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En Foco

Guyana sueña con un futuro próspero a pesar del farragoso proceso electoral

© France 24

Guyana celebró elecciones generales el pasado 2 de marzo entre muchas expectativas. El segundo país más pobre de Sudamérica está a punto de convertirse en una potencia petrolífera gracias al descubrimiento de ricos yacimientos en 2015. Se estima que hay al menos 8.000 millones de barriles de crudo que están siendo explorados de forma exclusiva por la empresa estadounidense ExxonMobil. Los primeros cargamentos ya salieron en diciembre de las plataformas petrolíferas, ubicadas a unos 300 kilómetros de las costas de Guyana, rumbo a Estados Unidos. 

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Sin embargo, la Comisión Electoral de Guyana todavía no ha conseguido anunciar quién ganó las elecciones dentro del plazo de 15 días previsto por ley. Tras varias acusaciones de fraude, el asunto ha ido a parar a la Corte Suprema, que debía pronunciarse el 20 de marzo.

Dos grandes coaliciones se disputan el poder en Guyana desde la independencia, declarada en 1966. Por un lado está el Partido Progresista del Pueblo (PPP), que gobernó hasta 2015 durante un periodo de 23 años. El PPP tiene una fuerte base étnica y representa, en su mayoría, a los descendientes de los obreros que llegaron desde India durante la colonización británica. Juntos suman el 40% de la población.  

Hace cinco años llegó al poder David Granger, el primer presidente negro de Guyana. En diciembre de 2018 sufrió una moción de censura, entre otras razones porque la oposición le acusa de haber firmado un contrato con ExxonMobil poco favorable para los intereses nacionales. Granger se convirtió en presidente interino y empezó una larga batalla judicial para intentar mantenerse en el poder. Por esta razón, el Gobierno tardó más de 14 meses en convocar nuevas elecciones, a pesar de que la Constitución establece que los guyaneses debieron haber votado tres meses después de la aprobación de la moción de censura.

El 3 de marzo, el día después de los comicios, la Comisión Electoral pidió paciencia a los ciudadanos y a los medios de comunicación y dio inicio a un atribulado recuento de los votos, que otorgaron la victoria al PPP en muchas regiones del país, pero no en el distrito 4, el más populoso y donde se encuentra la capital Georgetown. La Comisión Electoral, en un primer momento, declaró ganador a Granger, que se presentó en una coalición de seis partidos llamada Una Asociación para la Unidad Nacional + Alianza para el Cambio (APNU+AFC). Sin embargo, la oposición acusó a este organismo de fraude y desde entonces intenta invalidar todo el proceso electoral. 

En medio de fuertes tensiones, que incluso causaron choques violentos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, el presidente interino David Granger y el líder de la oposición Bharrat Jagdeo acordaron que un equipo de la Comunidad del Caribe (Caricom) supervisara el recuento completo de los votos en los 10 distritos electorales. Finalmente, un juez admitió, a trámite, la denuncia de un ciudadano privado para que la Comisión Electoral sea desautorizada. Ahora el caso será analizado por la Corte Suprema, que deberá decidir si hubo fraude.

La presidenta de Caricom, Mia Mottley, que también ostenta el cargo de primera ministra de Barbados, dijo el pasado 17 de marzo que hay un esfuerzo deliberado para frustrar la voluntad del electorado de Guyana, evitando un recuento nacional de la totalidad de los votos emitidos en las elecciones generales del 2 de marzo. Por esta razón, los enviados del Caricom decidieron dejar el país. Pocos días antes, los observadores internacionales de la Organización de Estados Americanos (OEA) también abandonaron Guyana, alegando estar preocupados con la “justicia y la transparencia” del conteo de votos.

A la espera de que se resuelva el contencioso, nadie sabe quién va a liderar Guyana. Los ciudadanos de este pequeño país, de tan solo 750.000 habitantes, esperan que el nuevo Gobierno invierta los ingresos derivados del petróleo en infraestructura, salud y educación. Si se cumplen las previsiones del Fondo Monetario Internacional, Guyana este año crecerá un 86% y en 2025 podría tener la mayor producción de crudo per cápita del mundo. 

“El petróleo llegó en el momento perfecto porque somos una economía basada en la agricultura y la minería, que aportan materias primas con poco valor añadido. Ahora estamos extrayendo el producto y lo vendemos en el extranjero”, explica Winston Jordan, ministro de Finanzas del Gobierno interino. Sin embargo, la incertidumbre política, junto a la caída del precio del petróleo y a las sospechas de corrupción que muchos guyaneses mencionan, pueden empañar en el corto plazo los sueños de grandeza de este país. 

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