Los “coronabonos”: ¿nueva norma de solidaridad en tiempos de Covid-19?

Los 19 países de la zona euro no han llegado a un acuerdo sobre el establecimiento de "corona bonos", presentados como una herramienta de solidaridad financiera en el momento de la pandemia.
Los 19 países de la zona euro no han llegado a un acuerdo sobre el establecimiento de "corona bonos", presentados como una herramienta de solidaridad financiera en el momento de la pandemia. AFP - HANDOUT

Nueve países, incluido Francia, quieren implementar los “coronabonos”, instrumento que permitiría reunir fondos en nombre de toda la eurozona con el fin de luchar contra el Covid-19. Pero varias naciones, entre las cuales se encuentra Alemania, se oponen a la propuesta, corriendo el riesgo de dar la impresión de una falta de solidaridad europea ante una crisis sin precedentes.

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La solidaridad financiera europea tiene sus límites, incluso en esta época de pandemia por el Covid-19. Los 19 países de la eurozona no lograron ponerse de acuerdo el 27 de marzo sobre la implementación de los “coronabonos”, un mecanismo común para apoyar el esfuerzo financiero de los países en la lucha contra el nuevo coronavirus. Un fracaso que recuerda los momentos más sombríos de la crisis de la eurozona, a principios de 2010.

La idea de los “coronabonos” fue, inicialmente, propuesta por Christine Lagarde, la directora del Banco Central Europeo (BCE), a principios de la semana pasada. Se trata de bonos que le permitirían a los estados miembros de la eurozona obtener dinero de los mercados a bajo precio. En efecto, los intereses, en vez de ser fijados en relación con la salud financiera del país que los presta, se establecerían según la de la eurozona en su conjunto. Se trataría de una especie de gran préstamo mutuo con el fin de crear un fondo común del cual los Estados podrían retirar dinero según sus necesidades.

Club de los nueve Vs. Alemania

Ante la propagación del brote, Italia y España, dos países particularmente afectados por la pandemia y con finanzas frágiles, tendrían, por ejemplo, dificultades para conseguir dinero de los mercados sin pagar una prima de riesgo elevada, teniendo que recurrir a los bonos de Estado tradicionales. Pero, gracias a los “corona bonos” podrían obtener mejores tasas de interés, establecidas según la salud financiera de toda la eurozona, que incluye a naciones mucho más fuertes a nivel financiero como Alemania y los países del norte de Europa.

No sorprende que este concepto haya seducido rápidamente a los territorios con las cajas más vacías. Una coalición de nueve naciones, liderada por Francia y apoyada por el BCE, trató de que Bruselas aceptara estos “coronabonos” el martes y jueves pasados. Pero, en dos ocasiones, Alemania y los países del norte respondieron que no. 

Una negativa que “indignó” al primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y a su homólogo español, Pedro Sánchez, de acuerdo con lo informado por la cadena estadounidense CNN. La intransigencia alemana reabrió antiguas heridas que se remontan a la crisis de la eurozona. En efecto, los “coronabonos” tienen un antecedente que también se había tropezado con la resistencia de Berlín a principios del 2010: los "eurobonos".

En esa época, el plan era permitirle a Grecia, que estaba al borde de la quiebra, obtener dinero emitiendo una deuda europea. “La idea era que Grecia, luego España o Italia, podían emitir "eurobonos" y que una parte de ese préstamo involucraba a todos los Estados de la eurozona (los cuales debían saldarla en caso de falta de pago, NDLR)", recuerda Christophe Blot, especialista en economía europea del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE), al ser consultado por France 24. Una mutualización de la deuda, de la cual el gobierno alemán no quería saber nada, argumentando que no había ninguna razón por la cual Alemania debía pagar por la mala gestión financiera de Atenas.

Coronabonos”, "eurobonos": ¿la misma pelea?

Pero esta vez es diferente, aseguran los promotores de los “coronabonos”. “Están considerando que enfrentamos una crisis específica que afecta a todos los países europeos de manera más o menos similar, lo cual justificaría la creación de un activo común que podría servir, por ejemplo, para financiar la investigación o apoyar al personal médico”, explica Christophe Blot.

La carta dirigida a Bruselas en defensa de esta iniciativa, firmada por los nueve países que están a favor, resalta esta idea: “El argumento a favor de un instrumento común es fuerte, pues estamos enfrentando un choque externo simétrico, del cual ningún país es particularmente responsable, pero cuyas consecuencias negativas las sienten todos”.

¿Por qué Alemania que, sin embargo, aceptó que la sagrada regla de oro financiera europea (la prohibición de superar un déficit superior al 3% del PIB) fuera menoscabada en nombre de la lucha contra el Covid-19, rechaza este gesto suplementario? La canciller alemana, Angela Merkel, afirmó su preferencia por los instrumentos financieros ya existentes, tales como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Esos fondos de emergencia fueron establecidos al final de la crisis de la eurozona para permitir que países que se encuentren bajo dificultades financieras puedan obtener un rápido acceso a la liquidez.

En efecto, a ese fondo le quedan 410 mil millones de euros que podrían ser rápidamente movilizados para enfrentar esta pandemia. La implementación de los “coronabonos” tomaría más tiempo pues, como todo nuevo instrumento, sería necesario definir sus lineamientos primero. 

Pero la idea de hacer uso del MEDE le desagrada a países como España o Italia pues al país prestatario se le podrían imponer reformas estructurales con el fin de organizar sus finanzas a cambio del acceso a los fondos.

Más federalismo

Por otro lado, Alemania y los países del norte de Europa temen que los “coronabonos” modifiquen la naturaleza misma de la eurozona. “A partir del momento en el que se habla de mutualizar la deuda, se entra en una perspectiva más federalista de la eurozona, lo cual tendría consecuencias profundas sobre el funcionamiento de las instituciones”, explica Christophe Blot. 

En efecto, los países difícilmente podrían utilizar fondos obtenidos gracias a la emisión de los “coronabonos” sin que las demás naciones de la eurozona, que estarían obligadas a pagar en caso de falta de pago, tengan derecho a supervisar la manera en la que se gasta el dinero.

En otros términos, la implementación de los “coronabonos” haría tambalear la eurozona en una nueva dimensión pues la política financiera de un país sería de cierta manera asunto de todos. “Se critica mucho a Alemania por su falta de solidaridad en este asunto, pero debemos preguntarnos también qué país quisiera que Berlín se convierta en una especie de juez de sus decisiones financieras”, apunta Christophe Blot.

Y Alemania tampoco quiere adoptar ese papel de policía financiero europeo que,  seguramente, tendría que cumplir en el caso de la creación de “coronabonos”, pues, por su peso económico, sería de facto el contribuyente más importante de esa deuda común.

Así, la crisis sanitaria creó en el seno de la eurozona una nueva fractura que, de manera un poco precipitada, se redujo a una cuestión de solidaridad. En realidad, la división estaría marcada sobre todo entre los países que, como Francia, quieren actuar rápido y con fuerza, sin pensar en las consecuencias posteriores, y los países que, como Alemania principalmente, advierten que ciertas decisiones, como los “coronabonos”, podrían ocasionar cambios institucionales y políticos profundos. Entretanto, a falta de unanimidad, la eurozona se ha concedido dos semanas para pensar en una respuesta ante la crisis. Un plazo que corre el riesgo de dejar huellas ante un virus que se propaga con mucha rapidez. 

Este artículo fue adaptado de su original en francés

 

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