Solos y frágiles ante el coronavirus (2/3): la vida en los centros para habitantes de calle

El alcalde de Cannes (Francia), David Lisnard, abrió un centro de acogida para necesitados en una del palacio para recibir a los necesitados y sin hogar.
El alcalde de Cannes (Francia), David Lisnard, abrió un centro de acogida para necesitados en una del palacio para recibir a los necesitados y sin hogar. © Eric Gaillard / Reuters

En medio de la pandemia, los trabajadores sociales siguen acompañando a las poblaciones vulnerables. Erwan, uno de ellos, cuenta cómo se ha implementado el confinamiento para las personas de las que él cuida. 

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“Tuvimos que tomar medidas drásticas”, resume Erwan (nombre modificado). Este trabajador social, que prefiere permanecer anónimo, es un “acogedor” en un centro de alojamiento de emergencia (CHU por sus siglas en francés). En épocas normales, este centro ubicado en Normandía, recibe familias que viven en las calles y les permite pasar la noche bajo techo. Sin embargo, ante la pandemia de Covid-19, los equipos han tenido que adaptarse y modificar su manera de trabajar en medio de la urgencia.

“El día del confinamiento fue un desastre incomprensible (...) No hubo anticipación”, cuenta el joven de unos 30 años. 

Él y sus colegas trataron de avisar a sus superiores a principios del mes de marzo sobre una posible evolución de la situación sanitaria, pero no obtuvieron ninguna respuesta concreta.

“El centro quedó confinado el miércoles 18 de marzo, un día después del comienzo oficial, tras haber elaborado el listado de las personas que se quedarían en el lugar”, explica.

“Entonces empezamos este confinamiento tomando como ejemplo nuestras vidas personales. Tuvimos que ayudarle a las personas a llenar sus autorizaciones de salida. Pero es complicado. Le estamos ayudando a un público que, en su mayoría, es extranjero entonces es difícil explicarles las normas, las consignas (...) Las personas no estaban dimensionando la situación. Seguían saliendo todo el día. Algunos se iban a las nueve de la mañana y regresaban a las nueve de la noche como si nada (...) Así fueron los primeros días. Pensé que no lo íbamos a lograr”, suspira", relata Erwan. 

De una misión de acogida a una gestión de grupo “24h”

En principio, el centro en el que trabaja Erwan es un antiguo edificio de oficinas. En el marco del Plan Invierno, cada año entre el primero de noviembre y el 31 de marzo se convierte en un espacio de alojamiento de emergencia.

“La buena noticia es que el Gobierno decidió mantener los centros del Plan Invierno hasta el 31 de mayo a causa de la crisis sanitaria (...) Pero en realidad, necesitaríamos otro centro, en otro edificio. Este es un lugar para pasar la noche durante el invierno. No está hecho para ser un lugar de acogida las 24 horas del día”, asegura el trabajador social. 

Reconoce que su misión cambió de la noche a la mañana. Dice que, ahora están realizando una labor de organización y gestión de grupo, tal como lo explica el encargado de los recibimientos. “Antes, recibíamos a las personas en la noche, tarde por lo general, les dábamos algo de comer y una cama y, a la mañana siguiente, se iban. Ahora, estamos trabajando sobre cómo llevar la vida en colectividad durante lo que dure el confinamiento”.

Obligados a limitar las plazas

En estas condiciones precarias de alojamiento, el centro tuvo que tomar decisiones y limitar la cantidad de personas que puede recibir a 70 personas fijas: “Ahora, cualquier salida es definitiva”, cuenta Erwan.

“Como no podemos cumplir las reglas de higiene y las normas de seguridad, tratamos de mantener a todo el mundo confinado esperando que no aparezca ningún caso. Por ejemplo, el único verdadero gesto barrera que podemos aplicar es hacer rotaciones para la alimentación en el comedor”.

“Sabemos que sigue habiendo personas en las calles. El 115 quiere enviarlos aquí para llenar las plazas que se han liberado pero ¿cómo podemos estar seguros de que la persona que llegue no sea portadora del virus?”, se pregunta Erwan. 

Hay otro interrogante sin respuesta: “¿qué haremos cuando tengamos el primer caso? Es probable que las demás personas que están alojadas aquí lo contraigan en las siguientes 24 horas, lo hemos visto ocurrir”, considera. 

Según el joven, se están estudiando soluciones de respuesta para transferir a las personas sanas y bajo riesgo si llega a declararse un caso de coronavirus. Sin embargo, no todo es negativo: las autoridades han hecho algunos refuerzos en la organización. “Contamos con refuerzos humanos. Los recursos, en particular en cuanto a recorridos nocturnos, fueron desplegados hacia los centros. También desbloquearon un poco de ayudas económicas”.

“No nos preguntamos si lo vamos a tener. Nos preguntamos cuándo”

Para enfrentar la cotidianidad y continuar con su misión, los coordinadores están poco equipados. “Pedimos material el día del confinamiento y nos contestaron que no éramos una prioridad. Lo cual entiendo: ¡prioridad para el personal médico!”, explica Erwan.

El equipo se las ha arreglado, desde entonces, con lo que tiene a mano. Encontraron una antigua provisión de mascarillas que, desde hace unos 30 años,  están guardadas en un sótano y gel hidroalcohólico vencido. “Es mejor que nada”, según Erwan. 

“También nos entregaron unas batas a principios de la semana pasada. Cinco en talla XXL y aquí en el centro somos por lo menos 10 personas trabajando a diario. Entonces no sirve de nada y no las utilizamos (...) Además, es difícil negarse a los abrazos de los niños del centro. Entonces mi gesto barrera es enrollar mi ropa y bañarme al llegar a mi casa para tratar de no contaminar a mi novia”, comenta. 

“Ya tengo varios colegas enfermos que piensan haber contraído el virus. Tienen los síntomas, pero no les han hecho la prueba. No nos preguntamos si lo vamos a tener. Nos preguntamos cuándo”, afirma, en medio de un tono resignado ante el que asegura que ellos simplemente tratan de "postergar el momento al máximo para que los colegas que están fuera de servicio o bajo licencia puedan reemplazarnos después”.

 

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