Los talibanes suspenden el diálogo en Afganistán al fracasar la liberación de prisioneros

El portavoz político de los talibanes culpó a la Administración del presidente afgano Ashraf Ghani de retrasar la liberación de los prisioneros, elemento de negociación clave para iniciar un diálogo nacional en Afganistán.
El portavoz político de los talibanes culpó a la Administración del presidente afgano Ashraf Ghani de retrasar la liberación de los prisioneros, elemento de negociación clave para iniciar un diálogo nacional en Afganistán. © Wakil Kohsar / AFP

Al menos hasta nuevo aviso, el grupo talibán suspendió el diálogo con el Gobierno afgano al no coincidir en el proceso de intercambio de prisioneros entre ambas partes. Este debía ser el primer paso para un posible acuerdo de paz en el país, tras el alcanzado entre EE. UU. y los talibanes.

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Si no es por los talibanes, es por el 'pero' del Gobierno afgano. Si no es por el Gobierno afgano, es por el 'pero' de los talibanes. Así, como un balanceo, podrían resumirse los primeros diálogos entre ambas partes, después de que el 29 de febrero Estados Unidos llegara a un acuerdo con el grupo talibán, dando origen a una negociación interna en Afganistán.

Poco ha avanzado desde entonces, y este martes 7 de abril se ha topado con una nueva queja. Esta vez, del lado de los talibanes. Según estos, las negociaciones son un fracaso y su proceso está siendo más que "infructuoso". Lo que la agencia Reuters traduce en un parón de de las conversaciones con el Gobierno, hasta nuevo aviso.

"Desafortunadamente, hasta ahora la liberación de prisioneros se ha retrasado bajo un pretexto u otro. Por lo tanto, (a partir de hoy), nuestro equipo técnico no participará en reuniones infructuosas con las partes relevantes", sentenció en Twitter el portavoz político del grupo, Suhail Shaheen.

A lo que apunta Shaheen es la piedra angular de cualquier posible acuerdo y es el intercambio de prisioneros. Sin la liberación de 5.000 prisioneros talibanes por parte del Gobierno de Afganistán, y la correspondiente liberación de 1.000 prisioneros afganos por parte del grupo, no habrá inicio de diálogo alguno. Y es ahí donde Shaheen denuncia que el Ejecutivo está postergando la libertad de los suyos, retrasándola "sin motivo". Sin embargo, esa acusación también tiene sus matices.

Ni el Gobierno, ni los talibanes ceden ante sus deseos

Para empezar, la versión oficial afgana es que el Gobierno está trabajando en una liberación por partes y por ello pide "a los talibanes no sabotear el proceso inventando excusas", en palabras del portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Javid Faisal.

Pero la realidad es que Kabul sí ha retrasado en varias ocasiones esta primera condición de paz. Las más recientes, entre finales de marzo e inicios del actual mes de abril.

Según acordaron los talibanes con EE. UU., la liberación de los reos debía producirse el 10 de marzo. Como no tuvo lugar (el Gobierno afgano se negó), el 25 de marzo, por videollamada, el talibán convino con el Gobierno que el intercambio se iniciaría el 31 de marzo de forma escalonada. Salvo que un día antes, el día 30, la Administración del presidente Ashraf Ghani echó para atrás esa posibilidad arguyendo que la delegación insurgente no estaba lista, ya que no había podido enviarla a Kabul para concluir los detalles del proceso. Así lo indicó Faisal.

Apenas un día después, el 31 de marzo, la delegación oficial talibán llegó a Kabul desde Qatar para discutir los términos de la liberación y "para monitorizar el proceso", en un viaje que no tenía lugar desde hacía 19 años, luego de que el grupo fuera desalojado del poder en 2001 por EE. UU. Si bien, pasada la semana, y pese al envío de tres miembros del grupo técnico, no ha habido más avance porque ninguno ha cedido en sus condiciones.

La razón es que los funcionarios afganos dijeron que liberarían primero a 100 prisioneros talibanes enfermos o de más de 50 años. A cambio, esperaban que les devolvieran a 20 miembros de sus fuerzas de seguridad, hasta completar el intercambio de 6.000 presos. Pero esto no ha gustado nada al grupo que, según los funcionarios, exigen liberar primero a sus comandantes de alto rango. Y en eso no quiere ceder el Gobierno, porque están involucrados en los peores ataques.

Pese a todo, en público el Ejecutivo de Afganistán insiste en que está preparado para liberar a "400 prisioneros, pero son los talibanes los que no quieren comenzar".

Este 6 de abril se reunió en su Consejo de Seguridad Nacional, liderado por Ghani, y tras el encuentro, Matin Bek, el jefe del Directorio Independiente del Gobierno Local, confirmó que "los talibanes presionan e insisten en la liberación de 15 comandantes, cuya liberación conllevaría serios problemas. Han participado en grandes ataques, sus manos están manchadas con la sangre de nuestra nación".

¿19 años de guerra echados por la borda?

El grupo islamista talibán ha pedido a su equipo negociador que regrese de Afganistán. Desde su posición en Qatar, Suhail Shaheen ha escrito que "los retrasos intencionales en la liberación de nuestros prisioneros violan el acuerdo de paz; por tanto, llamamos a nuestro equipo de Kabul". De acuerdo con Shaheen, enviaron "el equipo técnico de la Comisión de Prisioneros a Kabul para la verificación e identificación (de insurgentes que debían ser liberados) según la promesa hecha", pero finalmente la excarcelación no se ha producido.

Mediante el acuerdo con EE. UU., el mayor logro alcanzado en el país fue el compromiso de retiro de las tropas estadounidenses en un plazo de 14 meses. Sin la liberación de estos 6.000 presos no habrá siquiera un inicio de acuerdo a nivel nacional, lo que podría poner en jaque o ralentizar la marcha norteamericana. Pero todas las opciones están sobre la mesa y como ha demostrado este vaivén de posiciones, la conversación para poner fin a 19 años de guerra no tendría porqué terminar aquí, por más que la paz dependa de esta primera confianza al intercambiar prisioneros.

El presidente de Afganistán Ashraf Ghani, el primer vicepresidente Amrullah Saleh y el segundo vicepresidente Sarwar Danish, durante su ceremonia de juramento en Kabul, Afganistán, el 9 de marzo de 2020.
El presidente de Afganistán Ashraf Ghani, el primer vicepresidente Amrullah Saleh y el segundo vicepresidente Sarwar Danish, durante su ceremonia de juramento en Kabul, Afganistán, el 9 de marzo de 2020. © Mohammad Ismail / Reuters

Por lo pronto, ante la suspensión talibán de los diálogos, dos escenarios salen a la luz. El primero es un empeoramiento de la crisis política y de poder entre el presidente Ghani y su rival Abdullah Abdullah, a quien el mandatario le ha propuesto "encabezar las negociaciones, el alto consejo de paz" talibán, en un protocolo que podría ser "el protocolo de un vicepresidente". 

Un gesto que no contenta el reclamo electoral de Abdullah, que no reconoce la presidencia de Ghani, y que tampoco alegra a EE. UU. que, a través de su Secretario de Estado, Mike Pompeo, el 22 de marzo intentó unirlos en un gobierno de unidad que por ahora ha fracasado y tiene la amenaza de una reducción de ayuda millonaria estadounidense a Afganistán, si no se ponen de acuerdo. Una inestabilidad política que sin duda pone en riesgo el proceso intraafgano.

El enviado de paz de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, a la izquierda, y el mulá Abdul Ghani Baradar, el principal líder político del grupo talibán, firman un acuerdo de paz entre talibanes y funcionarios estadounidenses en Doha, Qatar, el 29 de febrero de 2020.
El enviado de paz de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, a la izquierda, y el mulá Abdul Ghani Baradar, el principal líder político del grupo talibán, firman un acuerdo de paz entre talibanes y funcionarios estadounidenses en Doha, Qatar, el 29 de febrero de 2020. © Hussein Sayed / AP

El segundo peor escenario es una escalada de la violencia que, como apuntábamos, podría amenazar la marcha estadounidense. Aunque a decir verdad, la violencia no es que haya cesado, ya que como denuncian los talibanes, EE. UU. no está cumpliendo con su compromiso de no agresión contra bases controladas por el grupo, con "continuas violaciones", bombardeos, redadas nocturnas y ataques a civiles, en lugares donde no ocupa el combate.

"Si tales violaciones continúan, se desarrollará una atmósfera de desconfianza y no solo perjudicará al acuerdo, sino que obligará a los muyahidines (combatientes talibanes) a reaccionar y responder, lo que aumentará el nivel de violencia" en el país, ha advertido el grupo.

Mientras que el país dirigido por Donald Trump se ampara, en un nuevo balanceo de acusaciones, en que los talibanes siguen atacando a las fuerzas de seguridad afganas y, aunque EE. UU. "ha mantenido y aún mantiene los términos militares del acuerdo", siempre defenderá a sus aliados de cualquier ataque, "por lo que los talibanes deben reducir la violencia". Una violencia que no mira así el grupo talibán, defendiendo en que no hay un alto el fuego acordado con Kabul.

Así las cosas, todos dicen alzar una rama de olivo, tender puentes en pro de un diálogo, pero en el primer paso, la liberación de los prisioneros, no han podido acercarse.

Con EFE y Reuters

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