Renta Básica Universal: un debate que trasciende la emergencia del coronavirus

Un trabajador asalariado hace fila para obtener comida después de haberse quedado sin empleo temporalmente durante el confinamiento de 21 días decretado en India. Imagen de Nueva Delhi, India, el 10 de abril de 2020.
Un trabajador asalariado hace fila para obtener comida después de haberse quedado sin empleo temporalmente durante el confinamiento de 21 días decretado en India. Imagen de Nueva Delhi, India, el 10 de abril de 2020. © Adnan Abidi / Reuters

Los cambios tecnológicos, la precarización del trabajo y las desigualdades que caracterizan las economías actuales están obligando a pensar en nuevas formas de garantizar el mínimo vital para todas las personas durante la crisis, pero también después de ella.

Anuncios

La emergencia generada por la pandemia del Covid-19, así como el aislamiento implementado para combatirla, están llevando a las economías del mundo al límite. Los expertos de los países afectados se preguntan cuáles serán las medidas más efectivas para garantizar el mínimo vital de la población en medio de una crisis que tiene mucho de las anteriores, pero no es igual a ninguna.

La búsqueda de respuestas y medidas que realmente ayuden a la población ha propiciado el debate en torno a la Renta Básica Universal (UBI, por sus siglas en inglés). Se trata una ayuda directa, en efectivo, que proporciona el Estado a los ciudadanos, sin requisitos y sin una finalidad específica.  

Entre sus defensores se encuentran políticos de izquierda, que consideran que el Estado debe garantizar las necesidades básicas del individuo, pero también libertarios que ven en la medida una forma de recortar gastos en prestaciones sociales. Figuras como Elon Musk y Mark Zuckerberg se han mostrado a favor, y el excandidato presidencial demócrata Andrew Yang incluía una UBI de US$1.000 al mes entre sus propuestas. Según Yang, esta medida permitiría un crecimiento económico de US$2,5 billones al 2025 y un incremento de la fuerza laboral hasta de 4,7 millones de personas.

Sin embargo, antes del coronavirus la discusión sobre la UBI se daba por fuera de la ortodoxia económica. Ahora, en medio de la crisis, esta medida surge como una opción expedita para ayudar a un mayor número de gente. Sin importar la orilla ideológica, políticos y economistas de Europa y Estados Unidos han llamado a implementar alguna versión de la renta básica universal.

Una respuesta rápida para paliar los efectos económicos de la pandemia

En Estados Unidos, el paquete de ayudas de casi US$2 billones, aprobado el pasado 25 de marzo, incluye un pago directo de US$1.200 a los contribuyentes que el año pasado reportaron ingresos hasta por US$75.000 anuales. A partir de esa cifra y hasta ingresos de US$99.000, los estadounidenses recibirán US$5 menos por cada US$100 de ingresos que excedan el tope inicial. Por cada hijo, los hogares recibirán US$500 adicionales. No es una renta básica universal, pero se acerca en la medida en que entrega ayudas directas sin un uso predeterminado.

En el Reino Unido, 175 parlamentarios firmaron una carta en la que le piden al gobierno incluir una UBI como parte de la respuesta de emergencia a la pandemia. Aseguran que esta solución “práctica y no ideológica” es mucho más eficaz que subsidiar la nómina de las compañías, ya que la economía actual es muy diferente a la del 2008, cuando se dio la última crisis financiera.

“El conductor que trabaja por medio de una aplicación no recibe pago cuando no hay trabajo. Tampoco el trabajador de una bodega cuando hace cero horas, el que entretiene a los niños o el asistente social que trabaja por agencia. Muchas personas no tienen empleadores incentivados por el gobierno a que sigan pagándoles”.

En España, Toni Roldán Monés, director del centro de pensamiento EsadeEcpol es uno de los abanderados de la UBI para enfrentar la crisis actual. Su propuesta recoge la idea de Greg Mankiw, economista de Harvard y asesor del expresidente George W. Bush, que consiste en implementar un impuesto extraordinario el próximo año para reducir el costo de la medida. “Es simple, inmediata y llega a todo el mundo. Se podría activar de forma casi automática, cubriría a todos los que lo necesitan y ahorraría miles de horas de trámites y burocracia”.

Pero ¿qué sucede con la UBI en condiciones normales? Se han llevado a cabo algunos experimentos muy focalizados, con resultados en los que tanto defensores como detractores han visto argumentos para sostener su posición.

Kenia, Finlandia y Stockton: tres ensayos de la renta básica universal

Uno de los experimentos de renta básica universal más ambiciosos es el que implementa en Kenia la ONG GiveDirectly en asocio con investigadores de la Universidad de California San Diego, Berkeley y Princeton. Según el estudio publicado en 2019, GiveDirectly entregó desde el 2016 US$1.000 anuales a 10.500 hogares en 328 poblaciones de la región de Siaya, lo que representa el 15% del PIB local. El programa está proyectado a 12 años.

De acuerdo con las encuestas mensuales realizadas, la UBI tuvo grandes impactos en el consumo y en los activos de los beneficiarios. Además, la renta tuvo efectos positivos también en hogares y empresas no receptoras del beneficio. Según los investigadores, cada dólar entregado generó US$2,60 adicional en gasto o ingresos en el área.

En Finlandia, se llevó a cabo un experimento en el que a 2.000 personas desempleadas se les entregaban 560 euros mensuales durante dos años. Si bien el proyecto no tuvo incidencia en la búsqueda de empleo –no hubo variaciones importantes en ese aspecto– sí impactó positivamente áreas relacionadas con el bienestar como la salud, el estrés y la habilidad para concentrarse. El gobierno decidió no extender el programa debido a su alto costo y a que no cumplió con el objetivo propuesto.

Uno de los programas de UBI que está en curso tiene lugar en Stockton, en California. Con la financiación del Economic Security Project, la alcaldía entrega US$500 dólares a 125 personas. En una ciudad en la que una de cada cuatro personas es pobre, se temía que los receptores de recursos malgastaran el dinero. Sin embargo, lo que han encontrado los académicos que acompañan el proceso es que los beneficiarios han invertido el 40% del dinero en alimentos.

“Lo que realmente se destaca en los datos de gastos hasta ahora es la verdadera vulnerabilidad de la mayoría de los trabajadores de nuestra economía,” le dijo a Reuters Amy Castro Baker, profesora de la Universidad de Pensilvania.

La renta básica se ha implementado en otros lugares de Estados Unidos, Brasil, Irán, Alemania, Canadá, Países Bajos, Namibia, India y China. Ninguno de los experimentos ha probado que la medida tenga algún efecto significativo, ya sea negativo o positivo, en la búsqueda de empleo. En la mayoría de los casos se comprobó una mejoría en los niveles de pobreza, así como en áreas relacionadas con el bienestar como la salud, el estado de ánimo y la asistencia escolar.

Cara, riesgosa e impredecible en cuanto al uso de los recursos: argumentos en contra de la UBI

La idea de que todas las personas reciban una suma mensual de dinero sin condiciones ni destino específico genera polémica. El hecho de que todos reciban un ingreso del Estado, incluso quienes no lo necesitan, genera un rechazo casi inmediato. Lo mismo sucede con la idea de entregar recursos sin que el receptor haya trabajado para conseguirlo.

Para Gayle Allard, profesora de Economía del IE Business School en Madrid, España, la UBI no es una medida inteligente. Además de considerarla “carísima”, otro de los problemas es que desvincula el ingreso del trabajo y del esfuerzo. “Esto podría tener un efecto muy negativo sobre la productividad y la generación de renta a medio y largo plazo. Si mucha gente decide no trabajar porque tienen una renta básica, la carga de financiar la UBI se repartiría entre cada vez menos gente. Los déficits podrían ser incluso más imparables que ahora, y la deuda más difícil de financiar”, señaló Allard en entrevista con France24.

Claudio Loser, fundador de Centennial Group y exdirector del Departamento para el Hemisferio Occidental del FMI, también considera que una renta básica, si bien puede parecer atractiva, tendría un alto impacto fiscal. En entrevista con este medio afirmó que los planes de apoyo se pueden hacer, “pero para que funcionen tienen que estar focalizados en las personas de menores recursos”. Además, aseguró que estos ingresos deben estar condicionados, que no se puedan destinar para cualquier cosa ni se entreguen en todos los casos.

Pros de la UBI: poder de decir ‘No’ y romper el círculo vicioso intergeneracional

En el otro extremo se encuentra un conjunto cada vez más diverso de gente que cree que implementar la UBI es viable y necesario. Como le explicó a France24 Karl Widerquist, profesor asociado de la Universidad de Georgetown, hay diferentes causas que están confluyendo alrededor de esta idea.

Están quienes buscan más justicia social, pues se han dado cuenta de que las clases privilegiadas controlan todos los recursos y de que la única forma de acceder a esos recursos es trabajando para ellos; se encuentran aquellos que alertan sobre la amenaza que representa la creciente automatización en el trabajo debido a la tecnología, y están también los activistas del medio ambiente, que defienden la idea de que un gravamen a quienes contaminen soporte una renta básica para todos.

Para Widerquist, quien ha estudiado la renta básica universal durante más de 20 años, la idea está tomando fuerza a nivel mundial, y es eso lo que la hace posible y realista.

Mientras algunos critican la UBI por el riesgo de que desincentive la búsqueda de trabajo, Widerquist considera que esta es una de sus virtudes. “El problema que tenemos es que la gente se mata por encontrar un trabajo. Lo que realmente necesitamos es darle un incentivo a la gente para rechazar salarios que sean demasiado bajos y condiciones laborales que no sean lo suficientemente buenas”. Una renta básica le daría a las personas el poder de decir ‘No’.

Para Guilherme Magacho, investigador asociado de la Fundación Getulio Vargas de Brasil, la renta básica universal es una forma de garantizar las condiciones mínimas de vida adecuadas. Además, como le dijo a este medio, ampliaría la posibilidad de que las personas que han visto reducidos sus ingresos por cuenta de la actual “flexibilización del trabajo” se educaran más, “revirtiendo lo que se entiende como un círculo vicioso intergeneracional”.

Renta básica universal vs. Impuesto negativo a la renta

A diferencia de la renta básica universal, el impuesto negativo a la renta establece un umbral mínimo de ingresos que todas las personas deben tener y, a partir de ahí, la renta que proporciona el gobierno se va reduciendo gradualmente hasta llegar a cero para las personas que ganan más. Aunque actualmente funciona a través de la declaración de renta, Allard considera que sería una mejor opción que la UBI si se implementara mes a mes.

“Tiene varias ventajas: no damos el dinero a los que no lo necesitan (lo cual no sólo es más progresivo, sino más barato); damos incentivos para el trabajo formal, con lo cual sube la recaudación y programas como el sistema de pensiones se benefician de más ingresos, y ligamos el ingreso al trabajo”, afirma la académica.

Por su parte, Widerquist considera que el impuesto negativo a la renta suena más barato, pero no lo es. “En realidad es más caro para el sistema tener que descubrir el estado financiero de cada persona”, afirma. Aunque en teoría ambas medidas busquen asegurar una renta mínima para todos, Widerquist asegura que en el día a día lo que las personas necesitan es una renta que esté siempre disponible y sea fácil de resolver. “No hay que llamar a alguien para decirle ‘perdí mi empleo, necesito mi impuesto negativo”.

En cuanto al costo fiscal de la UBI, Widerquist señala que al aumentar el gasto creando una renta básica es necesario gravar una parte de ese dinero, y hay varias opciones para hacerlo; ya sea por medio de un impuesto a la riqueza, a la renta o a las actividades más contaminantes. “Le das una renta básica a todo el mundo y gravas a la gente que tiene más, sin crear presiones inflacionarias”.

Magacho coincide en que “gran parte del gasto fiscal de una UBI regresa al gobierno en forma de impuestos. Como esta medida aumentaría proporcionalmente más los ingresos de los más pobres, que es la población que consume la mayor parte de sus ingresos, este gasto fiscal se revertiría en consumo y, debido al efecto multiplicador en la industria de alimentos, textiles y otros servicios básicos, los ingresos tributarios compensarían parcialmente la pérdida”.

Para el investigador brasilero, el sector empresarial también se beneficiaría, pues las fluctuaciones económicas tendrían menos impacto en el consumo y, por lo tanto, se reduciría la fluctuación de la demanda.

Una propuesta audaz para una nueva economía

De acuerdo con Magacho, la actual crisis es un “momento estratégico” para implementar la UBI. “En un estudio que hicimos para Brasil, descubrimos que un ingreso mínimo equivalente a un salario mínimo sería esencial para volver a colocar a la economía en un camino de expansión, evitando despidos masivos, como ha sido el caso”, explicó.

Si hay algo que demuestra la actual crisis, señala Widerquist, “es que si por cualquier razón no podemos trabajar, todos nos volvemos instantaneamente vulnerables”. Una vulnerabilidad que seguirá latente cuando superemos esta emergencia, pues los salarios seguirán siendo bajos y persistirá el riesgo de la automatización.

Como afirmaron los parlamentarios británicos, la economía actual no es la del 2008, y la fragilidad que ha demostrado el sistema en estas últimas semanas indica que volver a la “normalidad” no es necesariamente la mejor opción. “No hay que rescatar a los bancos, sino a las personas”, asegura Widerquist. En este contexto, la renta básica universal constituye, si no una solución, una posibilidad de volver a poner el bienestar de las personas en el centro de la economía.

Con Reuters

Boletín de noticiasSuscríbase para recibir los boletines de France 24