Mali celebró sus elecciones parlamentarias pese al Covid-19 y la inseguridad

Un hombre busca su nombre en el padrón electoral durante las elecciones parlamentarias de Mali, en Bamako, el 29 de marzo de 2020.
Un hombre busca su nombre en el padrón electoral durante las elecciones parlamentarias de Mali, en Bamako, el 29 de marzo de 2020. © Life Tiemoko / EPA / EFE

Los ciudadanos del país africano acudieron a las urnas para los postergados comicios legislativos, que se llevaron a cabo a pesar de la propagación del coronavirus, la amenaza de violencia y el reciente secuestro del principal líder opositor.

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Más de 7,6 millones de ciudadanos estaban llamados a acudir a las urnas en las elecciones parlamentarias de Mali este domingo 29 de marzo. Aunque el contexto de violencia y de preocupación por el avance del coronavirus afectó la participación.

El reporte oficial al mediodía del domingo indicó que apenas el 7,5 % de los electores se presentó en los centros de votación, en unos comicios que debían realizarse a finales de 2018, pero fueron pospuestos dos veces por la intensificación de la violencia en el norte y centro del país, donde predomina la presencia de grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y el autodenominado grupo Estado Islámico (EI).

Mediante esta votación, los malienses deben renovar los 147 escaños del Parlamento, que cuenta con una amplia mayoría leal al presidente Ibrahim Boubacar Keita. Los resultados de este primer turno se esperan para los próximos días y una segunda vuelta debe celebrarse el 19 de abril en los distritos electorales donde ningún candidato haya ganado la mayoría.

Pese a la importancia de los comicios, la amenaza de posibles actos violentos, sobre todo en las regiones dominadas por los grupos yihadistas, el temor a una expansión del coronavirus Covid-19 en el país y el secuestro del principal líder opositor ensombrecieron el acto electoral que, para varios sectores de la oposición, no debería haberse realizado.

Una campaña electoral marcada por el desinterés y el secuestro del líder opositor

El cierre de la campaña electoral presentó el miércoles pasado un episodio de gran relevancia. El líder de la oposición, Soumaila Cissé, fue secuestrado por hombres armados no identificados mientras realizaba un acto de campaña en su fortaleza electoral de Niafounké, cerca de Tombuctú, en el norte del país.

El líder opositor maliense, Soumaila Cissé, brinda un discurso ante sus seguidores en Bamako, de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Mali, el 10 de agosto de 2018.
El líder opositor maliense, Soumaila Cissé, brinda un discurso ante sus seguidores en Bamako, de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Mali, el 10 de agosto de 2018. © Luc Gnago / Foto de Archivo / Reuters

La comitiva de Cissé fue emboscada por los asaltantes, que mataron a uno de sus guardaespaldas y se llevaron como rehenes al referente opositor y seis miembros de su equipo.

Desde entonces, nadie ha reivindicado el secuestro ni se conoce el paradero de estas personas. Según fuentes citadas por la agencia AFP, Cissé y sus seguidores estarían “presumiblemente” en manos de yihadistas que responden al predicador Fulani Amadou Koufa, líder de una de las ramas de la principal alianza yihadista en el Sahel, afiliada a Al-Qaeda. De acuerdo a la fuente de seguridad, “probablemente han cambiado de zona y están lejos del lugar del secuestro”.

Previo a este episodio, Cissé había liderado un llamado a una “participación masiva” en las elecciones para terminar con la mayoría de Keita en el Parlamento, mientras que otros partidos de oposición habían sugerido posponer las elecciones.

Pese a esto, la campaña no generó demasiado entusiasmo, el cual decayó aún más a partir de las medidas de prevención de salud ante el avance del Covid-19 y la prohibición de asambleas.

A esto se suman los riesgos de seguridad y las dificultades para que la votación se lleve con normalidad, sobre todo en las regiones del centro y el norte del país, que son víctimas de la violencia casi a diario. Allí reinan los ataques yihadistas, la violencia intercomunal, el robo y el tráfico, pese a la presencia de fuerzas francesas, regionales y de la ONU.

Además, de la votación quedaron excluidas las 200.000 personas desplazadas porque “no se ha establecido ningún mecanismo”, según explicó el funcionario del Ministerio de Administración Territorial, Amini Belko Maiga.

El Gobierno dispuso medidas de higiene para votar pese al Covid-19

El desinterés por las elecciones parlamentarias también creció a partir del avance del Covid-19, que oficialmente en el país ha registrado 20 casos y una muerte el sábado.

Pese al cóctel de condimentos en contra, el presidente Keita decidió mantener los comicios y dispuso que deban llevarse “con un respeto escrupuloso por las medidas de barrera”, como la distancia entre los votantes.

En Bamako, la capital, se distribuyeron gel desinfectante, jabón y mascarillas, mientras que las provincias se compraron kits para lavarse las manos en el acto, según indicaron las autoridades.

Un hombre se lava las manos antes de entrar a votar en Bamako, durante la primera vuelta de las elecciones parlamentarias en Mali, el 29 de marzo de 2020.
Un hombre se lava las manos antes de entrar a votar en Bamako, durante la primera vuelta de las elecciones parlamentarias en Mali, el 29 de marzo de 2020. © Life Tiemoko / EPA / EFE

La escasa participación de votantes permitió tomar la distancia necesaria en la fila para votar, pero los kits de higiene no alcanzaron a estar listos para los primeros votantes.

Ibrahim Konaré, un conductor de 30 años, sostuvo a Reuters que votó “sin problemas”, pero “el kit de higiene contra el coronavirus no estaba allí”. “La prioridad para el nuevo parlamento debería ser la lucha contra la inseguridad y la erradicación del coronavirus”, demandó.

Para los expertos, las elecciones parlamentarias tienen mucho en juego en Mali. Por un lado, necesita avanzar en la aplicación del acuerdo de paz de Argel, firmado en 2015 por las autoridades y los grupos armados independientes, en particular los tuareg, que se alzaron en 2012. El pacto no alcanza a los grupos yihadistas, pero su implementación se considera esencial para poner fin a la crisis, además de la acción militar.

Además, el acuerdo proporciona una mayor descentralización del poder en el país, mediante una reforma constitucional. Algunos opositores creen que esa modificación no puede ser llevada a cabo por el Parlamento actual porque muchos lo consideran “legal, pero no legítimo”, según Bréma Ely Dicho, socióloga de la Universidad de Bamako.

Con AFP y Reuters

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