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Voluntarios, donantes y merenderos de La Plata juntan fuerzas para alimentar a cientos de familias

Pablo Pérez, de la Plata Solidaria, reparte mercancías a sus vecinos junto a otros voluntarios de la organización en La Plata, Argentina, en marzo de 2020.
Pablo Pérez, de la Plata Solidaria, reparte mercancías a sus vecinos junto a otros voluntarios de la organización en La Plata, Argentina, en marzo de 2020. © Cortesía de La Plata Solidaria

En medio de una pobreza generalizada, los vecinos de los barrios más pobres de La Plata, Argentina, se organizan para conseguir alimentos que llevar a las puertas de quienes no tienen trabajos estables. Ese medio se ha convertido en la principal o incluso la única fuente de alimentación para cientos de familias.

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"¡'Colo'!, soy Silvia del barrio La Bajada. Hoy en mi casa vamos a cocinar un guiso para los del barrio. Ayer descubrimos que al menos cinco familias hacía días que no comían. Estaban a mate. Necesito que me des una mano con algo de mercadería. Arroz, puré de tomate y fideos, alitas de pollo y algo de cebolla es lo que estamos pidiendo".

Con ese mensaje inició el cometido más urgente de La Plata Solidaria. 'Colo', o Pablo Pérez, el coordinador de la organización, respondió de inmediato. La entidad que lidera hace presencia en los barrios de la periferia de La Plata, Argentina, donde según el Instituto Nacional de Estadística unas 280.000 personas viven en la pobreza y, según Pérez, unas 20.000 familias han quedado sin alimentos por la crisis sanitaria.

Pablo Pérez, de La Plata Solidaria junto a otro voluntario acopian comida para llevarla a sus vecinos durante la crisis de salud por el Covid- 19. La Plata, Argentina, 2020.
Pablo Pérez, de La Plata Solidaria junto a otro voluntario acopian comida para llevarla a sus vecinos durante la crisis de salud por el Covid- 19. La Plata, Argentina, 2020. © Cortesía La Plata Solidaria

La organización lleva 20 años trabajando con la comunidad en campañas para niños y alimentación para los merenderos locales. Ahora, con la llegada del Covid-19, su labor se ha hecho más vital que nunca, pues la mayor parte de la población vive de trabajos informales como cortar el césped, limpiar casas o la construcción de "chambas", como dicen, pagadas por día, que en medio de la cuarentena los deja sin ingresos.

"Tememos que si el Covid-19 llega a esos lugares, la multiplicación vaya a ser exponencial"

Son los habitantes de las llamadas "villas-miseria" que rodean la ciudad de La Plata, pobladas con familias numerosas -de hasta siete u ocho hijos- en frecuente hacinamiento y con calles improvisadas sin agua potable ni cañerías. "Tememos que si el Covid-19 llega a estos lugares, no lo decimos nosotros, lo dicen los especialistas, la multiplicación vaya a ser exponencial. No tienen agua corriente, ni siquiera pueden lavarse las manos", alerta Pérez.

"La verdad es que necesitamos leche en polvo, la leche de litro no se consigue. Con el tema de que los padres no trabajan, las madres tampoco pueden salir a comprar, está muy complicada la situación acá en mi barrio", denuncia María Claudia Colman, una de las líderes sociales de la zona.

Imagen sin fecha que muestra a Pablo Pérez, de La Plata Solidaria reparte junto a otros voluntarios alimentos a familias de los barrios de La Gran Plata. La Plata, Argentina.
Imagen sin fecha que muestra a Pablo Pérez, de La Plata Solidaria reparte junto a otros voluntarios alimentos a familias de los barrios de La Gran Plata. La Plata, Argentina. © Cortesía La Plata Solidaria

Ante la delicada situación, varios voluntarios de La Plata Solidaria se empezaron a movilizar junto a otros vecinos para recaudar donativos entre la comunidad. Los merenderos (comedores comunitarios) les pasan listados de lo que necesitan, ellos lo publican en las redes sociales y se viraliza el pedido. Luego, los voluntarios pasan casa por casa a recoger los donativos, los desinfectan y los llevan a comedores repartidos por la ciudad. 

El sistema que utilizan tiene la doble intención de alimentar a las personas al mismo tiempo que permitir que se mantengan aisladas y no tengan que arriesgarse, ni exponer a los vecinos al salir a buscar los alimentos. "Estamos reclamando al Estado una atención especial sobre estos sectores, que no tengan que salir de sus barrios. Por eso se arman las ollas de barrio, para que la gente no se contacte con otras zonas", comenta Pérez. 

Sin embargo, han tenido que extremar las medidas. Silvia López, del barrio La Bajada, quien inició la cadena, se dio cuenta que las ollas no podían continuar al saberse que en el barrio había dos posibles positivos, por lo que empezaron a dividir los donativos. "La olla nos sirvió para identificar a las familias, ahora les llevamos a sus casas", comenta.

"No estamos solos en un quiosquito y los demás que hagan como puedan"

Aunque reciben ayudas externas, la misma gente de los barrios es principalmente la que hace los donativos. Aquellos que no han perdido sus trabajos o tienen contratos fijos son quienes compran los alimentos. López es una de ellas, hizo la primera compra con el dinero que había ahorrado para una moto. "Nuestra idea es aliviar a la gente que la viene pasando mal. No estamos solos en un quiosquito y los demás que hagan como puedan. No solo mi familia es así, sino todo el barrio", comenta. 

Simultáneamente un equipo de voluntarios del barrio, liderado también por La Plata Solidaria, ha creado una red de apoyo a 20 adultos mayores de avanzada edad que se encuentran sin familiares que los puedan asistir. Los llaman periódicamente para preguntarles cómo se encuentran y si necesitan alguna compra o medicina. También charlan con ellos por horas para evitar que se sientan solos o tristes.

La Plata Solidaria y los ciudadanos que la apoyan es solo una de las muchas organizaciones que, a falta de recursos del Estado, están manteniendo a sus vecinos durante la pandemia. Están acostumbrados a hacer piña en los momentos difíciles. "Ojalá que no tengamos que hacerlo", dice López al hablar de de reunir comida a largo plazo si la situación empeora.  "Sería señal de que la gente está mejor", dice. Pero por lo pronto, sigue llamando a 'Colo' y a los otros para hacer el próximo acopio de mercancía. 

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