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Así es como China intenta volver a la normalidad luego de dos meses de batalla contra el coronavirus

Dos trabajadores comienzan a quitar una serie de vallas que separaban dos calles de Wuhan para evitar el movimiento de personas y la propagación del virus en la ciudad. En Wuhan, China, el 21 de marzo de 2021.
Dos trabajadores comienzan a quitar una serie de vallas que separaban dos calles de Wuhan para evitar el movimiento de personas y la propagación del virus en la ciudad. En Wuhan, China, el 21 de marzo de 2021. © Stringer vía Reuters

El primer signo de que las autoridades daban ya por ganada esta batalla llegó el 10 de marzo cuando el presidente chino Xi Jinping visitó la ciudad de Wuhan, epicentro de la pandemia, por primera vez desde que saltó la alarma. Relato de la corresponsal de France 24 en Español en el gigante asiático, Olatz Urkia.

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Xi Jinping visitó uno de los dos hospitales construidos en tiempo récord en tan solo diez días. A comienzos de febrero cuando abrieron estos centros nuevos, y otros muchos gimnasios y colegios se transformaron para ser hospitales temporales, la situación era bien distinta: los centros de salud en la provincia de Hubei estaban colapsados.

Durante la visita de Xi, en cambio, las cifras de contagios nuevos habían bajado ya tanto que los centros temporales no eran necesarios, por lo que determinaron su cierre.

Ahora, la situación está bajo control y miles de médicos siguen volviendo a sus provincias de origen después de haber sido enviados a Hubei en los momentos más críticos.

El presidente chino, Xi Jinping, es informado de las operaciones del hospital, el tratamiento de los pacientes, la protección de los trabajadores médicos y la investigación científica en el Hospital Huoshenshan en Wuhan (Hubei), China, el 10 de marzo de 2020.
El presidente chino, Xi Jinping, es informado de las operaciones del hospital, el tratamiento de los pacientes, la protección de los trabajadores médicos y la investigación científica en el Hospital Huoshenshan en Wuhan (Hubei), China, el 10 de marzo de 2020. © Reuters

Una semana después del gesto simbólico de Xi Jinping, el 19 de marzo, se registraban, por primera vez, cero casos de contagios producidos en el interior del país. Una cifra que da fuerza a la sociedad china que ha soportado prácticamente dos meses de cuarentena. 

Dos meses de confinamiento para más de 50 millones de habitantes

El 23 de enero el Gobierno decidía cerrar la ciudad de Wuhan y después, sin que la sociedad tuviera tiempo de interiorizar que la epidemia era grave, empezaron a implantarse medidas de control y prevención en todas las provincias. En pocos días el país entero estaba en cuarentena.

Toda la provincia de Hubei, con una población que supera los 50 millones de habitantes, quedaba encerrada, prohibiéndose los viajes y traslados fuera y dentro de la provincia.

Un médico local se despide en Wuhan, China, de otro profesional sanitario que llegó desde otra provincia para combatir la epidemia de coronavirus el 19 de marzo de 2020.
Un médico local se despide en Wuhan, China, de otro profesional sanitario que llegó desde otra provincia para combatir la epidemia de coronavirus el 19 de marzo de 2020. © China Daily via Reuters

Empezó así el confinamiento para millones de habitantes que solo ahora, poco a poco, empiezan a salir. En la ciudad de Wuhan en estos dos meses solo una persona de cada familia podría salir cada dos o tres días para ir al supermercado.

Y en el resto del país, a pesar de que de forma controlada los movimientos de población se ha permitido con causa justificada, la cuarentena y el confinamiento en casa han sido también obligatorios.

Más controles en los aeropuertos

Desde hace días, los casos nuevos de contagios son importados desde el extranjero; por lo que las medidas de prevención más estrictas se ven en los aeropuertos. El Gobierno ha declarado que después de llevar a cabo dos meses de batalla y haber recuperado el control de la pandemia en el país, la prioridad ahora es evitar que las cifras vuelvan a dispararse por los casos traídos del extranjero.

Y es que, por ejemplo, el 19 de marzo, cuando no se dio ni un solo caso de contagio producido dentro del país, se confirmaron 34 casos de contagios importados desde fuera.

Para evitar que la situación vuelva a empeorar, desde el 11 de marzo se ha ordenado una cuarentena obligatoria para cada persona que llegue al aeropuerto de Beijing desde el extranjero.

La medida ya estaba puesta en marcha para personas de cualquier nacionalidad, que llegaran de Irán o Italia, pero ahora se aplica a cualquier origen del viaje.

Cada persona que aterriza en China debe pasar obligatoriamente una cuarentena de 14 días, no en su casa, sino en hoteles y centros especialmente preparados por el Gobierno chino. En las redes sociales, algunos viajeros han lamentado tener que pagar ellos mismos estos hoteles que llegan a costar unos 70 dólares por noche.

En la imagen se muestran varias aeronaves de la compañía China Western Airlines estacionadas en el aeropuerto de Shanghai, uno de los afectados por los controles a pasajeros. 24 de marzo de 2020.
En la imagen se muestran varias aeronaves de la compañía China Western Airlines estacionadas en el aeropuerto de Shanghai, uno de los afectados por los controles a pasajeros. 24 de marzo de 2020. © Aly Song / Reuters

Aunque, muchos otros, justifican estas medidas diciendo que la sociedad ha esperado mucho para terminar con la cuarentena como para que ahora haya una nueva oleada de contagios traída desde fuera.

Incluso algunas voces piden que los estudiantes chinos residentes en el extranjero no vuelvan, por ahora, para evitar los contagios.

Esta actitud y estas peticiones, eso sí, han sido criticadas por muchos otros.

Las huellas que deja el Covid-19 en China

Persiste en el país un debate interminable y muchas huellas, inevitables, viendo lo que ha dejado atrás el Covid-19 en China: a parte de los más de 3.200 fallecidos, el nuevo coronavirus ha dejado miles de negocios cerrados y millones de personas sin trabajo en todo el país.

Todavía hoy, a pesar de que desde hace días no se registran más contagios producidos dentro del país, muchos bares y restaurantes siguen cerrados.

El presidente chino explicó que "China ha tomado las medidas de prevención y control más exhaustivas y severas, de la manera más responsable hacia el pueblo chino y hacia la comunidad internacional, al enfrentar la pandemia".

La OMS ha expresado respeto y apoyo hacia China en numerosas ocasiones por la forma en la que se ha hecho frente al Covid-19 desde que hicieron saltar la alarma.

Médicos atienden a pacientes contagiados por el coronavirus en un hospital de Wuhan, China, el 9 de febrero de 2020.
Médicos atienden a pacientes contagiados por el coronavirus en un hospital de Wuhan, China, el 9 de febrero de 2020. © China Daily vía Reuters

Eso sí, hay también en las redes sociales, ciudadanos chinos que han criticado la forma en la que las autoridades locales de la provincia de Hubei lidiaron con el problema en un primer momento.

Por ejemplo, el abogado y activista Chen Qiushi se trasladó a Wuhan para mostrar cómo eran las condiciones en los hospitales colapsados.

Poco después, sus cuentas en las redes fueron eliminadas y ya no publicó nada más, por lo que se empezó a temer por su desaparición.

No obstante, un amigo suyo informó que se encuentra en cuarentena obligatoria. Su caso y el de otros ha generado debates.

Más controversia generó el caso del médico Li Wenliang. El oftalmólogo de 34 años falleció en Wuhan el 30 de enero después de pasar un mes ingresado en el hospital. Él fue uno de los primeros en hacer saltar la alarma cuando vio que varios pacientes llegaban con una nueva enfermedad al hospital donde trabajaba.

El 30 de diciembre envió mensajes a sus colegas y seres cercanos en Wechat aconsejándoles tener cuidado. Pero sus advertencias fueron publicadas en Weibo, el equivalente chino del Twitter occidental y en seguida se hicieron virales.

La policía no tardó en hacerle una visita: le acusaron por difamación y tuvo que pedir disculpas. Poco después, las autoridades hacían saltar la alarma y Beijing expulsaba a varios cargos locales de la provincia de Hubei por haber ocultado la gravedad del problema en un comienzo.

Pidieron disculpas a Li Wengliang, pero demasiado tarde. Ahora el joven médico se considera un héroe de la lucha contra el Covid-19 en China.

Los mismos errores, ahora en Europa

El nuevo epicentro del Covid-19 es Europa y son los ciudadanos italianos y españoles, entre otros, los que denuncian la actitud de sus gobiernos que en un primer momento aseguraron estar totalmente preparados para hacer frente a algo así.

Por ejemplo, son los equipos de especialistas chinos los que han presionado al Gobierno italiano para que, finalmente, tomaran las medidas de cuarentena estrictas necesarias.

Y en España, el personal sanitario denuncia tener que trabajar con pacientes contagiados sin los medios necesarios para evitar contagiarse ellos mismos.

Con la batalla ganada, la vigilancia y el trabajo no disminuyen

Tras recuperarse el control de la situación en China, ahora la ayuda la envían al extranjero. Cuando la epidemia empezó a expandirse en Italia, Beijing envió un grupo de especialistas y 30 toneladas de material sanitario al país europeo.

Poco después, enviaron también 100.000 mascarillas y respiradores a España. La ayuda se envió también a América Latina, entre otros, a Venezuela y Argentina.

Mientras, a pesar de haber tomado esta batalla por ganada, las autoridades en China insisten en no bajar la vigilancia y se siguen tomando medidas de prevención en todas las provincias.

La gente lleva mascarilla y se mide la temperatura al entrar a cada supermercado, restaurante, o urbanización residencial. En ciudades como Beijing, donde llevan ya dos semanas sin confirmar un solo nuevo contagio, sigue habiendo controles estrictos para entrar a las calles residenciales.

La mayoría de las provincias mantienen sus escuelas cerradas y no se ha dado todavía una fecha exacta de cuándo se producirá la vuelta total a la normalidad.

Mientras, los científicos de todo el mundo trabajan a contrarreloj en busca de la vacuna. Una carrera científica con toques también propagandísticos que deja al descubierto, una vez más, la competición continua entre Estados Unidos y China.

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