recuperación del Tsunami Ishinomaki Minamihama en Ishinomaki, prefectura de Miyagi, Japón, 20 de marzo 2020. © Issei Kato / Reuters

La llama olímpica llegó al país organizador de los Juegos Olímpicos de 2020 en un discreto acto condicionado por la epidemia del coronavirus. 

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Lo que debería ser un acto multitudinario e histórico en una situación normal, se convirtió en uno mucho más discreto. La llegada de la antorcha olímpica a Japón, país organizador de los Juegos Olímpicos de 2020, tuvo un recibimiento pequeño a causa de la crisis sanitaria del Covid-19. La celebración de este evento genera dudas, aunque el Gobierno nipón defiende su celebración.

Un avión procedente de Atenas llegó a las 9:30 de la mañana, hora local. El campeón de judo, Tadahiro Nomura, y la luchadora Saori Yoshida, ganadora de tres oros olímpicos, fueron los encargados de subir a recoger la llama, protegida en un candil contra las ráfagas que soplaron durante el acto.

Yoshida y Nomura le entregaron el candil al presidente del Comité Organizador de los JJ.OO., Yoshiro Mori, que tuvo palabras de ánimo para Europa, inmersa en una crisis sanitaria por el virus, y recordó que el relevo "empezará en Fukushima y recorrerá todo el país".

Tras el turno de palabra, los campeones encendieron un pebetero con el diseño de la flor del cerezo de la antorcha tokiota instalado en la pista ante un limitado grupo de representantes gubernamentales y de la organización, que incluyó al director general de Tokio 2020, Toshiro Muto, y a la ministra de los JJ.OO., Seiko Hashimoto.

500 personas se reúnen en torno al aeródromo donde la antorcha olímpica llegó a Japón. En Ishinomaki, prefectura de Miyagi, Japón 20 de marzo de 2020
500 personas se reúnen en torno al aeródromo donde la antorcha olímpica llegó a Japón. En Ishinomaki, prefectura de Miyagi, Japón 20 de marzo de 2020 © Issei Kato / Reuters

A pesar de la prohibición de las autoridades al público general para que acudiera al acto, unas 500 personas de la prefectura de Miyagi se acercaron a las inmediaciones del aeródromo donde fue recibida la antorcha. Muchos de ellos eran conscientes del peligro de contagio que entrañaba la concentración de tantas personas, pero apelaban al "momento histórico" para acudir.

Incertidumbre en torno a la celebración de los JJ.OO.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, llamados a ser un momento de orgullo para el país anfitrión, se han convertido en un foco de incertidumbre para los japoneses frente a la decisión del COI de continuar los preparativos para las fechas programadas, pese a la pandemia del coronavirus.

Las autoridades creen que es posible su celebración, pero siete de cada diez nipones no ven posible que los Juegos Olímpicos se celebren entre el 24 de julio y el 9 de agosto, según una encuesta publicada por la agencia local 'Kyodo' tan solo un día antes del comunicado en el que el COI apostó por mantener los preparativos para esas fechas.

Las dudas giran en torno a un aplazamiento o la cancelación. Muchos recuerdan que los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 se celebraron en octubre de ese año y fueron un "rotundo éxito".

La incertidumbre respecto al posible retraso de los Juegos se ha visto agravada por una cláusula del contrato de compra-venta de las entradas para las competiciones que establece que en caso de cancelación por "fuerza mayor", entre las que se incluye una emergencia de salud pública, la organización no devolvería el dinero pagado.

Aunque el retraso parece más probable que la cancelación, los poseedores de las más de 3,2 millones de entradas para los Juegos ya vendidas temen perder el dinero invertido en ellas, entre los 2.020 yenes (unos 18 dólares) por la más barata y los 220.000 yenes (unos 2.010 dólares) por la más cara.

Con EFE y Reuters

 

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