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México y Brasil, potencias de América Latina con medidas tibias frente a la pandemia

Una mujer con una máscara protectora camina en la estación de tren Central do Brasil después de los informes de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Río de Janeiro, Brasil, 17 de marzo de 2020.
Una mujer con una máscara protectora camina en la estación de tren Central do Brasil después de los informes de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Río de Janeiro, Brasil, 17 de marzo de 2020. © REUTERS / Ricardo Moraes

Aunque el Covid-19 se propagó a todos los países de la región y algunos gobiernos han tomado medidas drásticas para evitar el aumento en las cifras de contagio, las autoridades mexicanas y brasileñas no están dentro de ese grupo.

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Es una enfermedad para la que, todavía, no hay tratamiento ni vacuna: el Covid-19. La pandemia se extendió como fuego desde China central al resto del mundo y llegó tarde a América Latina, donde algunos gobiernos aprovecharon el tiempo para prepararse. Otros han hecho caso omiso a las recomendaciones principales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y dentro de ese grupo están Brasil y México.

El país que gobierna Jair Bolsonaro es hoy el más afectado de la región, tiene cerca de 800 infectados y 11 personas murieron por el virus. Sin embargo, el mandatario de derecha calificó el clima de miedo ante la amenaza global como un brote "histeria”.

El gigante sudamericano, hasta ahora, ha evitado tomar medidas restrictivas drásticas, como las implementadas por naciones de la región como Argentina que, aún pasando por una grave crisis económica, ordenó una cuarentena nacional.

Por el momento, Bolsonaro únicamente cerró las fronteras nacionales terrestres, prohibió los cruceros turísticos y ordenó que las mesas de los bares y los restaurantes tenían que estar a dos metros de distancia.

Pero algunos de los gobernantes locales han ido un poco más allá. Sao Paulo y Río de Janeiro, por ejemplo, cancelaron eventos masivos y suspendieron las clases en los colegios. Más no han tomado mayores prevenciones, a pesar que la OMS ha hecho llamados públicos a promover el aislamiento social y otras medidas que permitieron que Wuhan, la ciudad china en la que nació el virus, controlara la pandemia.

A medida que pasen los días y los casos aumenten en el país más poblado de América Latina, será probable que el gobernante brasileño se vea obligado a cambiar su discurso. Ya ha dado algunas muestras de eso, dado que el Gobierno recortó las perspectivas de crecimiento económico, advirtió del colapso de la salud y anunció nuevas medidas para combatir la crisis.

El Senado firmó un estado de Emergencia que le permite al Gobierno renunciar a las metas fiscales, mientras el Ministro de Economía redujo a cero el prospecto de crecimiento de Brasil, aunque expertos creen que va a registrarse una contracción.

El ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, incluso fue más allá: “claramente, para final de abril, nuestro sistema de salud va a colapsar, usted podrá tener el dinero, podrá tener un plan privado de salud, una orden judicial, pero simple y llanamente no habrá habitación en un hospital para nadie”.

Un anciano, que trabaja como empacador en un supermercado, usa una mascarilla protectora como medida de seguridad para la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en la Ciudad de México, México, 17 de marzo de 2020. Fotografía tomada el 17 de marzo de 2020.
Un anciano, que trabaja como empacador en un supermercado, usa una mascarilla protectora como medida de seguridad para la enfermedad por coronavirus (COVID-19), en la Ciudad de México, México, 17 de marzo de 2020. Fotografía tomada el 17 de marzo de 2020. © Gustavo Graf \Reuters

El caso de México, no muy lejos del de Brasil

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, es de una ideología política totalmente distinta a la de su homólogo brasileño. A pesar de eso, tiene varios puntos en común en lo que tiene que ver con el manejo de la crisis.

El país azteca registra menos casos, acumulando cerca de dos centenares y una víctima mortal. Ese contexto parece darle fuerza al mandatario para no tomar las medidas recomendadas por la OMS.

En los últimos días, López Obrador dijo que no propagaría el pánico, asistió a eventos masivos, permitió, incluso, el fútbol local y ha dilatado la decisión de cerrar las fronteras.

La Secretaría de Educación, sin embargo, adelantó las vacaciones de los estudiantes y suspendió las clases, mientras que el Gobierno adelanta una revisión aleatoria de los pasajeros de los aviones y los cruceros internacionales que siguen llegando a los aeropuertos y costas mexicanas.

“Uno siempre quisiera tener las intervenciones lo más pronto posible para evitar la gran mayoría de los casos o todos los casos potenciales, pero una intervención aplicada demasiado temprano tiene poca utilidad”, aseguró Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud y portavoz del Gobierno ante la pandemia.

La Administración de turno ha manifestado su preocupación por la baja en los precios del petróleo, mientras que sus opositores dicen que el Gobierno está buscando privilegiar el crecimiento económico sobre la protección de las vidas de los ciudadanos.

Incluso su ministro de Exteriores, Marcelo Ebrard, dijo que su país trató de resistirse a la petición de Estados Unidos para que suspendiera los vuelos provenientes de los países donde las cifras de víctimas de la pandemia se cuentan por miles.

El propio López Obrador ha sido registrado más de una vez en fotos atendiendo eventos masivos, estrechando la mano de sus seguidores y abrazando niños, a pesar, incluso, de que por su edad sería un paciente de alto riesgo de resultar infectado.

En una rueda de prensa con reporteros, sacó una estampa religiosa y dijo que esos eran sus “guardaespaldas” frente al virus. Así las cosas, cada día Europa cuenta  los muertos por el coronavirus por centenares, pero México y Brasil, potencias regionales, parecen no querer ver ni actuar. 

Con Reuters y EFE

 

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