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El Covid-19 no será el último virus causado por nuestro daño a la naturaleza

El nuevo coronavirus, cuya cifra global se acerca a los 100.000 muertos, podría haber sido transmitido a los humanos por un murciélago o un pangolín, usado con frecuencia en la medicina china.
El nuevo coronavirus, cuya cifra global se acerca a los 100.000 muertos, podría haber sido transmitido a los humanos por un murciélago o un pangolín, usado con frecuencia en la medicina china. © AFP

¿Fue un pangolín o un murciélago? A los científicos no les inquieta tanto el origen animal del coronavirus, sino nuestra interferencia sobre la biodiversidad, causa principal de esta zoonosis. Si el ser humano persiste en explotar los recursos y destruir los ecosistemas, existe el riesgo de propagación de otras pandemias.

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¿Todo esto empezó con un pangolín o con un murciélago? La duda tiene ecos del dicho popular sobre el huevo y la gallina, pero a estas alturas de la pandemia poco importa, o más bien, parece imposible que se pueda encontrar una prueba concluyente sobre el origen real del Covid-19.

Así lo indicó a EFE Luis Suárez, coordinador de conservación de WWF España, quien cree que en el epicentro del virus, la urbe china de Wuhan, "ya han sido eliminados" los restos biológicos. Si bien, "lo que sí podemos confirmar —asegura Suárez— es que se trata de una zoonosis". Es decir, que el virus procede sin lugar a dudas de un animal.

Y eso lo sabíamos. Pero hoy los especialistas nos alertan de algo más, replanteando nuestra duda inicial: ¿todo esto empezó con un animal? Y ahí, de acuerdo con ellos, podríamos decir que no. Ya que el primer error vendría de la actividad humana, que al contribuir con su explotación permite al virus saltar a nuestros cuerpos, dando lugar a este tipo de crisis sanitarias.

La alteración de la naturaleza, origen de las zoonosis

Para concretar en el término, las enfermedades zoonóticas son todas aquellas infecciones que se transmiten de animal salvaje a ser humano. No son nuevas, porque de ahí provienen la rabia, el paludismo o, por ejemplo, la tuberculosis. El problema es que están yendo en aumento.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula hoy en un 60% las enfermedades humanas de origen animal. Una cifra que asciende hasta el 75% en enfermedades emergentes, tipo ébola, zika, gripes aviares, otros SARS e incluso sida, mucho más recientes. Una situación que ya en 2016, el PNUMA describía como una "emergencia de las enfermedades zoonóticas", asociada a menudo a "cambios medioambientales, resultado de la actividad de los humanos, del cambio climático y de la transformación del uso de las tierras".

La científica suiza Maja Gudehus y un rastreador pigmeo en busca de pangolines.
La científica suiza Maja Gudehus y un rastreador pigmeo en busca de pangolines. © Florent Vergnes / AFP

Como experto, Suárez coincide con la ONU, y especifica que este porcentaje de dolencias se ha dado "en los últimos 40 años". Traducido, es en las últimas décadas que estos virus "que están en la Naturaleza" han pasado a las personas con más frecuencia, mientras en épocas anteriores la propia naturaleza "diluía el impacto de dichas enfermedades entre los distintos organismos y especies" con un riesgo menor de contagio.

Que la proliferación haya cambiado en el tiempo se debe solo a nuestro impacto en el medio ambiente, el cual, como explica Suárez, se refleja en "la explotación de las especies, la reducción de sus ecosistemas y los hábitos de alimentación poco higiénicos", relacionado todo con "la pérdida de la biodiversidad" que se da tras "la sustracción de animales de su hábitat natural para comerciar con ellos, de forma muchas veces ilegal y en mercados insalubres". 

Y ese ha sido el caso del mercado de Wuhan, donde "los fluidos de animales vivos se mezclan con los de los muertos" y generan así "el caldo de cultivo perfecto" para que se produzca "el salto entre especies".

¿Podemos anticiparnos a los virus de origen animal?

La respuesta es sí, y tiene que ver con la preservación de la biodiversidad frente "al crecimiento de la población y su uso cada vez más recurrente de los recursos del planeta, la destrucción de los ecosistemas que multiplican los contactos (entre especies)", insiste Gwenaël Vourc'h, directora adjunta de la unidad de epidemiología veterinaria del INRAE, instituto francés de investigación.

Algo que también apoya Anne Larigauderie, secretaria ejecutiva del panel IPBES de expertos de la ONU, afirmando que "el proceso que lleva a un microbio, como un virus, a ir de una población de vertebrados, como un murciélago, en el que existe naturalmente, a los humanos, es complejo, pero se debe a causa del hombre (…) las acciones humanas han dado oportunidad a los microbios de acercarse a las poblaciones".

Varios estudios mostrarían que el pangolín no es, como se ha pesado, el huésped ni portador inicial de Covid-19.
Varios estudios mostrarían que el pangolín no es, como se ha pesado, el huésped ni portador inicial de Covid-19. © Gráfico de France Média Monde

Cada año, 700.000 personas mueren por zoonosis, según el propio IPBES. Y lo complementa una investigación estadounidense previa al nuevo coronavirus, que identifica que los roedores, los primates y los murciélagos serían los huéspedes de la mayoría de dichos virus, incluyendo, en un 50% de posibilidades, a los animales domésticos.

Sin embargo, Luis Suárez insiste en "indultar" a estos animales o los propios pangolines, porque "todos los animales son portadores de muchos patógenos". La deforestación (por explotación o agricultura), el cultivo intensivo y la urbanización han modificado el equilibrio entre las especies, provocando que ciertos animales portadores de infección vayan a lugares que antes no solían habitar, lo cual genera a su vez que sus patógenos sí nos afecten.

Si nada cambia, otras crisis de este tipo podrían acontecer en el futuro. Y Anne Larigauderie no nos arroja esperanza, ya que la tendencia no parece decrecer. Al contrario, todo este cuadro debería hacer aumentar la frecuencia de estas pandemias.

Por eso para Luis Suárez el cuidado del medio ambiente "es la mejor vacuna contra el Covid-19". Para Gwenaël Vourc'h la solución debería ser sistémica, "más allá de la respuesta indispensable a cada epidemia, deberíamos pensar nuestro modelo y repensar nuestra relación con los ecosistemas naturales y los servicios que nos brindan".

A sus 86 años, Jane Goodall, célebre primatóloga británica, hace largo rato que sabe esas respuestas, tras dedicar la mayor parte de su vida a estudiar y defender los animales, sobre todo los chimpancés en África. "Era predecible que esto iba a ocurrir, y va a reproducirse hasta que aprendamos las lecciones (…) Nuestro desprecio hacia la naturaleza y nuestra falta de respeto por los animales con los que deberíamos compartir el planeta".

Con EFE y AFP

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