Guerra de precios y coronavirus: el doble golpe al mercado petrolero

En la imagen se observa una bomba extractora de petróleo crudo en el condado de Loving, en Texas, Estados Unidos. El 22 de noviembre de 2019.
En la imagen se observa una bomba extractora de petróleo crudo en el condado de Loving, en Texas, Estados Unidos. El 22 de noviembre de 2019. © Angus Mordant / Reuters

Los miembros de la OPEP y Rusia deciden abrir el grifo justo cuando muchos países han tenido que apagar sus motores. Con un exceso de oferta y la caída de la demanda, el espacio para almacenar crudo puede acabarse pronto, lo que terminaría de hundir los precios.

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Los precios del petróleo cerraron el mes de marzo como empezaron: con un drástico desplome. El petróleo WTI, referencia en el mercado de Estados Unidos, cayó el 30 de marzo un 6,6% para ubicarse en US$20,09 y el Brent, referencia en Europa, bajó un 8,7% hasta US$22,76. Se trata de precios que no se veían desde el 2002 y de una caída de más del 60% en lo que va de este año.  

Todo comenzó con la reunión de los miembros de la OPEP y Rusia, en la que los miembros del cartel proponían un recorte de 1,5 millones de barriles diarios para sostener los precios ante la caída de demanda en China. Las medidas tomadas por el gobierno chino para contener el Covid-19 significaron el cese de todas las actividades y, por ende, del consumo de petróleo.

La reunión terminó sin ningún acuerdo, pues Rusia se negó a disminuir su producción, lo que suscitó la primera gran caída de precios de marzo. Luego de esa reunión han sucedido muchas cosas o, mejor, han dejado de suceder. Se han cancelado operaciones aéreas, ciudadanos de muchos países han dejado de utilizar transporte porque están obligados a quedarse en casa, y las actividades están reducidas a lo estrictamente esencial.

La caída de la demanda en las grandes economías del mundo se sumó a la poca probabilidad de que los productores lleguen pronto a un acuerdo. Abril no pinta mucho mejor. Mientras que los productores se preparan para abrir el grifo –tan solo Arabia Saudita planea aumentar la producción a 12,3 millones de barriles diarios– aun se prevé una mayor caída de la demanda. Rystad Energy calcula que la disminución en el consumo será de más de 16 millones de barriles diarios este mes.

¿Qué papel juega Estados Unidos en la guerra de precios?

Con 13 millones de barriles al día, Estados Unidos es el mayor productor de petróleo en el mundo. Sin embargo, la producción de shale oil (petróleo de esquisto), que utiliza la técnica del fracking, tiene mayores costos. Según cifras del Deutsche Bank, las empresas de fracking necesitan un precio de 45 dólares por barril para que la operación sea rentable.

Como le explicó a France24, Francisco Monaldi, experto en petróleo del Instituto Baker, en Houston, es probable que tanto Arabia Saudita como Rusia consideraran que el esfuerzo que llevan haciendo hace algún tiempo, recortando producción, realmente “estaba sirviendo para que Estados Unidos tuviera récord de producción de shale.

“Creo que ambos sintieron que, si seguían recortando en una situación en que la demanda ya estaba colapsando, porque la de China ya había colapsado, de todas maneras, no iban a lograr sostener los precios”. Y aunque ambos países se ven afectados por los bajos precios, Monaldi considera que su apuesta es ganar mercado para estar en una mejor posición cuando se reestablezca la demanda.

Estados Unidos ya está sintiendo la presión y la Casa Blanca ha dado pistas de lo que algunos han interpretado como la búsqueda de una alianza con Arabia Saudita. Monaldi duda que se pueda dar una alianza formal. Sin embargo, destaca una serie de acciones “inauditas” en los últimos días, tales como la petición de varios senadores estadounidenses a Arabia Saudita de que coopere y la propuesta de la Comisión de Ferrocarriles de Texas, entidad reguladora de la industria petrolera en ese estado, de imponer límites temporales a la producción.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, durante una sesión de fotos con otros líderes y asistentes a la cumbre de líderes del G20 en Osaka, Japón, el 28 de junio de 2019.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, durante una sesión de fotos con otros líderes y asistentes a la cumbre de líderes del G20 en Osaka, Japón, el 28 de junio de 2019. © Kevin Lamarque / Reuters

“Todo esto tiene que ver con la desesperación de los productores de Estados Unidos, que con estos niveles de precios buena parte de ellos están perdiendo dinero, lo que significa toneladas de empleos”, dijo Monaldi.

La falta de capacidad para almacenar el petróleo amenaza con hundir más los precios

Como consecuencia de la sobre oferta y la drástica reducción de la demanda, una nueva amenaza se asoma en el horizonte: la falta de espacios para almacenar todo el crudo que se está produciendo y que no se está utilizando.

Según le dijo a este medio Russ Dallen, socio de Caracas Capital Markets, las cuarentenas a nivel mundial provocarán una caída de la demanda de petróleo del 25% desde su nivel previo al coronavirus, que era de 100 millones de barriles por día. Asegura que, sin ningún tipo de restricción y ningún acuerdo entre Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos para estabilizar precios, habrá 25 millones de barriles por día por encima de la demanda.

De acuerdo con cálculos de Citi, en las condiciones actuales la capacidad de almacenamiento podría agotarse a finales del segundo trimestre. Esto provocaría un nuevo colapso de precios, que podrían estar por debajo de 20 dólares (o 10 dólares, según los cálculos más pesimistas). “Si bien los precios más bajos pueden ser una bendición para los consumidores (cuando finalmente comenzamos a viajar de nuevo), es devastador para los productores de petróleo y aplastará a muchos de los más pequeños”, señaló Dallen.

Por ahora, según explica Monaldi, una opción es utilizar los tanqueros, o bancos petroleros. Sin embargo, como señalan analistas de JP Morgan, se trata de una opción más cara y con una capacidad adicional de entre 100 y 150 millones de barriles. “Cuando la infraestructura de almacenamiento esté llena y los saudíes sigan con la guerra de precios y volúmenes, la única opción que queda es que el colapso de los precios al contado obligue a cerrar físicamente la producción existente”, asegura el banco estadounidense.

De acuerdo con The Guardian, al 30 de marzo ya se había dejado de producir 1 millón de barriles diarios, por cuenta del mayor cierre de plataformas petroleras a nivel global en los últimos 35 años.

El impacto del desplome de precios en Latinoamérica

Según Reuters, los petróleos pesados de América Latina habían acumulado una caída del 42% en dos semanas (al 24 de marzo) “dejando algunos productos con precios de un solo dígito, según cálculos independientes”.

En el mismo sentido, Dallen afirma que el desplome del WTI no refleja el impacto en el mercado del crudo pesado, aun menos atractivo. Señala que el barril de petróleo venezolano ya estaba en 3 dólares antes del desplome, debido a las sanciones de Estados Unidos. El precio del crudo Maya, que actúa como indicador de otros crudos pesados de la región, se encuentra por debajo de 10,5 dólares por barril.

Como explica Reuters, en la medida en que se va cayendo la demanda en Estados Unidos –actual epicentro del coronavirus– también disminuye “el apetito por petróleo pesado en las refinerías de la costa estadounidense del Golfo de México”.

Un letrero de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) muestra sus precios de la gasolina en una estación de servicio en Monterrey, México, el 17 de junio de 2019.
Un letrero de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) muestra sus precios de la gasolina en una estación de servicio en Monterrey, México, el 17 de junio de 2019. © Daniel Becerril / Reuters

De acuerdo con Monaldi, los países más afectados serán los exportadores netos de petróleo. Venezuela, a pesar de la drástica reducción en su producción, sigue siendo el país más dependiente del petróleo, y por lo tanto el más golpeado. Le sigue Ecuador, que podría enfrentar una situación “sumamente difícil”. Además de su nivel de deuda previa al desplome de los precios del petróleo y a la crisis de la pandemia, se trata de “un país dolarizado que no tiene posibilidades de devaluar para promover otras exportaciones”.

Colombia también sufre el desplome, aunque le ayuda que su situación fiscal y balanza de pagos previas estaban mejor, asegura Monaldi. En cuanto a Brasil, el experto del Instituto Baker explica que, aunque es el principal productor de Latinoamérica, la cantidad que exporta no es tan relevante para su economía y sus costos operativos dan para seguir produciendo.

En el caso de México, Monaldi señala que no es tan grave desde el punto de vista macroeconómico porque el país ya no es un gran exportador de petróleo. Sin embargo, sí puede tener un impacto en Pemex que podría trasladarse al fisco mexicano.

Según Reuters, “la mexicana Pemex parece ser la más vulnerable entre sus pares en América Latina a los bajos precios del crudo. La deuda financiera de la compañía superó los 100.000 millones en 2019, incluso después de recibir inyecciones de capital del Gobierno”. Esta parece ser también la interpretación de los mercados, ya que la tasa de credit default swaps, una protección en caso de impago, llegó a su nivel más alto en la historia el pasado 31 de marzo.

Con Reuters

 

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