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Historia de un viacrucis sin fieles de carne y hueso

El papa Francisco preside el viacrucis ante la plaza de la Basílica de San Pedro completamente vacía en la Ciudad del Vaticano el 10 de abril de 2020 como parte de las medidas para contener la propagación del brote de Covid-19.
El papa Francisco preside el viacrucis ante la plaza de la Basílica de San Pedro completamente vacía en la Ciudad del Vaticano el 10 de abril de 2020 como parte de las medidas para contener la propagación del brote de Covid-19. © Massimo Percossi / EFE

Ante la Plaza de San Pedro, completamente vacía como medida para contener la propagación del Covid-19, el papa Francisco presidió el tradicional acto católico sin las acostumbradas hileras de creyentes, pero con miles de espectadores virtuales que, desde sus hogares, se sumaron a su plegaria por la salud de la humanidad. 

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Una plaza a oscuras, dos hileras de velas encendidas y el papa Francisco vestido de blanco. Caída la noche de este Viernes Santo en Italia, el sumo pontífice presidió el viacrucis. Por primera vez, este emotivo recuento de las estaciones con las que los creyentes católicos evocan el recorrido de Jesús camino a la crucifixión, fue visto por millones de personas desde la distancia, sin fieles de carne y hueso. 

La oración del sacerdote argentino rompió el silencio en el recinto. Clamó por salud. Suplicó por el rescate de la humanidad ante las garras de la muerte. Pidió por la protección de los pobres, los hambrientos y los enfermos en medio de la pandemia. 

Como cortando la bruma con una enorme cruz a través de los 14 puntos del calvario rememorado en el Vaticano, que esta vez no tomó como escenario el tradicional coliseo romano, al permanecer cerrado como medida para contener la propagación del brote de coronavirus, dos grupos de representantes católicos avanzaron en la ruta que inició en el obelisco y terminó con el encuentro del papa. 

En esta conmemoración modificada de manera atípica a consecuencia del azote del coronavirus, fueron dos agrupaciones de cinco personas cada una, las encargadas de alzar la cruz. La primera, integrada por cinco médicos del Fondo de Asistencia Sanitaria del Vaticano y, la segunda, por cinco prisioneros de Padua. Cada uno mantenía la distancia recomendada para evitar el contagio. Un metro de separación. 

Los grupos encargados de llevar la cruz en el viacrucis del 10 de abril de 2020 en la Plaza de San Pedro.
Los grupos encargados de llevar la cruz en el viacrucis del 10 de abril de 2020 en la Plaza de San Pedro. © Massimo Percossi / EFE

A un lado, un grupo de camarógrafos transmitía el acto que miles de fieles seguían desde el aislamiento, en sus hogares, sin importar la distancia, la hora ni las condiciones. 

En la semblanza cibernética de este rito religioso, cuya instauración inicial data del año 1741, bajo instrucciones de Benedicto XIV, pero que cayó al olvido con el paso de los años hasta ser retomado en 1925 y trasladado en 1964 al Anfiteatro Flavio, elegido por ser símbolo de la persecución de los creyentes en los años romanos, fueron decenas las reacciones de los fieles en respaldo de la unión como la virtud más necesaria para enfrentar al enemigo invisible que transformó este Viernes Santo en un acontecimiento que marcará la historia. 

Con EFE y Reuters

 

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