Entrevista

Didier Sicard: "Es primordial investigar sobre el origen animal de la pandemia"

Vuelo de murciélagos en Myanmar el 1 de marzo de 2020.
Vuelo de murciélagos en Myanmar el 1 de marzo de 2020. © Ye Aung Thu / AFP

Para Didier Sicard, especialista en enfermedades infecciosas, es esencial investigar sobre el origen de la epidemia del Covid-19. Mientras que actualmente la investigación se concentra sobre los tratamientos y las vacunas, Sicard considera que es necesario actuar ante todo sobre la cadena de contaminación de los coronavirus, cuyo origen es animal, con el fin de evitar que ocurran nuevas crisis sanitarias similares. 

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Didier Sicard, profesor de medicina emérito en la Universidad de París, más conocida como La Sorbona, y expresidente del Comité Consultivo Nacional de Ética entre 1999 y 2008, ha intervenido desde hace varios años en los grandes debates de salud pública en Francia. Sicard ha abordado temas como el final de la vida o las epidemias, en particular la del VIH.

En diálogo con France 24, este especialista en enfermedades infecciosas dio sus puntos de vista sobre la actual pandemia del nuevo coronavirus Covid-19, que ha azotado a gran parte del planeta y tiene a Francia como el quinto país con más contagios, con cerca de 94.000 infectados, y el tercero con mayor cantidad de fallecimientos a causa de la enfermedad, con cerca de 9.000 decesos.

France 24: ¿Por qué es urgente investigar sobre el origen animal del Covid-19 y volver al principio para estudiar la cadena de transmisión en el terreno?

Didier Sicard: Es fundamental y urgente porque la cadena de transmisión entre los animales y los seres humanos es un eslabón esencial de las crisis sanitarias. La pandemia del Covid-19 se originó en el mercado Huanan de Wuhan, donde se vendían animales salvajes vivos: murciélagos, pangolines, serpientes y otras especies, con frecuencia untados de orina y excrementos. Además, estaban amontonados en los puestos en condiciones de higiene deplorables, y medio escondidos, pues su comercio en teoría está prohibido. Los estrechos puestos contenían cientos de animales portadores del virus.

Hay varias maneras posibles mediante las cuales estas especies pudieron contaminar a los humanos: por medio de sus excrementos, por un contacto físico con los vendedores que los ofrecían, por los consumidores que los tocaban con las manos o por los niños que los tocaban por curiosidad. Luego, estas personas se llevaron las manos a la boca y el virus pasó a sus bronquios. Cuando el virus se transmite al humano, es como si se hubiera lanzado una cerilla en un pozo de petróleo, pues el ser humano jamás había tenido contacto con este virus. 

Murciélagos en una gruta en Mikulov, en República Checa, el 9 de marzo de 2015.
Murciélagos en una gruta en Mikulov, en República Checa, el 9 de marzo de 2015. AFP/Archivos

France 24: ¿Los animales son portadores, pero no están enfermos?

D.S.: Efectivamente, los animales portan virus que no los afectan. Los murciélagos son portadores de una treintena de coronavirus pero viven en perfecta armonía con ellos. Los pangolines también son portadores del Sars-CoV-2, responsable de la epidemia del Covid-19, sin duda contaminados por los murciélagos, al igual que las civetas contaminadas durante la epidemia del Sars-CoV-1 en 2003. De hecho, hace unos días, investigadores de la Universidad de Hong Kong identificaron dos cepas de virus similares entre los pangolines atrapados en China. 

Además, existe un ciclo de transmisión bastante complejo entre los murciélagos y los pangolines, que pasa por los árboles frutales. Los pangolines se contaminan al comer hormigas, que a su vez están contaminadas por los árboles contaminados por la orina de los murciélagos. Es posible que las serpientes también contribuyan a la cadena epidemiológica, pues comen murciélagos muertos. 

Por esta razón sería necesario llevar a cabo investigaciones en el terreno. Me parece fundamental crear una especie de alerta permanente sobre la presencia de estos virus en los animales con el fin de tomar precauciones de una radicalidad absoluta y modificar nuestro contacto con los animales salvajes. 

France 24: ¿Usted aboga por regresar a los orígenes del mal para evitar que no se vuelva a producir una crisis sanitaria similar?

D.S.: Sí, pero volverán a ocurrir. La deforestación y la expansión de las tierras agrícolas favorecen la propagación de los murciélagos, portadores de múltiples coronavirus. Por razones económicas y comerciales, cada vez se siembran más árboles frutales en regiones que antes no habían sido cultivadas y que se sitúan cerca de las cuevas donde viven los murciélagos. Mientras que los murciélagos sigan teniendo acceso a este tipo de alimentación, la situación continuará. Habrá otros coronavirus, otras epidemias. La enfermedad de Lyme, por ejemplo, está directamente relacionada con la deforestación estadounidense: cuando los roedores portadores de los microbios responsables de esta enfermedad desaparecieron, las garrapatas, "desesperadas", por decirlo de alguna manera, empezaron a picar a los humanos. 

Dos personas con mascarillas protectoras pasan frente a una bandera comunista el 2 de abril de 2020 en la ciuda china de Wuhan
Dos personas con mascarillas protectoras pasan frente a una bandera comunista el 2 de abril de 2020 en la ciuda china de Wuhan Noel Celis AFP

Alrededor del 70 % de las enfermedades infecciosas recientes son de origen animal. Pero hay una especie de ceguera: solo existe un interés por esas enfermedades una vez que el ser humano ha sido afectado. Se trata de encontrar un medicamento o una vacuna, pero hay mucha indiferencia en cuanto a la prevención. Consideremos los ejemplos del dengue y del paludismo, transmitidos por los mosquitos. Es mucho más fácil acabar con los mosquitos con ayuda de insecticidas cuando están en estado de larvas, durante la temporada seca, que esperar su eclosión. Sin embargo, aún sabiendo esto, ningún país, ninguna municipalidad se ocupa de los mosquitos en su estado más vulnerable. Se precipitan cuando los mosquitos empiezan a picar pero ya es demasiado tarde, las enfermedades se propagan, causando miles de muertos. 

F24: Beijing prohibió oficialmente el pasado 24 de febrero el comercio y el consumo de animales salvajes. Una legislación similar había sido adoptada durante la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en 2013. Sin embargo, se ha observado que estas prohibiciones casi no se respetan. 

D.S.: Desafortunadamente no. Mi hipótesis es que en China, un país muy dictatorial en el cual el Partido Comunista lleva las riendas, la única manera de darle a las personas una especie de libertad ciudadana consiste en mantener vivas las supersticiones, particularmente en materia de afrodisíacos. Los chinos son los mayores consumidores de animales salvajes en el mundo, pues se supone que estos actúan sobre la vejez, la vida sexual, etc. El Gobierno dice estar preocupado por estos mercados clandestinos de la mafia pero le quita un poco de presión a la población dejando que estas creencias se mantengan. En un país tan organizado en el plano policial, no veo cómo se podrían consumir pangolines o murciélagos sin que la Policía lo sepa. 

F24: ¿Piensa usted que puede haber una presión internacional por parte de otros países para que China realmente actúe en ese ámbito?

D.S.: Tal vez, pero no es fácil. China se va a defender y lo va a negar. No quiere ser acusada y asumir su responsabilidad. Como el mercado de Wuhan fue limpiado y cerrado por las autoridades, ya no hay pruebas. El Ministerio de Asuntos Extranjeros chino incluso dijo que se trataba de un virus estadounidense importado por el Ejército de Estados Unidos. Creo que la opinión internacional no se dejará engañar, pero no me imagino a Beijing tomando medidas radicales porque se trata de prácticas culturales importantes para los chinos. 

F24: Usted aboga por la creación de un tribunal sanitario internacional. ¿Cuáles serían sus objetivos, su modo de funcionamiento?

D.S.: Sería necesaria una estructura que no sea la Organización Mundial de la Salud (OMS), que no sea pagada por los Estados -China contribuye al financiamiento de la OMS y desde el principio presionó a la organización para que no hablara de pandemia-. Sería necesario una especie de tribunal que emita sanciones inmediatas y financieras contra las países involucrados cuando se identifiquen cadenas de tráfico de animales salvajes o de venta en los mercados. Este tribunal sanitario funcionaría con científicos que proveerían datos actualizados y con investigadores supranacionales, como en la Corte Internacional de Justicia. 

 

Este artículo fue traducido de su versión original en francés.

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