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La ley de identidad de género, una ampliación de derechos lograda en Chile

Elisa del Carmen Mardones muestra su nuevo carnet de identidad, obtenido gracias a la nueva Ley de Identidad de Género en Chile.
Elisa del Carmen Mardones muestra su nuevo carnet de identidad, obtenido gracias a la nueva Ley de Identidad de Género en Chile. © France 24

Más de 2.000 chilenos ya han pasado por el registro civil para que sus documentos oficiales reflejen los nombres y la identidad con la que se sienten a gusto. Con la recién aprobada norma, Chile se equipara a otros países de Latinoamérica en avances de los derechos de la diversidad sexual. 

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A pesar de que no estaba en su programa de gobierno o de haberse mostrado reacio a realizarlo en su campaña electoral, el gobierno de Sebastián Piñera terminó aprobando una ley sobre identidad de género que entró en vigor en medio del estallido social de 2019.

La norma fue refrendada el 27 de diciembre, poco antes del fin del agitado año en el país, y permite a la población trans mayor de 14 años elegir su nombre oficial. Así, Chile equipara a otros países más avanzados de la región en materia de derechos de diversidad sexual. 

Fue un largo camino de más de cinco años de tramitación en el Congreso que se vio obstaculizado por las reacciones contrarias de las fuerzas conservadoras, no siempre mayoritarias pero muy poderosas, en las élites políticas del país. 

“Fue una trayectoria larguísima”, explica a France 24 Isabel Amor, directora ejecutiva de Fundación Iguales, uno de los organismos que impulsó el proyecto, “porque hubo un acto de tratar de dilatar el proceso lo más posible” por parte de fuerzas conservadoras.

Sin embargo, el proyecto se vio impulsado por el Oscar que ganó la película “Una mujer fantástica”, interpretada por la actriz chilena trans Daniela Vega, que habla de los problemas que enfrenta este colectivo.  

La cinta logró “que todo el país se siente un viernes en la tarde y vea una película sobre una mujer que tiene una realidad específica y logra el arte educar de una manera en que las organizaciones de la sociedad civil ni el Estado podría hacerlo jamás”, señala Amor. 

Menores de 14 años, excluidos de la ley

También contribuyó la propia campaña realizada por Vega, quien en los discursos de celebración de la película mencionó que el Estado chileno ejercía violencia contra ella al no permitirle tener en su pasaporte el nombre con el que realmente se identificaba. 

Finalmente, para Amor, sale “la mejor ley de identidad de género que logramos sacar”, aunque reconoce que “tenemos algunos pendientes, como por ejemplo entender que la infancia trans también existe, y que estos niños y niñas debiesen ser incluidos en una ley” que fuese más transversal a todas las edades.

Efectivamente, la normativa permite sólo a los mayores de 14 años cambiar su nombre en el registro civil y, en el caso de menores de 14 a 18 años, deben contar con el consentimiento de uno de los padres y un previo paso por un tribunal de familia. Pese a las luchas de los colectivos por la diversidad sexual, la falta de quórum en el Congreso dejó fuera de la ley a los menores de 14 años.

A tres meses de la entrada en vigor de la ley, 2.132 personas reservaron hora para hacer el trámite y 1.609 de las solicitudes ya fueron aprobadas, según datos del registro civil.

Elisa del Carmen Mardones: “Para mí significa ser yo en todo sentido”

A pesar de las medidas restrictivas en el registro civil por el coronavirus, Elisa del Carmen Mardones no quería dejar pasar ni un día para tener en sus manos el nuevo carnet que reflejaría su verdadera identidad. Estuvo varios días chequeando frenéticamente en la web de esa dependencia -que se encontraba “en construcción”- cuándo estaría listo para recoger el documento que cambiaría su vida. 

“Ya no es discutible, ya no. En el fondo siempre he sido yo, pero ahora soy yo”, dice Elisa del Carmen Mardones, emocionada y feliz aunque "un poco en shock" al obtener el carnet que muestra la identidad con la que quiere ser reconocida, tras meses de espera.

“Para mi significa ser yo en todo sentido. Antes había como una especie de paralelo entre quién era para mí y quién era para la sociedad. Ahora no me cabe duda. Entonces no tengo que recurrir a una vida anterior, por así decirlo,  para hablar o explicar algo”, detalla Mardones. “Para mi significa mucha tranquilidad interna, mucha coherencia”, sentencia.

Atrás quedan los tiempos de las situaciones embarazosas, como cuando en el banco le preguntaban si venía a retirar dinero de la cuenta de su esposo o al recoger una encomienda juraban que había entregado un carnet de identidad equivocado.

Mardones cuenta que eligió el nombre de Elisa del Carmen en honor a su abuelo, Andrés del Carmen, quien a sus 88 años aceptó sin titubeos su nueva identidad.

“Yo a mi edad solo estoy para guiar y acompañar y asegurar que la gente sea feliz”, le contestó su abuelo en su momento, una respuesta que impresionó a Mardones.

Ella asegura sentirse privilegiada por la buena aceptación que tuvo en su entorno su decisión de dejar atrás la vida como Juan Andrés -incluido un matrimonio y un nuevo proyecto de vida en pareja que nunca se concretó- e identificarse como Elisa, algo que puede ratificar por completo con el nuevo carnet en su mano.

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