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Los yanomamis, víctimas de la fiebre del oro en la selva amazónica de Brasil

© France 24

El estado de Roraima, ubicado al norte de Brasil y cerca de la frontera con Venezuela, se ha convertido en epicentro de la extracción de oro. Amparados por el presidente Jair Bolsonaro, que ha declarado que la Amazonía no es patrimonio de la humanidad, cada vez más personas invaden tierras indígenas para explotar el mineral. Estas comunidades ancestrales luchan por defender su espacio en uno de los territorios más pobres del país sudamericano, que tiene en la actividad minera un importante sustento. 

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En Boa Vista, capital del estado de Roraima, en el norte de Brasil, los expendios donde hay compra y venta de oro de minería son ilegales. Pese a ello, es posible percibir diversos lugares de este tipo. La Policía regularmente suele atacar a sus propietarios acusándolos de ser promotores de la minería ilegal. 

“Sería bueno que lo legalizaran. Para mí sería mucho mejor, pagaría impuestos como todo el mundo y no tendría problemas con la Policía”, dijo un vendedor de la ciudad a France 24. 

Desde su ascenso al poder, el presidente Jair Bolsonaro ha buscado maneras de legalizar la extracción minera en territorios indígenas. Así pondría fin a una ley que data desde 1996 y que impide la extracción minera en esas zonas protegidas. 

En Roraima el oro se convirtió en el segundo producto de exportación, sólo por detrás de la soya en el año 2019 sin tener una sola mina. Según lo explicado por los líderes indígenas, son varias zonas en donde explotan el mineral de forma ilegal, una situación que ha provocado el desplazamiento de algunas poblaciones o su extinción. 

Quienes han decidido permanecer y luchar por su territorio se enfrentan a una serie de desafíos. El avance de la minería ilegal ha generado daños al ambiente, especialmente en el agua. Las comunidades empiezan a sentir el efecto de esta situación y son los niños quienes resultan más afectados. 

Los mineros han logrado avanzar hacia esos territorios después del cierre, en el año 2018, de bases militares desplegadas en el área y de oficinas de la Fundación Nacional del Indio (Funai). "La situación ahora está fuera de control", explica José Ignacio, antropólogo del Instituto Socioambiental (ISA), quien agrega que además de luchar por el territorio las comunidades, buscan defender a los jóvenes de que no sean seducidos por los dólares que produce la extracción del oro. 

En los últimos días, han sido varias las manifestaciones realizadas por los principales sindicatos mineros de la zona que buscan presionar a los legisladores de Roraima para que voten una ley que legalice la actividad. Para muchos, su única actividad es la minería. 

Mientras todo toma un orden, en la selva muchos indígenas trabajan en la recolección de champiñones, una actividad que les produce unos 20.000 dólares al año de ganancias. Paralelamente en la ciudad se encuentran los desplazados, yanomamis que huyeron ante el temor de los mineros y que ahora se ven afectados por la miseria. 

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