Más de cinco millones de personas viven bajo la amenaza del hambre en el Sahel

Un niño transporta algunos bienes y alimentos sobre su cabeza en un mercado local, ante la llegada de un convoy de Naciones Unidas en la aldea Sabon Machi, en la región de Maradi, Níger, el 16 de agosto de 2018.
Un niño transporta algunos bienes y alimentos sobre su cabeza en un mercado local, ante la llegada de un convoy de Naciones Unidas en la aldea Sabon Machi, en la región de Maradi, Níger, el 16 de agosto de 2018. © Luis Tato / AFP

La alerta del Programa Mundial de Alimentos de la ONU es clara: si estas personas no reciben ayuda inmediata, su actual "inseguridad alimentaria grave" se tornará en "catástrofe" en esta zona de África. Una región en la que a las sequías, el yihadismo y los desplazamientos forzados hoy se suma la amenaza del nuevo coronavirus.

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Este grito de socorro suena a nuevo, pero no lo es. Lo llevamos escuchando desde 2019, 2018, 2017, 2016, y sigue sucediendo en el tiempo. Ocurre que más de cinco millones de personas están sufriendo "inseguridad alimentaria grave" en el Sahel, pero hoy esta crisis humanitaria está "fuera de control", según indicó el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

Como saben, hambre, hambruna e inseguridad alimentaria no apelan a lo mismo, y esta última se refiere sobre todo a una falta de acceso e ingestión de alimentos, que en el caso del Sahel se está transformando en una situación crónica. "Nuestro mensaje al mundo es muy claro: mira hacia otro lado ahora y que las consecuencias serán catastróficas como mínimo", sentenció a EFE el director regional del PMA para África occidental, Chris Nikoi.

Mirar hacia otro lado, en palabras del PMA, sería buscar una solución: hacer llegar ayudas a las millones de personas que pasan hambre y tienen problemas para garantizar su debida alimentación. Porque en cifras, hoy Burkina Faso es el caso más grave, pero no el único.

De aquí a junio, se espera que el número de hambrientos en inseguridad alimentaria en dicho país se triplique hasta 2,1 millones, justo en el inicio de la estación de carestía y cuando el año pasado el número para la misma época era de 680.000. Para Mali y Níger las cuentas no salen mejor, con una previsión de 1,3 millones y 2 millones de personas hambrientas, respectivamente.

Los males del Sahel: sequía, terrorismo, falta de ayuda y, además, Covid-19

En 2018, cuando la ONU lanzó este mismo titular, la sequía, los altos precios de los alimentos y el conflicto armado eran las principales causas de una futura grave hambruna en la región, que hoy es presente. Entonces, la ausencia de lluvia en 2017 afectó al ganado y a las cosechas de naciones como Mauritania, el norte de Senegal y algunas zonas de Mali, Níger, Burkina Faso y Chad. Y, entonces, las noticias que le llegaron al PMA decían que "la población está reduciendo el número de comidas al día y los niños están dejando de ir al colegio (…) Son señales de un desastre inminente que no podemos continuar ignorando".

Con el tiempo, en lugares como Burkina Faso, Mali o Níger también se ha experimentado un "dramático aumento" de las personas hambrientas por la violencia yihadista e intercomunitaria, cuyos ataques en 2019 provocaron, entre otros, más de 4.000 muertes registradas (en 2016 fueron 770) y un incremento de los desplazados internos en el Sahel, migración que ha llegado a multiplicarse por cuatro en un solo año y requiere ayuda alimentaria. De nuevo, Burkina Faso ha sido el que ha recibido el golpe más fuerte, con 780.000 movilizados a lo largo del territorio.

"En algunos países, vemos que el conflicto y la inestabilidad se combinan con fenómenos climáticos extremos que obligan a la población a dejar sus hogares, tierras y lugares de trabajo. En otros, se producen simultáneamente shocks climáticos y colapso económico, dejando a millones de personas al borde de la indigencia y el hambre", advirtió en enero el director ejecutivo del PMA, David Beasley.

Así que a esta situación no le faltaba ningún añadido. Solo que, en tiempos de coronavirus, no ha podido escaparse de otra grave amenaza: el Covid-19. "El aumento dramático del número de personas hambrientas se produce en un momento en el que la pandemia se está extendiendo a países frágiles en una región que alberga los sistemas de salud más débiles del mundo", alertó el Programa Mundial de Alimentos.

El gran problema es que, en el Sahel Central, donde también se han detectado casos, la situación es "extremadamente preocupante" y, cuantos más contagiados haya, más personas hambrientas se sumarán a la inseguridad alimentaria. Y, una vez más, Burkina Faso lidera los contagiados y fallecidos por el virus en la zona, junto a Mali y Niger, según datos de los Centros de Control de Enfermedades de la Unión Africana. 

Es por eso que el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas remarcó, mirando a la comunidad internacional, que necesita 208 millones de dólares para poder cumplir con sus operaciones hasta agosto: "Se necesita más apoyo para afrontar la crisis, especialmente porque la amenaza del virus pone en peligro el trabajo humanitario que salva vidas (…) La gente está al borde del abismo. Debemos dar un paso adelante ahora para salvar vidas. Somos la única esperanza para millones".

De acuerdo con el PMA, cada día 821 millones de personas (una de cada nueve) se van a dormir con el estómago vacío y, una de cada tres de estas, sufren incluso alguna forma de desnutrición. Zimbabwe, Sudán del Sur y República Democrática del Congo son los "puntos críticos" del hambre en 2020. Y, entre ellos, está la región del Sahel.

Con EFE y Europa Press

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