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Millones de personas en el mundo enfrentan el Covid-19 sin poder lavarse las manos

Un habitante de un barrio marginal de India llena un recipiente con agua de un grifo, en medio de un basural, en Nueva Delhi, el 17 de marzo de 2020.
Un habitante de un barrio marginal de India llena un recipiente con agua de un grifo, en medio de un basural, en Nueva Delhi, el 17 de marzo de 2020. © Altaf Qadri / AP

Según datos de la ONU y Unicef, 3.000 millones de personas en el mundo no cuentan con las condiciones básicas necesarias en sus viviendas para cumplir con la principal forma de prevenir el contagio de coronavirus. Los sectores más vulnerables de África, Asia y América Latina se miden a riesgos de propagación más altos. La crisis generada por la pandemia realza la importancia de garantizar un acceso universal al agua limpia y saneamiento.

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Lavarse las manos con agua y jabón. Un acto cotidiano que en tiempos de pandemia de Covid-19 ha adquirido una importancia superior. Según los especialistas, es la principal forma de prevenir el contagio del coronavirus. Pero, ¿qué pasa con aquellos que no tienen acceso a este “escudo” tan básico?

Según datos del programa conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, 3.000 millones de personas en el mundo carecen de las instalaciones básicas para lavarse las manos en sus hogares, es decir, 2 de cada 5 personas a nivel global. De acuerdo a ese cálculo, 1.600 millones de personas cuentan con un acceso limitado al agua o al jabón, mientras que 1.400 millones no tienen ninguna instalación para el aseo.

La situación se agrava en los países menos desarrollados, donde casi tres cuartos de la población no tiene la infraestructura necesaria para el lavado de manos con agua y jabón. En los países de África subsahariana y el centro, este y sur de Asia se registran los casos más difíciles, donde se suma el hacinamiento en las viviendas y las dificultades en los sistemas de salud.

Lo mismo ocurre en zonas vulnerables urbanas y rurales de América Latina, en los campos de refugiados alrededor del mundo o en países atravesados por guerras estructurales como Siria, Yemen o Libia, por mencionar algunos.

“Todavía hay alrededor de 2.200 millones de personas en el mundo sin acceso al agua potable, lo que significa que existe un riesgo muy grande de propagar la enfermedad en esta población si no puede mantener una higiene adecuada”, alerta en diálogo con France 24 Léo Heller, Relator Especial de la ONU sobre los derechos humanos al agua potable y el saneamiento.

Para Heller, “hay algunas poblaciones y zonas particularmente vulnerables a la enfermedad que merecerán una atención muy cuidadosa por parte de los proveedores de servicios”, entre las que destaca a “las personas en situación de calle, las personas de edad con bajos ingresos que viven en asilos, las personas en privación de libertad y especialmente las que viven en asentamientos informales”.

El reclamo por un acceso al agua potable y a condiciones de higiene básicas en medio de la pandemia de Covid-19 también marcó el Día Mundial del Agua, el pasado 22 de marzo, consigna a la que se sumaron ONG de alcance global, como Acción contra el Hambre, Manos Unidas o We Are Water, entre otras. La lucha contra la desnutrición es otro aspecto destacados por estas entidades como necesario para mitigar el impacto del coronavirus y otras enfermedades infecciosas.

“El no tener acceso a agua limpia para consumo, sumado a un estado de nutrición deficiente debido a una inseguridad alimentaria, expone a la población y sobre todo a los niños y niñas, a aumentar su vulnerabilidad frente al Covid-19 porque sus organismos están débiles”, advierte John Orlando, director de la filial de Colombia de Acción contra el Hambre, en diálogo con France 24.

Las vulnerabilidades se profundizan cuando no se cuenta ni siquiera con servicios de saneamiento básicos, gestionados de forma segura. En el mundo, 892 millones de personas aún practican la defecación al aire libre, según cifras de la OMS, una modalidad aún frecuente en África subsahariana, centro, sur y sudeste de Asia y en zonas pobres de América Latina y el Caribe.

“Se ha comprobado que pacientes con Covid-19 expulsan en sus heces el virus, por lo que la falta de acceso a servicios sanitarios en comunidades donde sus viviendas son muy cercanas unas a otras, como sucede en muchos barrios vulnerables de América Latina y el Caribe, aumenta el riesgo de contagio”, afirma Orlando.

África: temor por una propagación que puede ser catastrófica

Según los expertos, una propagación del Covid-19 puede ser catastrófica en África, un continente donde muchas personas no acceden a las condiciones básicas para ejercer el lavado de manos de manera eficiente, a lo que se suman la escasez de agua potable, la carencia de instalaciones sanitarias adecuadas, problemas de malnutrición, alta densidad poblacional en barrios marginales y establecimientos médicos limitados.

Una joven carga un balde con agua potable en Pikine, en los suburbios de Dakar, Senegal, el 9 de marzo de 2020.
Una joven carga un balde con agua potable en Pikine, en los suburbios de Dakar, Senegal, el 9 de marzo de 2020. © Zohra Bensemra / Reuters

De acuerdo a Unicef, en el centro y oeste de África, más de un tercio de las personas aún no tienen acceso a agua limpia. Mientras que la ONG Manos Unidas alerta que alrededor de 300 millones de personas, es decir un 63% de la población de África subsahariana, no cuentan con agua potable e higiénica. Estas carencias, sumadas a la falta de elementos como el jabón, mal endémico en algunos países africanos como Kenia, ponen el simple acto del lavado de manos como algo muy difícil de realizar para poblaciones vulnerables.

Las sequías en el continente han supuesto un obstáculo mayor para el acceso de las personas al agua. Según la ONU, gran parte de los países del centro y oeste de África meridional han experimentado los niveles más bajos de precipitaciones desde 1981.

Pero para algunos expertos, la crisis puede significar la señal de alarma necesaria que impulse el desarrollo de proyectos para la mejora del suministro de agua en el continente. 

“Creo que esta es una oportunidad. Ha sacudido a los tomadores de decisiones, ha sacudido a las personas, y creo que los actores ahora pueden construir a partir de él un enfoque y un plan más sostenido”, aseguró a Reuters Mariame Dem, directora regional de la organización WaterAid en África occidental.

El desafío será lograr mejoras a largo plazo que trasciendan la pandemia de coronavirus y permitan prevenir el contagio de otros males en un continente donde entre el 70% y el 80% de las enfermedades se atribuyen a la mala calidad del agua, según la OMS.

India: la falta de agua limpia y el hacinamiento elevan las preocupaciones

Entre los países asiáticos afectados por la falta de acceso a agua limpia y a condiciones básicas de higiene, India es uno de los que más preocupación genera, dado que agrega las condiciones de hacinamiento existentes en muchos de los barrios más vulnerables del país. Así, aplicar las principales barreras contra el Covid-19, como el lavado de manos y el “distanciamiento social”, se hace más complicado.

Los residentes de un barrio pobre de India recolectan agua potable de un grifo público en Hyderabad, el miércoles 18 de marzo de 2020.
Los residentes de un barrio pobre de India recolectan agua potable de un grifo público en Hyderabad, el miércoles 18 de marzo de 2020. © Mahesh Kumar / AP

Según Léo Heller, todavía no se ha hecho una “evaluación adecuada” del impacto que puede tener el virus en lugares con grandes aglomeraciones de personas porque los países con más asentamientos informales “se han visto afectados más recientemente”, no solo en India, sino también en África y América Latina.

“Existe una gran preocupación por la intensa expansión de la enfermedad en estos espacios, con la combinación de hacinamiento y acceso precario. Al mismo tiempo, las personas no podrán lograr el aislamiento social necesario y no tendrán las condiciones de higiene necesarias. Las próximas semanas mostrarán lo que sucederá en estas áreas”, asegura Heller a France 24.

Además, alrededor de 160 millones de los 1.300 millones de habitantes del país con mayor densidad poblacional del mundo no cuentan con agua limpia, mientras que según Unicef, casi el 20% de los pobladores en zonas urbanas de país no cuentan con agua y jabón en casa.

Más allá de la pandemia del Covid-19, en India, cerca de 200 mil personas mueren cada año por enfermedades relacionadas a agua insegura o no limpia, mientras que la falta de agua también provoca inseguridad alimentaria.

“El acceso a agua limpia es un derecho humano básico. Nadie debería tener miedo de perder su vida porque no puede practicar la primera línea de defensa, que es el lavado de manos”, reclamó V. K. Madhavan, director ejecutivo de la organización WaterAid en India.

América Latina y el Caribe: barrios periféricos y zonas rurales cuentan con las mayores dificultades de higiene

Si bien los países de América Latina y el Caribe han logrado importantes avances en los últimos años para mejorar las condiciones de acceso al agua potable y a servicios sanitarios, las falencias aún existen, sobre todo en los barrios periféricos de los grandes centros urbanos y en las zonas rurales.

Un trabajador llena un contenedor con agua de un camión cisterna en el barrio marginal de Villa María del Triunfo en Lima, Perú, el 13 de marzo de 2020.
Un trabajador llena un contenedor con agua de un camión cisterna en el barrio marginal de Villa María del Triunfo en Lima, Perú, el 13 de marzo de 2020. © Martín Mejía / AP

De acuerdo al programa conjunto de la OMS y Unicef, el 74,32% de la población tiene acceso a agua manejada en forma segura y el 22,45% a una conexión básica. Pero eso refleja que casi 37 millones de personas en la región no cuentan con agua potable, según el Banco Mundial.

Mientras que a nivel sanitario, OMS y Unicef destacan que el 31,32% tiene servicios seguros y el 55,86 básicos. Pero, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2017, 82,7 millones de personas carecían de saneamiento básico en América Latina y el Caribe y, entre ellos, 15,5 millones continuaban practicando la defecación al aire libre, siendo Bolivia, Brasil, Colombia, Haití, Perú y Venezuela los países donde más se desarrolla esta práctica.

Para Juan Ignacio Bonfiglio, investigador del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), los mayores inconvenientes que enfrentan los habitantes de zonas vulnerables para una correcta higiene en medio de la pandemia de Covid-19 tienen que ver con “el déficit en términos de servicios, el hacinamiento, vivir en viviendas con materiales inadecuados”, situaciones que también “dificultan las posibilidades de aislamiento de estas poblaciones” y, a la vez, si lo hacen, “implican situaciones de privación muy fuertes”.

En estos sectores, según sostiene Bonfiglio a France 24, también incide la situación económica porque “tienden a tener ingresos muy ligados a las actividades laborales informales y, en este contexto, se ve fuertemente golpeada su economía como consecuencia del aislamiento”.

En las dificultades para garantizar agua limpia y saneamiento seguro no se debe descartar el impacto del cambio climático. Para John Orlando, de Acción contra el Hambre Colombia, la crisis climática “está sintiéndose muy fuerte en la región de América Latina y el Caribe, con fuertes temperaturas, incendios forestales y sequías marcadas”. “Cabe destacar que la mayoría de los ríos, que son la fuente principal de acceso a agua para las familias, presentan mayor contaminación ahora que en la década de 1990”, subraya.

Asimismo, agrega que “aún existe una importante brecha entre las áreas rurales y las urbanas, con un alto crecimiento de las zonas de periferia debido al asentamiento de población que se ha desplazado o que migra”. "Todo esto constituye una fuente de asimetría en relación con el acceso al agua potable y a servicios básicos de saneamiento”, asevera.

La crisis del Covid-19, ¿una oportunidad?

Para paliar el impacto de la propagación del Covid-19 en las zonas más vulnerables del mundo, una participación fuerte de los Ejecutivos nacionales es fundamental, según Léo Heller. “La presencia del Estado en este contexto es extremadamente necesaria para asegurar el suministro de agua disponible, accesible y ‘asequible’”, sostiene.

En ese sentido, el Relator Especial de la ONU remarca que, junto a sus colegas, solicitaron a los estados “detener inmediatamente los recortes y considerar que se suspenda el pago de facturas por parte de las personas en situación de pobreza”.

“Se espera un fuerte compromiso con la salud pública por parte de los proveedores de servicios, ya sean públicos o privados, y de los gobiernos. No es momento de limitar los esfuerzos para servir a las personas vulnerables. La preocupación por la obtención de beneficios o la sostenibilidad financiera de los servicios debería ser la última prioridad de estos actores en este momento. ¡La prioridad debe ser salvar vidas!”, reclama.

En la labor de asistencia frente a la crisis, las ONG también están jugando un papel importante. John Orlando cuenta que, en el caso de Acción contra el Hambre, han dispuesto “la distribución de kits de higiene a poblaciones particularmente vulnerables”, así como la entrega de alimentos. “Nuestra prioridad es contener la propagación del virus y mitigar los efectos inmediatos de las restricciones de movimientos, como es el hambre y la desnutrición infantil”, considera.

Pero frente a este escenario de crisis, como reza un antiguo proverbio chino, existe una oportunidad. Para Léo Heller, la situación actual ha demostrado que “el acceso universal y no discriminatorio al agua y al saneamiento, de manera compatible con el marco de los derechos humanos, protege a todos contra la expansión de una epidemia como ésta”.

De cara al futuro, el Relator Especial de la ONU advierte que “desafortunadamente, esta no es la última (y probablemente no la más seria) pandemia a la que nos enfrentaremos en las próximas décadas” dado que “el cambio climático global ha estado apuntando a escenarios poco prometedores en este sentido”. 

“Por lo tanto, si las sociedades se organizan y preparan, entre otras medidas con la disponibilidad de agua y saneamiento para todas las personas, adquirirán resistencia para disminuir los efectos de estos fenómenos globales”, afirma.

El tiempo definirá si esta pandemia favorece un plan de acceso universal al agua limpia y condiciones de saneamiento adecuadas. Si eso ocurre, el lavado de manos, esa acción básica de prevención contra enfermedades infecciosas, dejará de ser un acto de lujo y se convertirá también en algo cotidiano para las poblaciones más vulnerables.

France 24 con Reuters y AP

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