Saltar al contenido principal

Locri y su hospital al abandono temen la llegada del coronavirus al sur de Italia

Anuncios

Roma (AFP)

El hospital de Locri, en el sur de Italia, proporciona -según uno de sus médicos- "un servicio digno del tercer mundo": los ascensores suelen están averiados, el personal escasea y el escáner funciona un día de cada dos. Sin mencionar la infiltración de la mafia en la región.

Sin embargo hasta hace poco se barajó como una de las posibles estructuras para el tratamiento de enfermos de la COVID-19.

Los habitantes de Calabria están acostumbrados a vivir con las deficiencias de muchos servicios públicos del sur del país, como la agencia regional de salud, que se viene abajo por una deuda de cientos de millones de euros.

Lo que más temen es que el coronavirus, que ya ha causado más de 17.000 muertos en Italia, se dirija hacia el sur.

"Esta es una crisis que se suma a una crisis", afirma a la AFP el alcalde de Locri, Giovanni Calabrese. Su ciudad por ahora se ha salvado de la enfermedad y "esa es la única buena noticia".

Italia es el país europeo más afectado por la pandemia, que se cebó con el norte, en Lombardía o Piamonte. En estas regiones ricas, los hospitales, entre los que figuran algunos de los mejores de Europa, se han visto desbordados por las oleadas de nuevos pacientes. Faltaron médicos, respiradores y material.

Las autoridades políticas y sanitarias llevan semanas advirtiendo que como la epidemia llegue masivamente al sur, las consecuencias serán aún más terribles.

"Si todos estos pacientes comienzan a llegar, como en Lombardía, ¿qué podemos hacer?", se pregunta Emanuela Barbuto, jefa local del sindicato FSI-Usai. "El sistema no puede aguantar", teme.

Hasta ahora sólo ocho personas han contraído el coronavirus en la región de Locri, una pequeña localidad costera cuyo hospital cubre una zona de 150.000 habitantes.

Pero 14 aldeas de Calabria fueron clasificadas como zonas rojas debido a una alta tasa de infección, y la región registró 60 muertes.

- Ira -

Tres días antes de la primera muerte en Calabria, el 14 de marzo, la presidenta de la región, Jole Santelli, activó un plan de emergencia sanitaria.

En este plan, el hospital de Locri figuraba como uno de los que tratarían el coronavirus en la región, con 37 camas reservadas para pacientes de la COVID-19. Una hipótesis que había provocado ira e incredulidad entre los habitantes.

Porque el hospital arrastra problemas inmensos, sin visos de solución. El edificio de hormigón, construido en la década de 1970, se cae en pedazos.

Un equipo de resonancia magnética encargado hace tres años aún no ha llegado. El servicio de radiología está cerrado por la noche y los fines de semana. Los ascensores fueron reparados, pero por un tiempo estuvieron los cinco averiados, lo que obligaba al personal sanitario a transportar a los pacientes de cardiología por las escaleras hasta la quinta planta.

La Agencia Provincial de Salud (ASP) de Reggio Calabria, que supervisa el hospital, fue puesta bajo tutela en marzo de 2019 tras ser cerrada por segunda vez en 10 años por infiltración por la 'Ndrangheta, la mafia calabresa.

Una investigación había revelado numerosas anomalías en la gestión: facturas pagadas dos veces (algunas de varios millones de euros), contratos adjudicados sin licitación, pago de salarios a funcionarios expulsados de la administración pública...

En 2011, una investigación parlamentaria sobre el sistema sanitario de Calabria había revelado numerosos problemas en el hospital de Locri y pedía un "cambio urgente".

Los investigadores denunciaban compras realizadas "en constante violación de las reglas antimafia", advertencias diarias sobre el aumento de la deuda o la debilidad de los sistemas de auditoría.

- Sepias y hormigas -

En noviembre de 2018, el jefe de gobierno Giuseppe Conte visitó el hospital, se comprometió a tomar medidas y prometió regresar. No lo hizo.

De 2013 a 2018, la ASP, que no respondió a la petición de entrevista de la AFP, funcionó sin presupuesto. Y, según un informe de 2019 de la agencia de calificación Crif, su deuda ascendía a 420 millones de euros (456 millones de dólares) a finales de 2017.

"Normalmente, una administración que no tiene presupuesto, o se cierra o se detiene a alguien", afirma asombrada Bruna Filippone, una habitante de la ciudad que en febrero creó un grupo ciudadano llamado "Defendamos el Hospital".

Preguntado por la AFP, un médico del hospital de Locri que pidió el anonimato, describió a la ASP como "la agencia más paralizada de Italia". En cuanto al hospital, dijo, ofrece "un servicio digno del tercer mundo".

Italia ofrece a todos sus ciudadanos un sistema sanitario gratuito, pero la calidad del servicio varía dependiendo de la región, y Mezzogiorno, el sur del país, va a la zaga.

"En Italia, la Constitución nos garantiza el derecho a la salud. Este derecho nunca se ha respetado en Locri", asegura el alcalde Giovanni Calabrese.

Como el presupuesto de la sanidad se alimenta en cada región con los impuestos sobre la renta y sobre las empresas, las zonas más pobres, como Calabria o la vecina Campania, donde el desempleo y el trabajo en negro están muy presentes, salen peor paradas.

Pero la falta de dinero no es una explicación suficiente. Además de la cruel falta de mano de obra y de material, los expertos también apuntan a la corrupción, el crimen organizado y el nepotismo.

Se han documentado casos espectaculares, como el de una mujer hospitalizada en Nápoles en una cama infestada de hormigas o el de un médico lavando las sepias de su cena en un fregadero de un hospital de Calabria. Pero los problemas estructurales no se abordan.

- Niveles inadecuados -

En 2019, un informe de la Comisión Europea sobre el sistema sanitario italiano mostró que los habitantes del sur tenían "casi el doble de probabilidad" de no poder tratar un problema de salud en comparación con los del norte. Los trayectos hasta los centros de salud y los tiempos de espera también son más largos.

En ese mismo año, el Tribunal de Cuentas estimó que en Calabria "los servicios ofrecidos se mantienen en niveles inadecuados" y la ASP tiene una deuda de 213 millones de euros (231 millones de dólares).

Y según el índice LEA sobre los niveles de prestaciones esenciales para la salud, Calabria ocupa el último lugar de las 20 regiones de Italia.

La desigualdad puede tomar muchas formas. Según la agencia nacional de estadísticas Istat, Calabria tiene el número de camas de hospital por habitante más bajo en el país, con 81 por 1000, en comparación con 138 por 1000 en Emilia-Romaña, en el norte.

Además, en 2018, sólo el 35% de las personas con fractura de cadera fueron operadas en 48 horas en Calabria, en comparación con casi el 80% en Toscana y el 60% de promedio nacional.

Como consecuencia, muchos calabreses van al norte para recibir tratamiento. Según el médico del hospital de Locri entrevistado por AFP, la estructura se ocupa principalmente de los cánceres en fase terminal, los ataques cardíacos o las enfermedades crónicas en pacientes de edad avanzada que ya no pueden viajar.

"Para los demás, de 0 a 60 años, no vienes a curarte a Locri. Tomas un avión y te vas a Milán".

El caso de Locri no es el único en Calabria. A 40 minutos en coche, el hospital de Polistena carece, según su alcalde, de radiólogos, anestesistas, pediatras, especialistas en cuidados intensivos y material.

El responsable regional de protección civil a cargo del coronavirus, Domenico Pallaria, dimitió la semana pasada tras haber declarado en una entrevista televisiva que no sabía para qué servía un respirador y que no le interesaba el tema del material médico.

- "No tenían nada" -

En Locri hace un mes se instaló una carpa azul con dos camas en el estacionamiento frente a la entrada del servicio de urgencias para hacer pruebas a las personas con síntomas que hacen sospechar un coronavirus.

A finales de marzo, la región finalmente decidió no dedicar el hospital a la lucha contra el coronavirus. Todos los pacientes de la provincia son trasladados al de Reggio en Calabria.

De todos modos los nuevos kits de prueba no han llegado hasta esta semana, y persiste la incertidumbre sobre los protocolos de gestión de pacientes.

La semana pasada, la asociación "Defendamos el Hospital" comenzó a distribuir mascarillas, guantes y viseras al personal sanitario, tras recaudar 20.000 euros. "Fuimos nosotros, los ciudadanos, los que llevamos gel desinfectante al hospital. No tenían nada", añade Bruna Filippone.

Algunos esperaban que la solidaridad nacida en respuesta a la pandemia pudiera ayudar a mejorar la situación del hospital a largo plazo. Pero la realidad es el caos y la falta de preparación y de liderazgo.

"Lamento tener que decirlo, pero es un nuevo fracaso", dijo el médico a la AFP.

Y eso que son muchos los que en Locri elogian los inmensos esfuerzos realizados por los médicos y el personal sanitario para cuidar a los enfermos en condiciones tan degradadas.

Pero según Emanuela Barbuto, el coronavirus podría ser el enemigo de más para un hospital que ya está de rodillas. "Si llega, nos moriremos todos. Lo sabemos".

Página no encontrada

El contenido que solicitó no existe o ya no está disponible.