Migrantes

Deporte como herramienta, un catalizador positivo para los que huyen

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Los niños son las víctimas más vulnerables en la historia de las familias refugiadas. Algunos ni siquiera recuerdan cómo es su hogar y otros tuvieron que dejar de ser niños para enfrentarse a una migración en solitario. En medio de una infancia marcada por la guerra, el deporte se convierte en un catalizador positivo para cambiar historias.  

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En 2015, el Comité Olímpico Internacional creó el primer equipo olímpico de refugiados. Su primera aparición en competencia fue durante Río 2016 y ahora esperan que un nuevo grupo de deportistas pueda viajar a representar a los que huyen, en Tokio 2020.  

Farid Walizadeh es afgano y vive en Portugal. Allí se prepara contrarreloj para obtener un cupo en el equipo y competir en los Olímpicos. Pero no lo tiene fácil. Solo cuenta con 10 meses para lograr clasificar, así lo reconoce su entrenador Paulo Seco: “En diez meses tenemos que hacer algo que generalmente lleva cinco años. Preparar a alguien para los Juegos no dura 10 meses, nos lleva cuatro o cinco años”.  

Con apenas 22 años y una infancia marcada por la guerra y el desplazamiento, Farid espera cumplir el sueño olímpico. “Sí, perdí mi casa, perdí mi infancia, perdí mi vida, mi país, mi ciudad, mi familia, pero puedes reconstruir todo de nuevo. Por esto creo que debo ir a los Olímpicos y mostrarle a la gente que si yo puedo hacerlo, ellos también pueden”, cuenta.  

Pero además de competir en las justas más importantes del mundo, Farid quiere cumplir también otro sueño. “Quiero estudiar arquitectura. Uno de mis sueños más importantes es que un día pueda reconstruir las casas que fueron destruidas en Afganistán durante la guerra y crear cosas nuevas, nuevas viviendas para que la gente viva en paz”, agrega.  

En Gales, Reino Unido, el deporte ayuda a que un niño refugiado se sienta parte de su nueva vida. Ayman vivía en Siria con sus padres, pero la guerra lo obligó a huir hacia Europa. En su país natal practicaba el fútbol y era el deporte por excelencia, pero al llegar a Reino Unido conoció el rugby. “Me preguntaba ¿qué es eso?, porque me gustaba mucho el fútbol y ahora me metí a rugby y realmente me gusta”, asegura.  

Hoy, Ayman juega con confianza y sus compañeros se alegran por tenerlo en el equipo.  

+ Y el dato de migración de la semana: 1.300 millones de dólares es la suma que ACNUR considera necesaria para atender la situación de los refugiados de Sudán del Sur en el mundo.  

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