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Bolsonaro declara la guerra a los gobernadores en plena crisis del coronavirus

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, utiliza una mascarilla durante una conferencia de prensa en Brasilia, en medio del brote de Covid-19, el 20 de marzo de 2020.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, utiliza una mascarilla durante una conferencia de prensa en Brasilia, en medio del brote de Covid-19, el 20 de marzo de 2020. © Ueslei Marcelino / Reuters

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha iniciado una contienda abierta contra los políticos locales que están intentando contener la crisis sanitaria causada por la rápida propagación del Covid-19, con medidas parecidas a las que han sido adoptadas en varios países europeos. De momento, Brasil lidera las estadísticas mortífera del coronavirus en América Latina.

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“En breve el pueblo sabrá que fue engañado por estos gobernadores y por gran parte de los medios de comunicación en esta cuestión del coronavirus”. Esa frase de Jair Bolsonaro en una entrevista a TV Récord da cuenta de la guerra abierta que el presidente de Brasil ha declarado a los gobernantes regionales. Una contienda que va más allá del manejo de la crisis en el país por el avance del Covid-19 y alcanza tintes políticos.

El gobernador de São Paulo, João Dória, aprobó la semana pasada una severa cuarentena en ese Estado brasileño, en el que se registran los datos más severos, con 30 fallecidos y 745 casos. El confinamiento empezará oficialmente el 24 de marzo. Su homólogo en Río de Janeiro, Wilson Witzel, publicó un decreto parecido en una región donde ya se contabilizan cuatro muertes y 233 contagiados. 

Ambos gobernadores han manifestado públicamente y en varias ocasiones sus aspiraciones a la presidencia del Brasil. Quizás ésta sea una de las razones por la que Bolsonaro ha tildado a Dória de “lunático” a raíz de su estrategia para intentar contener la pandemia. “Espero que no me culpen en el futuro por la cantidad de millones y millones de desempleados”, aseguró el mandatario brasileño el pasado domingo en una entrevista televisiva.

En octubre de 2018, Bolsonaro llegó a la presidencia con el apoyo de la élite económica brasileña, que confiaba plenamente en su programa neoliberal. Sus propuestas estrella eran reducir el papel del Estado y potenciar el sector privado. El encargado de implementar esta agenda neoliberal, basada en recortes del gasto público y en las privatizaciones, ha sido el ministro de Economía, Paulo Guedes. Muy conocida es su afinidad a las ideas de los ‘Chicago Boys’, los jóvenes economistas de la Universidad de Chicago que fueron invitados a Chile por el dictador Augusto Pinochet para implantar un nuevo modelo económico. 

“Bolsonaro se preparó para gobernar desde el estrado. Su estrategia era mantener una base polarizada en una especie de campaña permanente a lo largo de toda su gestión. Además, una parte importante de la élite brasileña apostaba por la agenda económica neoliberal de Guedes. En este momento, el presidente de Brasil ve que ambas cosas se están desmoronando. Ahora tiene que bajar del estrado y empezar a gobernar porque es necesaria y urgente una respuesta rápida. Esta crisis demanda acciones concretas y responsabilidades, y por eso coloca a Bolsonaro en un lugar que no sabe ocupar y que nunca ocupó”, señala a France 24 Vitor Marchetti, profesor de la Universidad Federal del ABC (UFABC).

Para este politólogo, está en entredicho la agenda oficial que preveía una reducción radical del Estado. “En todo el planeta, y aquí no va a ser diferente, la superación de esta crisis dependerá del Estado. Me parece que Bolsonaro perdió la brújula que lo orientó hasta ahora y está actuando de forma bastante esquizofrénica, con el ímpetu y la rabia tan comunes en su discurso. Bolsonaro se está dando cuenta de que perdió espacio político frente a otros líderes de derecha, que bajaron del estrado y comenzaron a actuar. Hablo especialmente de los gobernadores. Si miramos a las acciones de Witzel en Río de Janeiro y de Dória en São Paulo, veremos que hay un plan de administración y que están adoptando medidas más responsables”, analiza Marchetti. 

En su visión, la estrategia de supervivencia del actual presidente será achacar todos los efectos negativos de esta crisis a las decisiones de los gobernadores. Pero esta apuesta puede conllevar consecuencias indeseadas. “Bolsonaro quedará cada vez más aislado desde el punto de vista político. A partir de agosto o septiembre, cuando una cierta normalidad debería reinstalarse en el país, Bolsonaro podría estar cada vez más desgastado para liderar el país”, prevé este politólogo.

Las encuestas muestran desaprobación al manejo de Bolsonaro en la crisis del Covid-19

De hecho, una parte de la población ya empezó a criticar abiertamente la falta de acción y los cambios continuos en la gestión de Bolsonaro, que en varias ocasiones ha depreciado la opinión científica de médicos y epidemiólogos, llegando a tildar el coronavirus de “pequeña gripe”. En otras intervenciones públicas, el presidente del país más grande de América Latina afirmó que hay mucha “histeria” colectiva. En respuesta a su actitud, desde el jueves pasado hubo cacerolazos diarios y el grito de “Fuera Bolsonaro” fue escuchado a diario en las principales ciudades de Brasil.

Las encuestas muestran que el 59% de los ciudadanos desaprueba la gestión del presidente brasileño de la mayor crisis sanitaria de la era contemporánea, considerándola mala o regular. Solo el 35% de los entrevistados la aprueba. “Yo creo que Bolsonaro realmente tiene la percepción de que la situación no es tan seria como parece. Entre los médicos y asesores de Bolsonaro hubo mucha resistencia a las alertas de los expertos. El propio Bolsonaro no está convencido de que es un asunto serio, lo que dificulta una acción económica más incisiva”, señala Oliver Stuenkel, profesor adjunto de Relaciones Internacionales en la Fundación Getúlio Vargas (FGV).

Para este analista, la pelea política entre Bolsonaro y los gobernadores emerge en un momento en el que el presidente es consciente de que otras figuras políticas están surgiendo durante esta crisis. “El Ejecutivo es muy frágil y existe un peligro real de que Bolsonaro no sobreviva políticamente a este año. Está claro que los gobernadores percibieron la posibilidad de afirmarse y están empezando a posicionarse como potenciales sucesores. Delante de la falta de articulación del Gobierno, esto es una amenaza seria para el presidente de Brasil. Esta tensión dificultará mucho su trabajo, y lamentablemente también limitará la capacidad de coordinación entre todas las entidades públicas, necesaria para articular una respuesta más coherente del Gobierno”, opina Stuenkel.

Un ejemplo de la gestión errática del mandatario de extrema derecha es la medida provisoria aprobada el domingo por la noche, que preveía la posibilidad de suspender los contratos de trabajo durante cuatro meses con el objetivo de evitar despidos masivos. A lo largo de este periodo los empresarios tendrían la única obligación de garantizar a los trabajadores cursos de cualificación profesional no presenciales. Ante la impopularidad de este texto legislativo, que requiería la aprobación del Congreso para entrar en vigor, Bolsonaro decidió dar marcha atrás y en menos de 24 horas suprimió la parte más polémica del texto.

“Bolsonaro sin dudas representa un peligro para el país porque es una fuente de inestabilidad. En este momento tenemos dos problemas: el coronavirus y Bolsonaro. Hoy Brasil tiene que enfrentar dos agendas: superar la crisis del coronavirus y la consecuente crisis sanitaria y económica, y además las crisis provocadas por la incapacidad del presidente de la República de liderar nuestra nación”, concluye Vitor Marchetti.

 

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