En las favelas de Río de Janeiro, a la vulnerabilidad se suma el riesgo de expansión del Covid-19

Un hombre con una máscara protectora afuera de la favela Rocinha espera un autobús público durante el brote de la enfermedad por coronavirus Covid-19 en Río de Janeiro, Brasil, el 18 de marzo de 2020.
Un hombre con una máscara protectora afuera de la favela Rocinha espera un autobús público durante el brote de la enfermedad por coronavirus Covid-19 en Río de Janeiro, Brasil, el 18 de marzo de 2020. © Ricardo Moraes / Reuters

Mientras algunas organizaciones y voluntarios buscan mercados para donar a las familias más necesitadas, el ayuntamiento de Río de Janeiro trata de reubicar temporalmente a los adultos mayores que están en mayor riesgo frente al coronavirus. Pero en paralelo, el Gobierno central en cabeza de Jair Bolsonaro llama a las personas a volver al trabajo. En una zona donde pocos pueden permanecer confinados, hay preocupación porque las favelas sean un foco de contagio de la enfermedad.

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En Brasil, más de 13 millones de personas se ven obligadas a vivir en favelas. En las próximas semanas, según indican los expertos, estos barrios humildes que muchas veces están encaramados en lo alto de los cerros podrían convertirse en el epicentro de la crisis sanitaria causada por el coronavirus Covid-19.

Lo anterior se debe a las características intrínsecas de estos lugares, como el hacinamiento y las precarias condiciones de higiene que tienen quienes habitan en ellas. Se estima que alrededor de 2,2 millones de personas en Río de Janeiro, es decir el 13 % de la población, residen en más de 750 favelas que hay en la ciudad.

Para frenar el avance del Covid-19, los habitantes de estas barriadas están organizando su propia resistencia a través de redes solidarias. En muchas favelas, desde hace una semana, han aparecido pancartas con mensajes de prevención y consejos básicos de higiene, como lavarse las manos a menudo. También circulan a diario un auto con parlantes desde donde ofrecen consejos de salud pública a la población local.

En la favela Babilonia, localizada cerca de la playa de Copacabana, se están llevando a cabo intensas campañas de recaudación de donaciones para los trabajadores autónomos que se quedaron sin ingresos. Muchos tenían empleos precarios ligados a la playa y al turismo, como la venta ambulante de bebidas, alimentos y 'souvenirs'.

Desde que el gobernador del Estadio de Río de Janeiro, Wilson Witzel, prohibió el acceso a la playa dentro de un paquete de medidas de aislamiento social que intenta contener el avance del Covid-19, estos vendedores no consiguen ganar ni para pagar la comida del día. Algunos están desesperados y reconocen que desconfían de la decisión del Gobierno brasileño de ofrecer a este colectivo un subsidio de 600 reales (unos 118 dólares) en los próximos tres meses.

Una estatua del Cristo Redentor hecha de arena con una máscara protectora en la playa de Copacabana durante el brote de la enfermedad por coronavirus Covid-19, en Río de Janeiro, Brasil, el 28 de marzo de 2020.
Una estatua del Cristo Redentor hecha de arena con una máscara protectora en la playa de Copacabana durante el brote de la enfermedad por coronavirus Covid-19, en Río de Janeiro, Brasil, el 28 de marzo de 2020. © Ricardo Moraes / Reuters

La idea del equipo de Jair Bolsonaro es aliviar la situación de vulnerabilidad de los trabajadores precarios, que el año pasado sumaban el 41 % de la población empleada. A la espera de que el Ministerio de Economía formalice esta contribución económica, los residentes de favelas como Babilonia solo pueden contar con la solidaridad de donantes anónimos y de ONGs para paliar la falta de comida, agua, medicamentos y productos de limpieza.

“En algunos lugares en los que serán entregadas estas cestas no hay saneamiento básico. El agua corriente es escasa. Los niños juegan al raso, en la suelo (…) entonces la situación será muy difícil si este virus llega a afectar a nuestra comunidad”, cuenta Cláudio Roberto, pastor y voluntario.

Por su parte, el Ayuntamiento de Río de Janeiro ha lanzado un programa para realojar en cuartos de hotel a ancianos de las favelas, que padecen problemas de salud.

“Suelen vivir en casas donde solo hay dos cuartos y todo el mundo convive en poco espacio. Es el público al que estamos intentando convencer para que sea acogido, para que quede aislado, para que no contraiga la enfermedad. Muchos ancianos se están resistiendo, no quieren ir. Tiene esta cosa del contexto familiar. Esperamos que sus familias logren convencerlos: tienen que entender que es para su protección”, señala Jucélia Oliveira Freitas, secretaria de Asistencia Social y Derechos Humanos del Ayuntamiento de Río de Janeiro.

La oferta inicial abarca 300 habitaciones, que pueden llegar hasta 1.000, si el programa encuentra buena acogida. También se distribuirán 20.000 cestas básicas a los vendedores ambulantes de Río de Janeiro.

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