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Desconsuelo y trastornos psicológicos en Italia, un mes después del confinamiento por el Covid-19

Los clientes hacen cola en el mercado de pescado de Rialto, ya que la región del Véneto implementa nuevas restricciones para los mercados al aire libre para prevenir la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19, en Venecia, Italia, el 4 de abril de 2020.
Los clientes hacen cola en el mercado de pescado de Rialto, ya que la región del Véneto implementa nuevas restricciones para los mercados al aire libre para prevenir la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19, en Venecia, Italia, el 4 de abril de 2020. © Manuel Silvestri / Reuters

La incertidumbre se ha apoderado de los más de 60 millones de italianos, que siguen en cuarentena obligatoria debido al brote del coronavirus que ha contagiado a cerca de 125.000 personas y cobrado la vida de más de 15.000 en el país transalpino.

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A las 6 p.m. en punto, el inquilino del tercer piso abre la ventana y arranca con su repertorio musical. Es lo que hace desde hace casi un mes. Retumba con "Imagine" de John Lennon, "I Will Survive" de Gloria Gaynor, y también "Azzurro" y "Volare", de los cantantes folclóricos Adriano Celentano y Domenico Modugno, canciones insignias de esa Italia del siglo pasado que se quería levantar tras las penurias de dos conflictos bélicos mundiales.

Pero ya casi nadie lo acompaña, ni se asoma para cantar. No hay más panderetas, divos que dan espectáculos, aplausos, flashmobs, o gritos de ánimo para sortear el confinamiento. Así ocurrió al comienzo, poco después de que el gobierno italiano decretara el confinamiento obligatorio de 60 millones de personas por la pandemia del Covid-19. 

Ahora ya es una rareza. El principal pasatiempo para amenizar el encierro ha cedido el paso a un sentir generalizado de desconsuelo e incertidumbre por el incierto devenir del escenario social y económico del país, ante un drama colectivo jamás pensado.

“Lo único que sabemos es que no sabemos nada”, dice una cartera de correos del barrio romano de Monteverde, parafraseando a Platón y envuelta en mascarilla y guantes, el uniforme anti-Covid-19, cada vez más usado por la población pese a que no sea obligatorio. “Al principio del brote tenía mucho miedo de salir de casa. Ahora ya me estoy acostumbrando (…) quién sabe si volveremos a nuestras vidas de antes”, observa Marisa, dueña de un pequeño almacén en la misma zona.

La suya, como la de la cartera, es una de las pocas profesiones consideradas de primera necesidad y eximidas del encierro obligatorio, pero no por eso Marisa no siente la desesperación de sus conciudadanos. “Es una situación tan extraña, vivimos sin saber qué pasará mañana”, comenta la mujer, cuyas ventas han aumentado considerablemente gracias a las interminables colas -ahora incluso más largas- que se ven delante de los supermercados. 

Algunos lo han dicho sin tapujos. “Basta de canciones desde los balcones. Tenemos que vivir de luto”, llegó a decir el actor de cine y televisión Beppe Fiorello. “Se lo debemos a los muertos y sus familias”, explicó. 

Una persona se sienta en el balcón mientras la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19 continúa en Milán, Italia, el 3 de abril de 2020.
Una persona se sienta en el balcón mientras la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19 continúa en Milán, Italia, el 3 de abril de 2020. © Daniele Mascolo / Reuters

Enemigos en tiempos de confinamiento

Salir a la calle, en verdad, no da mucho placer. La tristeza que se siente en el entorno se suma al posible disgusto de acabar en la mira de alguien que te insulte desde su balcón, sin saber si estás vulnerando el confinamiento por necesidad o por gusto. Un fenómeno, este, que está siendo observado por los psicólogos. 

“En situaciones extremas como esta, en la que reinan la incertidumbre, la ansiedad y el miedo, algunos grupos sienten la necesidad de encontrar un enemigo físico. Sin embargo, los virus, que son invisibles, difícilmente se pueden concretar en eso”, señala la psicóloga Maddalena Castelletti. “Por ello todo infractor o presunto infractor se convierte en ese enemigo, un enemigo al que achacar un daño que se cree afecta a la colectividad”, añade Castelletti quien trabaja en la localidad de Tromello, en la castigada región de Lombardía (norte).

A esta situación también se suman los graves traumas psicológicos que están sufriendo los médicos que están en primera línea combatiendo contra el coronavirus, que ven a pacientes, e incluso a sus compañeros de trabajo, morir en su lucha contra el virus (80 médicos habían fallecido hasta este sábado). 

“Imagínense qué significa tener que estar en contacto permanente con la muerte, incluso remplazar a las familias y a los sacerdotes en el momento del último adiós (de los pacientes que fallecen)”, cuenta Carlo Palermo, secretario de ANAAO, uno de los principales sindicatos de médicos de Italia. “Es un dolor que crece cada día”, agrega Palermo.

Al igual que los médicos, también las enfermeras y el resto de los trabajadores del sector sufren fuertemente. Tanto que ya dos de ellas, que atendían a enfermos de coronavirus, incluso se han suicidado. 

La primera fue Daniela Trezzi, quien tenía  34 años y trabajaba en la terapia intensiva del hospital Gerardo de Monza (norte). Agotada por la tensión y las infinitas horas de trabajo, Trezzi se quitó la vida a finales de marzo después de conocer que había contraído el coronavirus. Temía haber contagiado a otros, contaron sus colegas. La otra fue Silvia Lucchetta, de 49 años, quien fue encontrada ahogada en el mar.

“Han aumentado las personas que sufren de los trastornos del estado de ánimo, de insomnio y de ataques de pánico. Para el futuro, también nos esperamos una alza en los afectados por estrés postraumático y burnout (el síndrome del quemado)”, explica la psicóloga Castelletti. “En los niños, en cambio, también ya hemos visto casos de depresión”, añade.

El personal médico con equipo de protección completo lleva a un paciente en una camilla por una calle en Nápoles, Italia, mientras continúa la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19, el 2 de abril de 2020.
El personal médico con equipo de protección completo lleva a un paciente en una camilla por una calle en Nápoles, Italia, mientras continúa la propagación de la enfermedad por coronavirus Covid-19, el 2 de abril de 2020. © Ciro De Luca / Reuters
Sentir miedo a no sobrevivir a la pandemia

Algunas preocupaciones, además, están muy justificadas, en particular para aquellos ciudadanos más desfavorecidos, con trabajos informales que no dan acceso a los subsidios que el Estado está ofreciendo, o víctimas del crimen organizado, como las prostitutas.

Los delincuentes, de hecho, son la otra incógnita. Pues si bien todos los delitos han bajado enormemente —la prostitución, por ejemplo, cayó en marzo un 77 %, según datos del Ministerio del Interior—, numerosos fiscales y jueces han empezado a alertar sobre las posibles nuevas oportunidades de negocios que se le abrirán a las mafias después de la crisis, por los aprietos económicos de las empresas.

“Como es bien sabido, las mafias no tienen problemas de liquidez. Por eso el desafío será impedir que se aprovechen del mal momento económico y de todas las consecuencias que está suponiendo para las empresas”, ha dicho, al respecto, el alcalde de Milán, Beppe Sala. “No será fácil”. 

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