Solos y frágiles ante el coronavirus (1/3): "No debemos olvidar a quienes cuidan de los invisibles"

Dos corredoras pasan frente a una persona sin hogar, uno de esos "invisibles" que defiende Johann Douaze, educador especializado.
Dos corredoras pasan frente a una persona sin hogar, uno de esos "invisibles" que defiende Johann Douaze, educador especializado. © Sylvain Thomas, AFP

A pesar de la pandemia, los trabajadores sociales siguen acompañando a las poblaciones vulnerables, de quienes son responsables. Johan Douaze, uno de ellos en la región de Roanne, se preocupa por las consecuencias del confinamiento para las personas que tienen una estabilidad psicológica frágil, algunas de las que él cuida.

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“Acompañamos a las personas psicológicamente frágiles, incluso psicóticas. Con la declaración del confinamiento por el coronavirus, estas personas están más aisladas que de costumbre. Nuestra misión es no olvidarlas”, explica Johan Douaze, un trabajador social especializado en la región de Roanne, en el centro de Francia.

Desde 2013, trabaja en un centro de acogida y de reinserción social (CHRS por sus siglas en francés). Estos organismos ayudan a las personas en situación de precariedad a volver a encontrar un domicilio, en particular después de una expulsión o de una separación difícil. Douaze le ayuda especialmente a antiguos detenidos a reinsertarse en la sociedad. En total, los equipos de esta institución se ocupan de unas 200 personas en la cuenca roanesa.

“Estas personas son frágiles”, previene Douaze. “Por lo general, permanecer errantes les permite arreglárselas y no enloquecer. Y, ahora, les están pidiendo que se queden en sus casas”.

Un confinamiento difícil de entender

En efecto, desde el 17 de marzo y al menos hasta el 15 de abril, el gobierno francés decretó un confinamiento general para contener la propagación de la pandemia de coronavirus. Las salidas están restringidas y la consigna puede ser difícil de entender para las poblaciones frágiles.

“Se les pide que apliquen normas que no tienen sentido para ellos. Ellos no dimensionan lo que está ocurriendo”, considera el trabajador social de 41 años. “Los días pasan, los buenos hábitos no se cumplen, las preocupaciones aumentan… Nos hacen falta personas que los acompañen para ayudarlos y tememos que se queden completamente solos”.

“Solo pasamos un 2% de nuestro tiempo con quienes debemos cuidar. El 98% del tiempo ellos se quedan solos con sus preocupaciones. La situación ya es difícil cuando todo está bien, ahora bajo estas circunstancias se complica más”, se lamenta Douaze.

Adaptar la organización del trabajo

Ante el confinamiento, el CHRS modificó su manera de trabajar para cuidar de su personal y de quienes se ocupan. “Adaptamos nuestra manera de trabajar. Ahora hay una sola persona por día y por servicio. Todos los días tratamos de llamar a cada una de las personas de las que cuidamos (...) Tratamos de manejarlo y de actuar cuando sentimos que las cosas van muy mal”, detalla Douaze.

Pero Douaze se siente desprovisto: los recursos hospitalarios se redirigen a la lucha contra el coronavirus, privando al CHRS de medios de acción. Por ejemplo, el servicio de acompañamiento psiquiátrico diario se cerró.

“Actualmente, es complicado hospitalizar a las personas. Solo se atienden casos realmente urgentes (...) En uno de nuestros albergues hay una mujer que no está nada bien. Ya no se alimenta, no se baña, no sale de su cuarto e insulta a sus compañeros. Pero los servicios psiquiátricos no pueden intervenir en tanto la situación no sea realmente grave”, lamenta Douaze.

Una sola mascarilla para toda la jornada”

Douaze también resalta la falta de recursos a su disposición, al igual que la de sus colegas, para continuar asegurando su labor en el servicio público. En efecto, cada día deben tratar con personas de quienes ignoran si son portadoras del virus.

“Cuando llegué esta mañana, tenía solamente una mascarilla para toda la jornada, y debo visitar a varias personas”, cuenta.

Estamos en guerra y la situación exige que varios trabajadores sociales se movilicen para continuar con el servicio público. Lo hacemos y esta misión es muy importante para nosotros (...) Pero también deben ofrecernos los medios para poder seguir trabajando. Si no, apelaremos a nuestro derecho a retirarnos, a expensas de las personas que cuidamos”, explica este educador especializado.

“Es necesario que haya recursos para proteger a los equipos educativos y es necesario que sean reconocidos, porque sino varios abandonarán el barco. No debemos olvidarnos de quienes se ocupan de los invisibles”, asegura Douaze, aunque entienda que el personal médico sea la prioridad en cuanto a la distribución de mascarillas y de gel hidroalcohólico.

La cadena vital ya se rompió para algunos”

"Es duro para todo el mundo, pero al menos nosotros podemos entender lo que está ocurriendo (...) Muchas de estas personas están a la deriva y algunos se vuelcan hacia las teorías de conspiración, afirmando que todo esto sirve simplemente para obligar a los Chalecos amarillos a quedarse en sus casas", afirma Douaze.

Al igual que otros organismos que se ocupan de personas en estado de precariedad, Douaze hace un llamado para encontrar soluciones que tengan en cuenta las situaciones particulares de estos hombres y mujeres: “Por ejemplo, las personas bajo tutela o bajo custodia reciben, por lo general, un giro cada dos o tres días para ayudarles a administrar su dinero. Ahora, con la crisis, algunos reciben el dinero para todo el mes en un solo giro, pero son incapaces de administrarlo. Pueden gastárselo todo rápidamente y quedarse sin nada”, previene Douaze. “Algunos comerciantes se niegan a realizar ventas en efectivo para evitar los contagios y prefieren los pagos con tarjeta. Pero estas personas no tienen tarjetas y se ven afectados”.

“Una gran parte de las personas que acompañamos también reciben de manera cotidiana una ayuda alimentaria. Para algunos, esta cadena vital ya se rompió, por falta de productos y de personas para distribuirlos. Esto también añade una tensión suplementaria (...) Es necesaria una organización estatal para la colecta y distribución de los productos alimenticios para los más necesitados y para quienes se benefician habitualmente de la ayuda alimentaria”, apunta. 

Esta crisis resalta los problemas de la política de acompañamiento” en materia de psiquiatría

De manera general, Douaze considera que Francia “está pagando hoy el precio de la política de psiquiatría que se venía siguiendo hace años”.

“Se eliminaron camas en los hospitales. Se quiso hacer una política de acompañamiento para las personas en sus casas, con equipos móviles. Eso no está adaptado a la situación actual de confinamiento (...) Esta crisis resalta los problemas de esta política. Cuando se optaba por las hospitalizaciones había menos riesgo de que esto explotara como ahora. Nuestra preocupación es que si no se encuentran soluciones posibles para estas personas, se reducirá la seguridad”, explica.

Douaze teme que haya una explosión de violencias domésticas: “Se habilitó un número telefónico para las mujeres víctimas de maridos violentos. Eso está bien, pero esa no es la única dimensión del problema. Actualmente, hay personas, jóvenes que están confinadas en familia y no deberían estarlo”, se preocupa Douaze. “Ante esta situación, los hemos contactado y esperamos que ocurra la menor cantidad de incidentes posible”. 

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés

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