Brasil: la pelea política por el confinamiento social durante el Covid-19

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está junto al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, durante una rueda de prensa sobre el Covid-19 en Brasilia el 18 de marzo de 2020.
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está junto al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, durante una rueda de prensa sobre el Covid-19 en Brasilia el 18 de marzo de 2020. © Adriano Machado / Reuters

El presidente, Jair Bolsonaro, se ha opuesto públicamente a las recomendaciones sanitarias de su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, al punto que el ala militar del Gobierno tuvo que servir de mediadora para intentar mostrar una imagen de unidad. 

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“Un médico no abandona al paciente”. Con estas palabras el ministro de Salud brasileño, Luiz Henrique Mandetta, zanjó el lunes pasado los rumores sobre su posible despido y su tensa relación con el presidente Jair Bolsonaro, que llevaba días amenazando con usar su “bolígrafo” para deshacerse de los miembros de su Gobierno que se comportan como “estrellas”.

Son varias las razones del tire y afloje que enfrenta a Bolsonaro y Mandetta, un ortopedista infantil con una amplia experiencia política. Por un lado, están las medidas de confinamiento social: el presidente, negacionista, las critica con vehemencia, mientras que el ministro de Salud las defiende como la única forma de evitar el colapso de la maltrecha sanidad pública de Brasil.

Además, Mandetta, que cuenta con el 76% de aprobación popular según la más reciente encuesta de Datafolha, ha ganado en las últimas semanas un inesperado protagonismo gracias a su profesionalismo y a su forma sosegada de comunicar los datos de la crisis sanitaria en sus largas ruedas de prensa. Según varios analistas políticos, su éxito habría despertado los celos del mandatario brasileño.

Otra de las discusiones que tienen abiertamente Bolsonaro y Mandetta es en torno a la cloroquina y la hidroxicloroquina, dos medicamentos originalmente empleados para el tratamiento de la malaria. El presidente considera que estos antipalúdicos podrían ser la clave para tratar a los pacientes de coronavirus que estén más delicados, sin que haya de momento ninguna evidencia científica sobre su real utilidad. El ministro Mandetta, por su parte, no ha ocultado sus reticencias, alertando sobre los efectos colaterales que este medicamento puede ocasionar en la población de la tercera edad, como arritmias y paros cardíacos, entre otros.

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Estas diferencias han creado un caldo de cultivo que el 6 de abril alcanzó su punto máximo de tensión. Los principales periódicos de Brasil publicaron que Bolsonaro prescindiría del ministro de Salud e incluso se habló de que lo reemplazaría Osmar Terra, el exministro de Ciudadanía que comparte con el presidente la idea de reducir las medidas restrictivas de aislamiento social. Terra también apoya los experimentos con cloroquina en pacientes con síntomas iniciales del Covid-19. 

Aunque el cambio sonaba en Brasil, finalmente, el ala militar del Gobierno, encabezada por el ministro de Defensa Fernando Azevedo y por el ministro de la Casa Civil Walter Braga Netto, presionó a Bolsonaro para mantener a Mandetta en su cargo. También pesó el aval del presidente de la Cámara Rodrigo Maia y del presidente del Senado David Alcolumbre.

El mediador dentro de las tensiones del Gobierno

Braga Netto, un general con 45 años de carrera en el Ejército, comandó en 2018 la intervención federal en Río de Janeiro, aprobada por decreto por el expresidente Michel Temer con el objetivo de reducir los índices de criminalidad en la ‘Ciudad Maravillosa’. En febrero de este año asumió el cargo de la Casa Civil y en el comienzo de la crisis del coronavirus fue escogido por Bolsonaro para coordinar un comité de supervisión y control de la pandemia.

Desde entonces, Braga Netto actuó como un bombero para apaciguar los incendios políticos que han generado las medidas de cuarentena de varios gobernadores. Bolsonaro, obsesionado con el desmoronamiento de la economía, los atacó en varias ocasiones por cerrar las escuelas y el comercio local. Las críticas del mandatario se han centrado especialmente en el gobernador del Estado de São Paulo, João Dória, y el de Río de Janeiro, Wilson Witzel, quienes además consideran presentarse como candidatos en las próximas elecciones presidenciales y, por lo tanto, Bolsonaro los ve como un peligro.

El papel de mediador de Braga Netto se notó con la idea que tuvo de realizar las ruedas de prensa sobre la pandemia en el Palacio del Planalto, sede del poder Ejecutivo. Aunque su intención era trasmitir una imagen de unidad en la comunicación institucional del Gobierno, esto no impidió que la semana pasada Bolsonaro volviera a criticar abiertamente al ministro de Salud en una entrevista radial. El presidente incluso expresó que Mandetta debía ser más humilde.

Water Braga Netto es el el ministro de la Casa Civil de Brasil y coordinador del comité para supervisar la expansión del Covid-19. Aquí está en una rueda de prensa en Brasilia, el 3 de abril de 2020.
Water Braga Netto es el el ministro de la Casa Civil de Brasil y coordinador del comité para supervisar la expansión del Covid-19. Aquí está en una rueda de prensa en Brasilia, el 3 de abril de 2020. © Adriano Machado / Reuters

A medida que la acción apaciguadora de Braga Netto se intensificaba, el general comenzó a llamar la atención de la prensa nacional e internacional. Un sitio de noticias comandado por militares escribió que él se había convertido en el “presidente operacional de Brasil”. Y un periódico italiano llegó a hablar de un supuesto golpe encubierto perpetrado por los generales con el fin de neutralizar las acciones de Bolsonaro en relación a las medidas de confinamiento social.

“Aparentemente, a juzgar por los rumores que circularan en la semana que acaba de terminar, el presidente Bolsonaro fue transformado en la reina de Inglaterra: reina, pero no manda en nada. Según aquellos rumores, delante de la inercia de los dirigentes de los poderes legislativo y judicial, que no escucharon las súplicas para alejar de la Presidencia de la República al hombre que está destruyendo el país, los militares habrían encontrado una solución menos traumática para el problema: retirarle los poderes sin alejarlo del cargo”, señala el escritor Ribamar Fonseca.

La nueva apuesta es el distanciamiento social selectivo

En este panorama, el país más grande de América Latina y el que también lidera las estadísticas de víctimas del Covid-19 en la región enfrenta dos crisis al mismo tiempo: la sanitaria y la política. Mandetta ganó el último round de una batalla agotadora. En la rueda de prensa posterior a la reunión con Bolsonaro mostró cierta irritación por haber perdido un día entero de trabajo en un momento en el que se espera que la curva de contagio de la pandemia empiece a subir vertiginosamente.

Además, el ministro está preocupado por la falta de insumos hospitalarios y de respiradores, y por la dificultad de adquirir estos artículos en China debido a la enorme demanda mundial. Este político, que ya fue consejero municipal de sanidad en el Estado de Mato Grosso do Sul y diputado federal, insiste en la necesidad de que las empresas brasileñas asuman la producción del material sanitario estratégico en el combate del coronavirus.

Sin embargo, la crisis con Bolsonaro está lejos de haber sido solucionada. En los bastidores políticos se comenta que el tono irritado y asertivo de Mandetta en su rueda de prensa del lunes habría molestado a varios aliados de Bolsonaro, cuya popularidad está cayendo en picada. Incluso Fernando Haddad, candidato a la Presidencia en 2018, comentó en su cuenta de Twitter que “nunca había visto a un presidente ponerse en una situación tan humillante”.

El martes, Mandetta reapareció ante las cámaras con un tono más sosegado y profesional. Sin embargo, el comentarista Helio Gurovitz destaca que el ministro tuvo que hacer una serie de concesiones para mantenerse al frente, algo que podría tener consecuencias sombrías. “Ayer Mandetta cometió el mayor error de su gestión en el ministerio de Salud, un error que deberá costar la vida de millones de brasileños. Como resultado de un acuerdo político hilvanado por los militares para garantizar su permanencia en el cargo, Mandetta aceptó relajar las directrices para el distanciamiento social en el país”, escribe este periodista.

El Ministerio estableció tres niveles de aislamiento, que prevén que en las ciudades con más de la mitad de las camas hospitalarias disponibles se podrá limitar la cuarentena solo a los mayores de 60 años y a los grupos de riesgo. Es lo que técnicamente se llama “distanciamiento social selectivo”, una idea que para muchos científicos puede conducir a un epílogo dramático. Este cambio de estrategia debería producirse a partir del 13 de abril.

Mandetta también suavizó su postura sobre la cloroquina en el tratamiento del Covid-19. Resaltó que el Ministerio todavía no puede recomendar un uso amplio de este medicamento, al mismo tiempo que destacó que los médicos tienen autonomía para recetarlo en los casos en que lo consideren útil, y que por supuesto tendrán que responsabilizarse por su decisión.

Durante la rueda de prensa del ministro, Bolsonaro publicó en su Twitter un vídeo de la inmunóloga Nise Yamaguchi, que es partidaria de usar la hidroxicloroquina en el tratamiento del coronavirus. Mientras el asunto de los antipalúdicos es politizado por un Gobierno que niega el calentamiento global e incluso cuenta con ministros que defienden el terraplanismo, los divulgadores científicos que sugieren prudencia con estos medicamentos y defienden el confinamiento social sufren duros ataques en las redes sociales.

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