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El Tour de Francia, un patrimonio deportivo y cultural

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París (AFP)

¡Un patrimonio nacional! El Tour de Francia, cuyo aplazamiento es ineludible tras los anuncios de Emmanuel Macron, supera el ámbito deportivo, según políticos, público y sus organizadores.

El año pasado, medio centenar de parlamentarios pidió incluso su inscripción en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO. "Cada uno de nosotros tiene en su cabeza una imagen, una historia, un recuerdo propio, que caracteriza el nexo carnal entre el Tour y Francia", señalaron los defensores de esta moción, a iniciativa del diputado del departamento del Tarn, Philippe Folliot.

Entre diez y doce millones de espectadores se agolpan cada verano al borde de la carretera, atraídos por la carrera, así como por su ambiente, desde que la caravana publicitaria fuese creada a principios de los años 1930. Un 80% del público es francés y casi la mitad (48%) viene con niños, según las cifras del organizador ASO (Amaury Sport Orgnisation).

"El Tour, no es solo deporte, y sin público no sería un monumento así, el único espectáculo de esta naturaleza en el mundo al mismo tiempo popular y gratuito", recordaron en su petición los diputados que hablan de "refuerzo del nexo social": "Esta competición nos reúne más allá de nuestros orígenes, de nuestras convicciones o nuestros recorridos", señalaron.

- Historia y geografía -

Lejos de ser solo una saga deportiva, el Tour insistió en su período reciente sobre el aspecto social. Empujó desde 2017 a los niños de entre diez y doce años a realizar una redacción en los departamentos atravesados, instaló talleres de ciclismo en las llegadas destinadas al gran público, conforme al lema de su director, Christian Prudhomme, receptivo a las expectativas de los alcaldes: "El Tour debe ser un nexo entre la bicicleta de los campeones y la de todos los días".

Íntimamente ligada al país, a su historia y aún más a su geografía, la prueba creada en 1903 ha ido constantemente unida a su época. Solo las dos guerras mundiales la pararon y el recuerdo del Tour de la reanudación, en 1947, dejó una marca.

"Este período de confinamiento nos va a afectar moralmente, perdurablemente. Habrá que curarse y el Tour podría ayudarnos. Nos daría una estabilidad y relanzaría la vida", dijo recientemente al diario L'Equipe el exciclista francés, Raphaël Géminiani, dos veces podio de la prueba gala en los años 1950, hablando de la próxima edición.

- "Gran rito renovado cada año" -

Muchos aficionados del ciclismo han dedicado estos días a ver redifusiones de ediciones lejanas en las cadenas deportivas, y el Tour suscitó todo tipo de sentimientos, desde la divertida indulgencia a la nostalgia literaria.

"Le debo momentos de gracia, resplandores, pequeños instantes de felicidad, de los que nunca he olvidado su dulzura", escribió el académico francés de la Letras, Erik Orsenna, en el prefacio de una obra de arte aparecida con ocasión de la centenaria edición de la prueba en 2013.

"Todos aquellos que han amado el Tour de Francia me comprenderán. Hay en (el escritor Louis) Aragon una frase que cito y hago mía: 'No he perdido esa atracción de mi infancia por ese gran rito todos los años renovado'".

En los años 1950, el pintor español Salvador Dalí hablaba de un sentimiento compartido por muchos teniendo en cuenta las cifras de audiencia del evento (3,7 millones de telespectadores en la cadena de televisión France 2 de media el año pasado. con un pico de 7,1 millones en la etapa de Valloire): "Cuando termina el Tour de Francia, siento que falta algo: una gran parte del encantamiento paradisíaco de mi verano acaba de terminarse".

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