Ritos funerarios de judíos y musulmanes, suspendidos por el coronavirus

Un másbaha, rosario musulmán, sobre una tumba en la parcela de la comunidad musulmana en el cementerio de Thiais, Francia, 28 de octubre de 2012.
Un másbaha, rosario musulmán, sobre una tumba en la parcela de la comunidad musulmana en el cementerio de Thiais, Francia, 28 de octubre de 2012. AFP - KENZO TRIBOUILLARD

Debido al alto riesgo de contagio del Covid-19, las autoridades sanitarias francesas prohibieron ciertos ritos funerarios como el lavado del muerto. Un obstáculo para los creyentes que pierden a sus seres queridos, en especial para los musulmanes y los judíos, tan arraigados a sus costumbres.

Anuncios

"Desde que los seres humanos están en la tierra han hecho sepulturas, tienen ritos de duelo. Los hay en todas las culturas y ahora se ven obligados a no poderlos realizar. Esto va a provocar angustia y descontento entre los sobrevivientes en los meses y años por venir".

Estas declaraciones las hizo el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik en entrevista a la emisora francesa 'France Inter' el pasado 25 de marzo.

Actualmente esas palabras describen la situación por la que atraviesan miles de familias de luto por la epidemia de coronavirus. Y en particular, los creyentes.

Funeral, baño mortuorio… Estos importantes rituales del proceso de duelo fueron prohibidos en Francia y así quedó escrito negro sobre blanco en el Diario Oficial.

La imposibilidad de realizar los ritos funerarios musulmanes y judíos para acompañar a los muertos es una prueba más que las familias deben sobrellevar además del duelo. Por eso las autoridades religiosas han tenido que adaptarse a la pandemia de Covid-19, y al mismo tiempo, tranquilizar a los fieles.

El islam considera a los muertos por Covid-19 como mártires

"El contexto de la epidemia existe en la religión musulmana", explicó Mohammed Moussaoui, presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM) a France 24. "Debíamos informar a los fieles de estas reglas excepcionales. Lo más importante es la suspensión del baño mortuorio".

El CFCM siguió las recomendaciones del Alto Consejo de Salud Pública (HCSP por sus siglas en francés) que en esta materia puso por delante el principio de precaución. La decisión del 18 de febrero es clara: "una persona fallecida por coronavirus puede contaminar a quien la toque. El riesgo está comprobado”.

Luego, aunque el HCSP flexibilizó las restricciones, el CFCM prefirió mantener la prudencia, ya sea que el difunto estuviera enfermo con coronavirus o no. "Lo que nos disgustó fue que nos autorizaran a realizar el baño con la condición de protegerse bien con gafas, casco, traje de protección, guantes y de haber sido entrenados para este tipo de situaciones", explicó Mohammed Moussaoui.

"Sin embargo, sabemos que el personal funerario no está preparado. Es un protocolo muy preciso para ponerse y quitarse el traje de protección sin correr el riesgo de contagiarse. Además, consideramos que no sería acertado usar material de protección para realizar el baño mortuorio cuando al personal médico le hace falta", agregó.

 

La comunidad judía renuncia a los ritos para preservar la vida

Lo principal es "salvar la vida humana", afirmó Richard Wertenschlag, gran rabino de Lyon. "En la medida en que haya un riesgo de contagio, seguiremos los consejos del Gobierno y de los médicos. Para la inhumaciones prohibimos las aglomeraciones, un máximo de 15 personas puede asistir a los funerales. Aún el Shabat, el día más sagrado para los judíos, puede ser infringido cuando se trata de preservar la vida humana. Aceptamos renunciar a los ritos funerarios porque es peligroso para todos aquellos que van a transportar el cuerpo hasta su inhumación".

Pero más allá del lavado mortuorio, un ritual muy importante en la religión judía, es todo el camino hacia la muerte el que se ha visto alterado. "Es nuestro deber acompañar a quien agoniza, rodeado de sus seres queridos, de su familia, a imagen del patriarca Jacob que reunió a sus hijos y a sus nietos antes de dejar este mundo. Aún después de morir no hay que abandonarlo. Durante el velorio salmodiamos, leemos todos los salmos por turnos. Se acompaña hasta la inhumación", explica en detalle el rabino Wertenschlag.

"Por ahora no hay posibilidad de reunirse. Durante la inhumación se necesitan diez hombres para el kadish, la oración de santificación que debe hacer la persona que esté en duelo, sea la esposa, el esposo o los hijos. Si no hay diez hombres no podemos recitar el kadish", agrega.

"La soledad en el duelo"

El duelo es un proceso muy largo en el judaísmo. "Dura once meses y durante la primera semana no está permitido trabajar", explica el rabino Wertenschlag. "Tampoco hay servicios religiosos desde que comenzaron estos tristes hechos. Cerramos las sinagogas y tampoco hay culto en la casa para evitar todo contagio. Esta soledad durante el duelo es muy mal vista. Es una doble prueba, pero la aceptamos porque lo más importante es vivir el mayor tiempo posible en este mundo", cuenta el gran rabino de Lyon.

La cuestión ahora es: ¿cómo se puede dar palabra de aliento y ayudar a los creyentes a aceptar lo que puede parecer inaceptable? "Todas las personas fallecidas en medio de esta epidemia son elevadas a rango de mártir", subraya Mohammed Moussaoui. "El baño mortuorio está prohibido cuando se trata de un mártir de guerra, que muere solo en el campo de batalla y es enterrado como está vestido. Solo se realiza la oración fúnebre", agrega.

El judaísmo comparte esta posición pero con una diferencia. "Es una prueba terrible para la familia, pero también para la persona que fue habitada por ese gran mal. Se ve morir de manera fulgurante. Son almas que dejan este mundo para ir a la eternidad. No existe ser humano que no haya errado pero estos sufrimientos le perdonarán todas sus faltas. Son los mártires de esta enfermedad", explica el gran rabino de Lyon.

"Esta situación, de encerrarnos en nosotros mismos, el hecho de enfrentarnos solos a nuestra conciencia, todo esto debe cuestionarnos. Un virus puede llevarse en segundos lo que hemos construido. Debemos cuestionarnos para así crear un mundo nuevo, más apacible, más positivo y con principios fundamentales que hacen que el hombrea sea hecho a la imagen y semejanza de Dios".

La repatriación de los cuerpos, un dolor de cabeza para las familias

La gran mayoría de estos 'mártires' del Covid-19 tendrán que ser enterrados en Francia, pues el transporte aéreo está detenido. Algo que sinnúmero de familias considera una traición, ya que muchos difuntos pidieron ser enterrados en su país de origen. "Hasta donde sé, los difuntos de origen turco aún pueden ser repatriados, hay un sistema de vuelos de carga pero sin acompañante. Creo que Argelia está tratando de poner en marcha algo similar y Marruecos estudia la cuestión. La repatriación a veces es posible pero sin la familia", detalla el presidente del CFCM.

Moussaoui subraya eso sí que "según la tradición musulmana uno debe ser enterrado allí donde muere. El transporte de cuerpos es una derogación religiosa según el caso. En la actualidad, en Francia, no hay una concesión perpetua". De ahí que sea complejo pedirle a las familias que renueven la concesión por cinco, diez, veinte años etc…

La otra pregunta que surge tiene que ver con las parcelas reservadas en los cementerios para uso de las comunidades religiosas. En la religión musulmana las sepulturas deben estar orientadas en dirección a La Meca. "Solo unas 600 de las 35.000 comunas disponen de sepulturas musulmanas. Es muy poco", lamenta Moussaoui. Aunque sabe que no se necesitan en todas las comunas.

Con todo esto y con el aumento exponencial de muertos por coronavirus, el fantasma de una cremación sistemática vuelve a surgir, una práctica que es tabú tanto en el islam como en el judaísmo.

Un temor alimentado por la recientes revelaciones sobre las cremaciones en China durante la pandemia. Todo parece indicar que esta práctica le permitió a las autoridades disimular el verdadero número de víctimas de Covid-19. Se trataría de varios miles de personas, más allá de las 3.304 anunciadas oficialmente. Sin embargo, el presidente Macron descartó esa posibilidad el pasado 23 de marzo durante una videoconferencia con los representantes de los cultos en Francia.

No hay tiempo para el recogimiento

Henri Kaim dirige PKF, una empresa de servicios funerarios en Villeurbanne, a las afueras de Lyon desde hace cuatro años. Fue creada en esa época para paliar la falta de pompas fúnebres israelíes en toda la región de Ródano - Alpes. Hoy administra los funerales de todos los cultos. Si bien es cierto que la pandemia cambia la manera como las familias llevan el duelo, también modifica el modo de trabajo.

Con esta crisis del Covid-19 va a desatarse una carrera a contrarreloj para los servicios fúnebres. Hay que trabajar rápidamente. "Si las personas mueren en el hospital, las ponen en unas bolsas y luego las metemos inmediatamente en el féretro. Se les presenta a la familia: solo dos a cinco personas pueden estar y el cajón debe estar cerrado. Desde el 2 de abril ya no pueden ver el rostro del difunto", lamentó Kaim.

El director de PFK cuenta cómo se ha adaptado para hacer los ritos religiosos pero respetando las directivas gubernamentales. "Cuando voy a recoger un cuerpo con mi equipo hacemos lo mínimo pero no lo ponemos en el féretro así no más. Lo envuelvo en una mortaja, como hacen los musulmanes, pongo una sábana blanca dentro del ataúd, tierra de Israel y luego pongo la túnica blanca que debe ponerse después del lavado".

Siendo comprensivo con el dolor de las familias, Henri Kaim trata de ayudarlas a que den, de la mejor manera posible, el último adiós a sus seres queridos. "Si están de acuerdo las contacto vía WhatsApp, pongo el teléfono al lado para que puedan hablarle antes de cerrar el féretro. Me hago a un lado por respeto pero es duro oír esos 'perdón mamá, perdón papá, perdón por no estar ahí'".

'Enterraron a mi padre como un perro'

El dolor es mayor por la sensación de querer salir rápido de esto. "Una señora me dijo: 'Van a enterrar a mi padre como a un perro'. Aún queda algo de dignidad pero es triste. No me gusta trabajar con gente así, nadie estaba preparado", relata Kaim.

"Las familias nos ven llegar con guantes, mascarillas, trajes blancos como los forenses que salen en las series de televisión… Es muy complicado", agrega. "Durante los trámites administrativos debemos usar guantes, mascarilla y solo dos familiares pueden estar en la oficina… Las relaciones humanas son diferentes", explica.

En cuanto a la repatriación hacia Israel, aunque solo un "10% de la comunidad lo desea" todavía hay opciones, pero Henri Kaim no quiere tomar riesgos. Algunos "pasan por Liège (Bélgica) o por Turquía. Yo no trabajo así. El consulado de Israel pide unos cuidados de conservación que concretamente no podemos hacer y que de todas formas están estrictamente  prohibidos".

Israel restringió los vuelos desde y hacia Francia el pasado 5 de marzo y toda persona que entraba a su territorio era puesta en cuarentena. Actualmente todos los vuelos entre ambos países están suspendidos. "Tuve cuatro entierros seguidos de familias que había comprado concesiones en Israel. Tuvieron que pagar por criptas temporales pero eso quiere decir que tendrán que pagar la exhumación dentro de un año para proceder a la repatriación. Son gastos demás que no todo el mundo puede costear".

Ahora Henri Kaim teme el pico de la epidemia. "Tengo unas diez personas 'en espera'. Las familias han ido anticipando porque los médicos les dicen que el fin está por llegar. Esto no nos sucedía antes. Uno espera que todo esto pase, pero se siente miedo".

 

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

 

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24