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La pandemia de coronavirus golpea con fuerza a las mujeres de América Latina

Una mujer se asoma desde su ventana mientras cumple el aislamiento obligatorio el domingo 22 de marzo, en Buenos Aires, Argentina.
Una mujer se asoma desde su ventana mientras cumple el aislamiento obligatorio el domingo 22 de marzo, en Buenos Aires, Argentina. © Juan Ignacio Roncoroni / EFE

Desde estar en cuarentena con un agresor hasta perder el sustento económico por trabajar en la informalidad: más allá del contagio del virus Covid-19, que mantiene al planeta en alerta, las consecuencias de la pandemia se ceban contra las mujeres, para las que el hogar no siempre es un lugar seguro y de descanso.

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“Estamos re jodidas. No hay otra palabra”. Así habla Ana Salamanca, trabajadora doméstica en Bogotá, Colombia. Preside el Sindicato de Trabajadoras del Hogar e Independientes (Sintrahin) y se ha pasado los últimos días preparándose para la cuarentena nacional que empieza en su país el 24 de marzo. 

"Para el trabajo doméstico no hay amparo. Todo nuestro sistema de trabajo desaparece. Las cuidadoras sostenemos la economía del país pero cuando pasa un problema no nos ven por ningún lado", señala Salamanca. 

Ella se prepara para al menos tres semanas sin trabajar durante el confinamiento obligatorio decretado por el Gobierno de Colombia para contener la pandemia del coronavirus. Otros países han impulsado medidas parecidas, como Argentina o Ecuador. Donde aún no se han impuesto cuarentenas tan estrictas el riesgo puede ser aún mayor: en Brasil, una trabajadora doméstica murió al limpiar la casa de sus empleadores contagiados.

Y es que esta epidemia global pone en riesgo la vida de muchos, pero especialmente la de las mujeres. Desde los riesgos a los que se exponen en su papel de cuidadoras hasta los repuntes en los índices de violencia doméstica pasando por las consecuencias económicas; la crisis del coronavirus golpea más a las mujeres de maneras muy distintas que a los hombres.

El desamparo del trabajo informal

En cifras de la Organización Internacional del Trabajo, 126 millones de mujeres trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe. Eso equivale aproximadamente a la mitad de la población femenina de la región. "En América Latina, se traduce en inestabilidad laboral, bajos ingresos y falta de mecanismos de protección", advierte Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres para Colombia. 

Una mujer vende de manera ambulante en Quito, Ecuador, a pesar de la cuarentena decretada para frenar el coronavirus, en una imagen del 16 de marzo de 2020.
Una mujer vende de manera ambulante en Quito, Ecuador, a pesar de la cuarentena decretada para frenar el coronavirus, en una imagen del 16 de marzo de 2020. © Jose Jacome / EFE

Pasa especialmente en situaciones como la actual, donde la economía se paraliza y la cuarentena no permite a muchas trabajadoras informales hacer su trabajo. "A las trabajadoras por días simplemente les dicen que en medio de la pandemia no las necesitan", explica Salamanca. "Nosotras lo que pedimos es que no vayan a despedirnos, que tengamos acceso a la seguridad social, que nos reciban en caso de que nos contagiemos", agrega. 

Güezmes advierte que "los primeros sectores que se sienten afectados" por la crisis del coronavirus son "sectores altamente feminizados, como el trabajo doméstico, los sectores vinculados al turismo y a los servicios". Por lo tanto, una gran parte de mujeres latinoamericanas va a dejar de percibir sus ingresos en unos momentos especialmente difíciles. 

Esto podría ahondar aún más la brecha económica que separa a hombres y mujeres. Actualmente, por cada 100 hombres que viven en la pobreza extrema en América Latina, hay 132 mujeres.  

Sobre las mujeres recae el cuidado en tiempos de cuarentena

La cuarentena convierte el hogar en el centro de la rutina. Pero para muchas mujeres, el hogar no es un lugar de descanso sino de trabajo. Sobre sus hombros suele recaer el cuidado de los demás y tareas como la limpieza o la cocina. Por ejemplo, en México las mujeres asumen en promedio 59 horas semanales de este tipo de trabajo, que además se hace sin cobrar. 

Salamanca lamenta que se va a quedar sin trabajo remunerado, mientras que el no remunerado va a aumentar. "Habrá más peso de trabajo encima, porque muchas mujeres somos cabezas de familia", explica. Por ejemplo, el confinamiento obligatorio aumenta la carga del cuidado de los menores de edad, que no tienen colegio, y de los adultos mayores, que son población de riesgo frente al coronavirus. 

Si el trabajo de cuidados fuera remunerado, representaría el 9% del PIB mundial, lo que equivale a 9 billones de dólares, en cifras de la OIT. 

Esta etapa de cuarentena va a "sobrecargar de cuidado físico, emocional y económico" a las mujeres, valora Güezmes. "Ojalá sea una oportunidad para pensar un mundo donde la centralidad sea el cuidado". 

Dos mujeres ayudan al traslado de un hospital a unas instalaciones mayores en Liege, Bélgica, el 20 de marzo de 2020.
Dos mujeres ayudan al traslado de un hospital a unas instalaciones mayores en Liege, Bélgica, el 20 de marzo de 2020. © Johanna Geron / Reuters

Precisamente la división sexual del trabajo hace que el 75% de las personas que trabajan en la primera línea de asistencia sanitaria sean mujeres, según la cifra de las Naciones Unidas. "La primera línea de respuesta" frente a la epidemia de coronavirus "siguen siendo las mujeres", tanto "las profesionales de medicina como las limpiadoras de los hospitales, por ejemplo", destaca la representante de ONU Mujeres. 

Eso entraña un mayor riesgo de contagio para estas trabajadoras cuya función es contener la propagación del virus, así como una sobrecarga de trabajo durante el tiempo que dure la alarma en América Latina. 

La peor consecuencia: violencia sexual y feminicidio

Así como el hogar no es un lugar de descanso para las mujeres, en muchas ocasiones es hasta un lugar de riesgo. "Para las mujeres y las niñas de América Latina, la casa sigue siendo el espacio más peligroso", sentencia Güezmes. Una de cada tres mujeres ha asegurado haber sufrido violencia física o sexual en una relación de pareja. 

Otro dato alarmante es que el 77% de delitos sexuales ocurre en las viviendas, algo que augura un aumento de este tipo de violencia mientras dure el confinamiento. En China, donde los habitantes de Wuhan, el epicentro de la pandemia, pasaron alrededor de dos meses en cuarentena, varias mujeres y activistas denunciaron más reportes de abuso y violencia física de lo normal.

"Gran parte de la violencia machista opera en el silencio y en la impunidad. Si además las mujeres están aisladas de sus redes sociales y sus familias, todavía es más complicado", razona Güezmes. 

En España, la primera semana se cuarentena registró un feminicidio y una agresión que dejó a la mujer víctima en estado grave. El diario español 'El País' recogió el caso de una mujer de 41 años que denunció que su agresor la "perseguía en secreto por la casa". "El machaque psicológico era horrible", resaltaba en el testimonio.  

Ante esa situación, la mujer decidió escapar de su casa y romper así el confinamiento. "Tenía miedo a salir de mi casa por si me iba a decir algo la policía. Mi abogada no estaba ni siquiera segura. Siento que me he arriesgado por el hecho de venir a casa de mis padres", relataba. 

Frente a estos casos de agresiones agravadas por la cuarentena, ONU Mujeres recomienda incluir siempre los servicios de atención entre los servicios básicos que se siguen prestando. "Tomar muy en serio la prevención de la violencia de género", apunta Güezmes, "que de hecho es una pandemia todavía muy silenciosa que no se contagia por un virus pero sí por este caldo de cultivo que es la discriminación, la desigualdad y el machismo".

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