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Coronavirus: incógnitas y desafíos para los sistemas de salud en América Latina

Una mujer en Bogotá porta una máscara facial para protegerse del virus Covid-19. Bogotá, Colombia. 25 de marzo de 2020.
Una mujer en Bogotá porta una máscara facial para protegerse del virus Covid-19. Bogotá, Colombia. 25 de marzo de 2020. © Juan BARRETO / AFP

El coronavirus se extendió por toda América Latina. Los Gobiernos ahora se las ingenian para enfrentar la crisis que apenas toca la puerta y muchos se preguntan qué pasará con los sistemas de salud donde en muchos países no han sido prioridad y son visiblemente frágiles. Radiografía a los sistemas de salud de Colombia, Chile y México.

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Hace pocas semanas, los latinoamericanos miraban impresionados las noticias de los casos de muertes y contagios por el coronavirus en Asia y luego en Europa. Eran testigos de cómo esta enfermedad invisible, que se originó en la ciudad china de Wuhan, infectaba a gente del común, actores, ministros, médicos, menores de edad... a cualquiera.

Sin embargo, son las personas mayores de 60 años con enfermedades crónicas las víctimas predilectas del virus. Aunque nadie olvida el caso Li Wenliang, el médico chino de 34 años que alertó por primera vez sobre el nuevo brote y terminó muriendo del mismo. Era un hombre sano, sin el perfil de la víctima habitual del virus. 

El pasado 26 de febrero, cuando se registró el primer caso de Covid-19 en América Latina, en Brasil exactamente, los latinoamericanos dejaron de ser espectadores lejanos de la pandemia y empezaron a reaccionar.

En poco menos de un mes, todos los países del continente americano entraron a la lista de las naciones que han registrado contagiados y muertos por el coronavirus. Con este escenario, ¿los sistemas de salud de América Latina están preparados para una pandemia que golpea sin freno al mundo entero?

El déficit de personal y de infraestructura, una mala gestión de las políticas públicas, un gasto en salud bajo, la corrupción, las desigualdades socioeconómicas, la falta de voluntad de los gobernantes, la mala distribución de los recursos, la falta de consciencia, etc. Son muchos los factores que surgen al abordar los sistemas de salud en América Latina y que impiden el fortalecimiento de la institucionalidad en el área de la salud.

Colombia: un sistema de salud que debe competir por los recursos

El Instituto Nacional de Salud de Colombia registra hasta el 26 de marzo 491 personas contagiadas por coronavirus y 6 muertos. En esta nación, como en el resto de países víctimas del Covid-19, la capacidad de los hospitales es poca para lo podría venir si el brote sigue tan acelerado como en Asia y Europa.

El sistema de salud colombiano es complejo, sin embargo, cubre a la mayor parte de la población. Pero una cosa es la cobertura y otra la calidad que ofrece, pues en muchas zonas del país la red hospitalaria y centros de salud trabajan con muy pocos equipos por su pobre situación financiera. Los hospitales que menos cobertura tienen son los que están en las zonas rurales y donde viven comunidades indígenas, entre otras minorías.

El gasto nacional de salud de Colombia alcanza el 5,9% del producto interno bruto (PIB) (4,1% público y 1,8% privado), y el gasto de bolsillo es del 16% en relación con el gasto total.

Según el informe 'Salud en las Américas+' de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Colombia "se requiere mayor gasto público y privado por los costos crecientes de las nuevas tecnologías para la salud, el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la cobertura de aseguramiento. A ello contribuye el aumento de la judicialización para la protección de derechos fundamentales en salud".

El eje del sector público y privado del sistema de salud colombiano es el Sistema General de Seguridad Social en Salud, al que hay que afiliarse obligatoriamente y que incluye: el régimen subsidiado o gratuito y el régimen contributivo o privado. La Entidad Promotora de Salud (EPS) es el ente asegurador, de carácter público o privado, que regula los recursos que provee el Estado colombiano. Y luego está el Instituto Prestador de Salud (IPS), que puede ser también público o privado, y en el que entran hospitales, clínicas y todos los servicios que se brindan al paciente.

Colombia sufre de niveles elevados de corrupción, es un cáncer que se expande por varios sectores de la economía. El área de la salud no se salva de este mal y la inoperancia del sistema es usualmente atribuida a la falta de recursos. Además, no es un secreto que el rol de la EPS como intermediario entre el Estado y las IPS genera bloqueos e ineficiencia en el servicio.

El doctor Diego Rosselli, profesor del Departamento de Epidemiología Clínica de la Universidad Javeriana en Bogotá, dice que "a pesar de que el derecho a la salud en Colombia es universal, el sistema de salud debe competir por los recursos, tanto los hospitales públicos como los privados". Por esta razón el dinero que da el Estado es invertido sobre todo en los servicios que pueden dar un mejor retorno de inversión, como los servicios de urgencias.

Ahora que el Covid-19 se instaló en Colombia, el Gobierno de Iván Duque ha dado pasos importantes para enfrentar la crisis sanitaria, como la cuarentena obligatoria de 19 días que empezó el 25 de marzo.

Pero las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) no darán abasto para lo que se viene según los expertos: "Contamos con apenas 5.300 camas de cuidados intensivos en todo Colombia. Se invierte poco en ciencia  y tecnología porque los presupuestos para salud y educación están siempre por detrás de los presupuestos de defensa", asegura Rosselli.

"La EPS se demoró mucho para hacerme el examen de Covid-19"

Juan David Sánchez, de 32 años, es concejal del municipio colombiano de Cajicá y fue diagnosticado con Covid-19 a mediados de marzo. "Viajé a Egipto y en mi regreso a Colombia hice escala en Madrid. Cuando llegué a Bogotá inmediatamente avisé a las autoridades de mi viaje y me encerré en mi casa de manera preventiva", cuenta a France 24.

Juan David llegó a Colombia el viernes 13 de marzo. El sábado se levantó de la cama con mucho esfuerzo: "Me sentía muy cansado, era un agotamiento intenso con dolor de cabeza", detalla. "Llamé a mi EPS para que me hicieran una visita médica pero hasta el lunes me atendieron, me valoraron y me pusieron en una lista de potenciales contagiados". 

El concejal decidió no perder tiempo y el martes fue a la Secretaría de Salud de Cajicá donde le realizaron la prueba de Covid-19. "El miércoles me llamaron y me dijeron que había salido positivo". Por ahora, sigue disciplinadamente su cuarentena y lo único que le formuló el médico fue loratadina y acetaminofén para el dolor.

Chile: ¿con cuántos contagiados será justificable una cuarentena nacional?

Chile es un país acostumbrado a los desastres naturales de gran magnitud (terremotos, maremotos), por lo que se han implementado exhaustivas normas en la construcción, también mecanismos de alerta y de asistencia.

Pero ahora, ante la catástrofe sanitaria que representa el Covid-19 que, según cifras del Ministerio de Salud ha contagiado a 1.306 personas y ha dejado 4 fallecidos hasta este 26 de marzo, el Gobierno de Sebastián Piñera ordenó medidas más duras para la lucha contra el coronavirus.

El pasado 22 de marzo, el Gobierno decretó un toque de queda nocturno a nivel nacional, a partir de las 22:00 hasta las 05:00. Sin embargo, la decisión no cumple del todo con la petición que le hicieron los presidentes de 17 sociedades científicas de Chile y la Academia de Ciencias a Piñera para que declarara la cuarentena nacional preventiva obligatoria.

Según el diario 'La Tercera', casi 1.600 científicos chilenos firmaron la carta enviada al mandatario, en la que buscaban además "anticiparse a un eventual colapso del sistema de salud en Chile".

Esta semana, el ministro de Salud chileno, Jaime Mañalich aseguró que, en los últimos días, se están reportando diariamente cerca de 100 casos nuevos de contagio. Pero las cifras aún no escandalizan del todo al Gobierno y, a parte del toque de queda nocturno, solo se ha impuesto una cuarentena obligatoria para siete comunas de la ciudad de Santiago de Chile, a partir del jueves 26 de marzo.

Científicos chilenos predicen desde ya el colapso de un sistema de salud que es mixto y está integrado por dos subsistemas: el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) de carácter público y las Instituciones de Salud Previsional (Isapre) que es privado. También hay otros seguros específicos, como los de las Fuerzas Armadas, pero el grueso de la población chilena (78%) está adscrita a Fonasa.

En las encuestas nacionales que se han hecho recientemente en Chile la gente no se queja tanto por problemas de acceso a los servicios de salud, que son más bien eficientes, sino más bien el acceso a la medicina especializada y los tiempos de espera para consultar a un especialista.

Según Claudio Castillo, docente de Salud Pública de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Santiago de Chile, la esperanza de vida en el país es de 80 años, así que el problema en la atención médica se debe en parte a que la población envejeció y buscan especialistas con más frecuencia.

En este momento, Chile está en la fase 4 de la pandemia, es decir, pasó de casos de contagio a partir de la importación del virus (1), la transmisión comunitaria (2) y la dispersión nacional del brote (3) para alcanzar la etapa en que la transmisión del virus es sostenida y generalizada, así como ha ocurrido en Asia y Europa. Actualmente, la red de hospitales cuenta con apenas 2,2 camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes.

En la lista de gasto en salud en América Latina, Chile invierte el 8,1% (4,9 % es gasto público y 3,2% es privado) de su PIB en salud, situándose por debajo de Cuba que ocupa el primer lugar con 10,6% en gasto público y 0,5% en privado. Pero, según el informe 'Salud en las Américas+' de la OPS, en Chile "el sistema de salud es fragmentado, tanto en su financiamiento y aseguramiento como en la provisión de servicios y la disponibilidad desigual de recursos para atender a la población que depende de cada sector". El gasto de bolsillo en salud es del 34% del gasto total en salud y afecta sobre todo a las familias de menos recursos.

Así que, encerrar el país en una cuarentena obligatoria representará un duro golpe para la economía chilena, pero si no se hace, los hospitales no darán abasto con los miles de enfermos que llegarán como ya pasa en algunos países europeos.

"La curva de contagiados en este momento es muy similar a los primeros días de contagios en España e Italia (…) Se ha señalado públicamente que después del estallido social en octubre de 2019, el país se estaba recuperando económicamente, entonces, una cuarentena obligatoria desaceleraría la economía local", alerta Castillo.

Otro punto de vista de expertos en Chile indica que la cuarentena generaría una menor cobertura del diagnóstico del virus y se podrían generar contagios intradomiciliarios.

México: ¿salud vs. economía?

Al ser México un Estado Federal y no unitario como Colombia y Chile, las funciones gubernamentales son compartidas, lo que vuelve al sistema más complejo ya que no hay una unidad de mando nacional.

En cuanto al sistema de salud, la Secretaría de Salud de México es la responsable de establecer y llevar a cabo la política nacional en materia de asistencia social, servicios médicos y salud pública, a través del Consejo de Salubridad General, que también comprende las Secretarías de Educación y Hacienda. Es el Consejo Nacional de Salud el encargado de la coordinación con los estados federativos.

El sistema público de salud mexicano funciona de manera binaria. Por un lado, el sector público cuenta con hospitales para trabajadores del sector formal de la economía, a través del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Los 32 estados federales también tienen un esquema de salud pero con menor capacidad que los anteriores.

Recientemente fue creado el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) para las personas que no pueden acceder a los servicios médicos mencionados.

En cuanto al gasto total en salud, México invierte el 5,9% respecto al PIB (3,1% de gasto público y 2,8% de gasto privado).

El desafío para encarar el virus Covid-19 es muy grande para esta economía. Los recortes, la falta de camas y de personal dentro del sector fragilizan a su sistema de salud que tendrá que prepararse para un escenario devastador. Hasta ahora se cuentan 475 infectados confirmados y 6 fallecidos.

La declaración formal de la emergencia en México llegó tarde, pues el presidente Andrés Manuel López Obrador se mostró varias veces en una actitud pasiva ante la pandemia.

Pero ahora, el Consejo de Salubridad General (CGS) es la autoridad que se encargará de tomar el mando en las decisiones respecto a la lucha contra el coronavirus. La entidad, que funciona solo en casos excepcionales bajo el control del presidente de México, ya pidió a los 32 estados federales del país definir un plan de reconversión hospitalaria y expansión inmediata de capacidad que garanticen la atención oportuna de los casos de Covid-19 que necesiten hospitalización.

Para Diego Hernández, especialista en políticas públicas de la Universidad de Guadalajara, uno de los grandes problemas de la debilidad del sistema de salud mexicano es la corrupción.

Un caso reciente fue el de la compra de medicamentos por parte del Estado: "Este escándalo salió a la luz pocos días después de que López Obrador llegara al poder. Había una fuga de dinero enorme, se descubrió que varias farmacéuticas que eran prestamistas gubernamentales, vendían los medicamentos al Estado Federal a precios más elevados que los del mercado". Hernández cuenta que dichas farmacéuticas alteraban las facturas para poder desviar los recursos.

La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de México ha sido clave en la investigación de estos casos de corrupción, e incluso el Gobierno de López Obrador decidió abrir el mercado a la importación de fármacos, a fin de conseguir calidad y mejor precio, con tal de no hacer ningún tipo de contrato con empresas que tengan problemas judiciales.

En los próximos días, México enfrentará "una crisis de dimensiones desconocidas", asegura Jesús López, investigador y asesor en materia parlamentaria y constitucional. López agrega que México es una de las economías más competitivas de América, "lo que permite ver un panorama cercano, pero no definitivo sobre la capacidad del país de enfrentar la crisis sanitaria". La pandemia, sin embargo, ya está haciendo de las suyas en la economía, con la caída en picada del peso mexicano con respecto al dólar americano.

"López Obrador insiste en que el país no debe paralizarse, pues su Gobierno cuenta con mucho dinero para enfrentar el coronavirus. Pero no establece cifras, por eso los gobernantes de los estados federales se adelantaron a la situación en temas preventivos y en ayudas económicas a las pequeñas y medianas empresas que han tenido que cerrar", afirma López.

Pero el mandatario mexicano sigue desafiando las recomendaciones internacionales de aislamiento. Por ahora, se activó por un mes la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia, la protección de los adultos mayores, la suspensión de eventos y reuniones masivas y la cancelación temporal de actividades laborales no esenciales.

El reto de América Latina es mayúsculo ante una pandemia que está siendo devastadora. Tomar las medidas adecuadas a tiempo ayudará a reducir el contagio. Ante la evidencia, los que toman las decisiones y gobiernan se están dando cuenta que los sistemas de salud necesitan un cambio urgente, ahora presionados por el coronavirus que sacó a flote sus defectos y debilidades.

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