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Con los humanos confinados por el Covid-19, los animales recuperan terreno

Un puma trepa una pared una vivienda en un barrio de Santiago, en Chile, al amanecer, el 24 de marzo de 2020.
Un puma trepa una pared una vivienda en un barrio de Santiago, en Chile, al amanecer, el 24 de marzo de 2020. © Andrés Pina / Reuters

Con grandes poblaciones encerradas en sus casas debido a la cuarentena para hacer frente al avance del coronavirus, la naturaleza ha trastocado los paisajes urbanos. Oportunidades y desafíos de un fenómeno de los tiempos de pandemia.

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Un puma camina por las calles de Santiago, en Chile. Jabalíes se pasean por Barcelona, en España. Delfines nadan en las costas de Cagliari, en Italia. Patos recorren tranquilamente París, en Francia. Esos fueron algunos de los episodios que se registraron desde el inicio de la cuarentena por el Covid-19 en distintas partes del mundo y demuestran que, cuando el hombre se ausenta, la naturaleza recupera su lugar.

Con grandes poblaciones confinadas como medida de prevención ante el avance del coronavirus en el mundo, los animales encuentran vía libre para aparecer en lugares inusuales.

La ausencia del ruido del tráfico en las calles permite oír con claridad el canto de los pájaros. La no circulación de barcos en los canales de Venecia se traduce en agua más clara y la aparición de peces.

En otros casos, como en el Caribe mexicano, ejemplares de especies en peligro de extinción se acercan a zonas urbanas, incluso en hoteles de lujo de Cancún y la Riviera Maya. Un jaguar, una tortuga laúd, hocofaisanes y cocodrilos pasean por las carreteras desiertas, lejos del aluvión turístico habitual de esos lugares.

Se trata de un fenómeno propio de los tiempos de pandemia, que los humanos, encerrados en sus casas, viralizan a través de las redes sociales y suponen un desafío para la era post-Covid-19: ¿es posible repensar la relación entre los humanos y la naturaleza?

Sin humanos, los animales “tienen vía libre para pasear por las ciudades”

Romain Julliard, director de investigación del Museo Nacional de Historia Natural de París, destacó a la agencia AFP que la presencia de animales salvajes se debe a que, sin la presencia de seres humanos ni la habitual circulación de las zonas urbanas, “tienen vía libre para pasear por las ciudades”.

Julliard aseguró que los animales y aves que viven en parques urbanos pueden abandonar sus territorios y, así, “liberar espacio para otros animales”.

Miguel Ángel Valladares, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), explicó a la agencia EFE que estos episodios son “cosas normales”, sobre todo en localidades cercanas a parques naturales o reservas. No obstante, consideró que son “anécdotas” que demuestran “que sin influencia humana, la naturaleza va recuperando su lugar”.

En cuanto al cantar de los pájaros, Jérôme Sueur, especialista en acústica del Museo Nacional de Historia Natural de París, sostuvo que no se trata de una presencia mayor, sino de que, en el silencio, se los puede escuchar cantar.

En otros casos, la falta de circulación de vehículos significa más posibilidades de sobrevivir para algunas especies. Es el caso del sapo común y la salamandra moteada, que suelen ser “atropellados cuando cruzan las carreteras”, según explicó Jean-Noël Rieffel, director regional de la Oficina Francesa de la Biodiversidad.

Para las plantas también es un beneficio. Las orquídeas salvajes crecen entre finales de abril y principios de mayo y muchas veces son recogidas por las personas, pero este año podrían crecer sin ese problema, se esperanza Rieffel.

Pero no todas son buenas en esta situación. El confinamiento ha representado una complicación para los animales que se alimentan de desechos. Y el encierro obligatorio ha interrumpido operaciones de protección de las especies en peligro de extinción o de lucha contra especies invasoras.

El desafío posterior a la pandemia: mejorar la interacción entre humanos y animales

Para Romain Julliard, “quizás el fenómeno más importante es que nuestra manera de ver a la naturaleza está cambiando: las personas confinadas se están dando cuenta de cuánto extrañan la naturaleza”.

Desde sus casas, las personas pueden observar con detenimiento a la naturaleza desde sus ventanas o jardines y apreciarla de otra manera.

Aprovechando la situación, la Liga Francesa de Protección de las Aves lanzó la operación “confinados pero al acecho”, con la cual buscan que la gente abra sus ventanas, observe a los pájaros e intente identificarlos.

Para Jean-Noël Rieffel, el final de la cuarentena planteará un desafío para mejorar la relación entre humanos y personas. Según el científico, “la gente querrá estar cerca de la naturaleza, pero un exceso puede ser desfavorable para la fauna y la flora”.

Con EFE y AFP

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