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Los desafíos económicos que impone el coronavirus a los países latinoamericanos

Un hombre con mascarilla hace una compra en el Mercado Central de Frutas y Verduras del partido de La Matanza, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, el 15 de abril de 2020.
Un hombre con mascarilla hace una compra en el Mercado Central de Frutas y Verduras del partido de La Matanza, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, el 15 de abril de 2020. © Juan Ignacio Roncoroni / EFE

La caída de precios de materias primas, remesas y turismo, así como la fuga de capitales, son factores de vulnerabilidad en una región que ya estaba estancada. Las economías llegan a esta crisis menos preparadas que a la de 2009, por lo que la ayuda internacional será vital. 

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Lo han advertido diversos economistas y organismos multilaterales: si las economías avanzadas van a sentir el fuerte impacto del coronavirus –y de las medidas implementadas para contenerlo– la devastación en las economías emergentes será mucho peor. No solo en términos de contracción económica, sino de empleo y pobreza. 

“Los gobiernos de América Latina y el Caribe enfrentan el enorme desafío de proteger vidas y al mismo tiempo limitar los impactos económicos”, dijo el economista jefe para la región del Banco Mundial, Martín Rama. “Esto requerirá políticas dirigidas y coherentes en una escala raras veces vista anteriormente”, advirtió. Según las previsiones de este organismo para el 2020, la contracción económica en la región será del 4,6% (excluyendo a Venezuela). Ecuador y México serían los más afectados (-6%), seguidos por Argentina (-5,2%) y Brasil (-5%). 

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), América Latina y el Caribe será la región de economías emergentes y países en desarrollo más golpeada por la crisis del coronavirus. Al igual que para Rusia, el FMI prevé una contracción del 5,2% este año, en comparación con las economías emergentes de Asia (1%), Medio Oriente y Asia Central (-2,8%), África Subsahariana (-1,6%) y países en desarrollo de bajos ingresos (0,4%). 

En su más reciente informe macroeconómico para la región en 2020, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) contempla cuatro posibles escenarios de choque –moderado, fuerte, severo y extremo– que tienen en cuenta pérdidas en el PIB de China y Estados Unidos. Según esos choques, el crecimiento económico de América Latina y el Caribe podría estar entre -1,8% y -5,5%. 

Las economías latinoamericanas llegan a esta crisis mal paradas

Por ahora, la propagación del virus no ha sido tan fuerte en Latinoamérica como en Europa y Estados Unidos. No es claro si lo peor está aún por llegar o las medidas de contención están funcionando. Lo que sí es evidente es que en medio de los confinamientos (según el BID, al 27 de marzo, 13 países miembros prestatarios habían impuesto un bloqueo parcial y 12 un bloqueo total), la crisis ya comienza a materializarse.

Se han registrado protestas en países como Argentina y Colombia, donde se han impuesto confinamientos totales. En Perú, de acuerdo con datos de Ipsos divulgados por el diario Gestión, un 35% de hogares dejó de percibir ingresos debido a la cuarentena obligatoria y otro 31% ha visto una reducción “considerable” de entradas económicas. La pregunta persistente es qué tan sostenibles son las cuarentenas en países cuyos gobiernos no pueden ofrecer paquetes de estímulo tan amplios como los vistos en países ricos. 

Las economías latinoamericanas, en general, llegan a esta crisis mal paradas. Como lo señala el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), varios países de la región se enfrentaban ya a un estancamiento prolongado. “A diferencia de 2008 (antes de la crisis financiera internacional) cuando la región se expandía 3,8%, el crecimiento el año pasado fue plano en México y Ecuador, escasamente del 1% en Brasil y Chile, y negativo en Argentina y Venezuela. La debilidad de las inversiones y las exportaciones ha sido el principal factor de arrastre. Solo Colombia y Perú mostraban una dinámica favorable de inversión antes del Covid-19”, detalló el organismo. 

Miguel Ricaurte, economista jefe de Itaú para la Región Andina, coincide con esta visión. “Definitivamente la situación hoy en día es más estrecha desde el punto de vista de espacio de política económica respecto, por ejemplo, a lo que las economías tenían cuando vino la crisis financiera internacional, en un momento en que los altos precios de las materias primas les habían permitido a muchas de ellas mejorar su situación fiscal, en algunos casos inclusive generar bolsas de ahorro importantes”, le explicó a France 24. 

La capacidad de respuesta latinoamericana es más limitada en comparación con la crisis financiera de 2009

Según el BID, las tres prioridades de los gobiernos latinoamericanos en esta crisis son: evitar el desbordamiento del sector salud y garantizar que cuente con los recursos adecuados; proporcionar alivio a los hogares más vulnerables que han perdido sus ingresos debido a las medidas de contención; y apoyar a las empresas para reducir lo más posible el aumento del desempleo y las quiebras y liquidaciones. 

No obstante, en el escenario actual, el espacio para implementar políticas, sobre todo en el frente fiscal, es limitado. Por lo menos, más que en 2008, cuando se dio la última gran crisis. Como señala el IIF, la proporción de deuda/PIB era mucho más alta en 2019 que en 2008. El resultado es que “la capacidad para proveer estímulos anti desestabilizantes a la economía es limitada precisamente cuando se necesitan más”. 

Según Ricaurte, “Chile puede ser el país con más espacio, pues todavía cuenta con ahorros fiscales y un nivel de deuda pública, tanto bruta como neta, relativamente el más bajo de la región, y que le ha permitido al gobierno ofrecer un paquete de estímulo que estaría rondando entre el 7 y 10% del PIB, entre las distintas medidas que se han ofrecido”. También destaca la situación de Perú, que ha puesto en marcha un plan de estímulo “cercano a los 8 puntos del PIB”, gracias a que cuenta con un espacio fiscal “más o menos importante” y mantenía niveles de deuda “relativamente bajos”. 

En cuanto a Brasil, el economista destaca que “si bien venía en una senda de deuda que venía creciendo, las medidas adoptadas por la actual administración para curvar el crecimiento de la deuda pública han sido efectivas, han sido leídas positivamente por el mercado”. Entre las medidas del gobierno federal y los estados “probablemente estamos hablando de un estímulo que estaría bordeando los 5 puntos del PIB, o algo por encima de eso”. En términos de estímulos le siguen Colombia y Paraguay y mucho más lejos Argentina y Uruguay. 

El caso de México, afirma Ricaurte, es “particular”, ya que la economía venía ya de una contracción y las autoridades han sido reticentes a tomar medidas firmes. “El banco central sí ha recortado la tasa, pero por el lado fiscal no hemos visto grandes medidas de estímulo, y a la luz de las características puntuales de esta crisis parece ser una necesidad importante para darle espacio y oxígeno tanto a los consumidores como a los empresarios en el sector privado”.

Según el IIF, países con buenas políticas macroeconómicas, entre los que incluye a Chile, Colombia y Perú, tienen más capacidad de estimular el gasto más rápidamente. Otros, como Ecuador y Brasil, tienen más dificultades para proveer apoyo a la economía debido a las necesidades de financiamiento pre-existentes. Lo mismo ocurre con México, debido a la incertidumbre respecto a sus políticas, y Argentina, por tener medios muy limitados para absorber los choques. 

“En general, proyectamos una recesión mucho más profunda que la crisis de deuda de los ochentas o la de 2009 debido a la naturaleza y severidad del shock, el mal desempeño en crecimiento, el incremento de exposición a los mercados globales y la capacidad limitada para responder”, concluye el IIF. 

El coronavirus golpea la economía latinoamericana por todos los frentes

Como señala Ricardo Hausmann, economista venezolano y profesor de Harvard, la mayoría de los países en desarrollo dependen de ingresos del exterior que se componen de exportaciones de materias primas, remesas y turismo. “Se espera que todos colapsen, dejando a las economías escasas de dólares y a los gobiernos, escasos de ingresos tributarios”, advierte.

En lo que respecta a materias primas, Juan Carlos Martínez, profesor de Economía de IE University, señala que “si las materias primas ya estaban en 2019 lejos de los precios que tuvieron hasta 2014, la llegada del coronavirus ha agudizado su desplome”. “Por ejemplo, el precio del cobre ha caído más del 15% desde principios de año y el barril de petróleo cotiza muy lejos de los casi 70 dólares con los que finalizó 2019, a pesar de los recortes de producción recientemente acordados entre los miembros de la OPEC y otros productores”, remarca. 

Aunque todavía es temprano para hacer cálculos precisos respecto a las remesas, lo que parece claro es que la racha alcista de los últimos diez años se interrumpirá en la región. Así se lo dijo a France 24 Jesús Cervantes, gerente de Estadísticas Económicas de Remesas de América Latina y el Caribe del CEMLA. “De 2009 a 2019, el ingreso por remesas de la región aumentó de 53 mil millones de dólares a 93 mil millones, lo que representó un incremento del 76%”, puntualizó.

Por el momento, solo se conocen cifras de ingresos de remesas en marzo de Guatemala, Honduras y El Salvador, países que reciben “aproximadamente una cuarta parte del ingresos total de remesas de América Latina y el Caribe”, y que provienen fundamentalmente de Estados Unidos. En comparación con marzo de 2019, éstas cayeron un 9,7% en Guatemala, un 10,7% en El Salvador y un 15,5% en Honduras.

Cervantes considera que la recuperación de este ingreso se dará primero en México, Centroamérica y el Caribe, dado que las remesas que reciben estos países provienen principalmente de Estados Unidos y de Europa. En el caso de Sudamérica, muchas remesas provienen de otros países de la misma subregión, por lo que la recuperación podría ser más lenta. 

En todo caso, se espera un fuerte impacto para toda una región en la que, según encuestas realizadas por el CEMLA, alrededor de un 25% a un 30% de los emigrantes señalan que las remesas que envían representan la principal fuente de ingreso del hogar receptor.  

A los bajos precios de las ‘commodities’ y la caída de las remesas y el turismo se suma la fuga de capitales. Ante el mayor riesgo, los inversionistas han optado por los refugios seguros que ofrecen Estados Unidos y otros países ricos. Según el IIF, los inversionistas extranjeros han retirado US$95.000 millones en bonos y acciones de mercados emergentes desde el 21 de enero. Según el BID, “sólo del 1 al 25 de marzo hubo por lo menos US$15.480 millones en salidas de bonos, lo que equivale aproximadamente al 3,8% del PIB mensual medio”.

Ayuda y financimiento internacional: vital para la recuperación de los mercados emergentes

En un contexto en el que los países emergentes tendrán que forzar al máximo su capacidad de respuesta, la ayuda internacional será vital. Según Kristalina Georgieva, directora del FMI, estos mercados podrán necesitar hasta US$2,5 billones en ayudas, una cifra que supera el producto interno bruto de países como Italia o España. 

Algunas de las ayudas que ya se han anunciado consisten en US$50.000 millones de financiamiento de emergencia por parte del FMI, desembolsos que se pueden hacer de manera rápida. También cuenta con un fondo fiduciario para alivio y contención de catástrofes, con el que puede aliviar la deuda de los países más pobres y vulnerables, y la posibilidad de ampliar los programas vigentes o respaldar nuevos mecanismos de financiamiento. Según datos divulgados por el periódico británico Financial Times, al 31 de marzo, 85 países ya habían pedido asistencia de corto plazo al FMI, cerca del doble de los que pidieron ayuda en 2008. 

Por su parte, el Banco Mundial tiene disponibles US$14.000 millones para financiamiento ‘fast-track’ y espera poner a disposición US$160.000 millones más en los próximos 15 meses. En cuanto al BID, el programa de préstamos para 2020 será de US$12.000 millones, más US$5.000 de BID Invest destinados a apoyar al sector privado.

Para el economista estadounidense Joseph Stiglitz, la suspensión del pago de deuda es tan importante a nivel local como internacional con respecto a los países emergentes.

En medio de una economía paralizada, el Nobel se pregunta: “¿Por qué debería permitirse a los acreedores continuar acumulando retornos, especialmente cuando las tasas de interés que cobran ya deberían haber creado un colchón de riesgo suficiente? A menos que los acreedores otorguen dicha suspensión, muchos deudores saldrán de la crisis debiendo más de lo que posiblemente puedan pagar”.

En ese sentido, la decisión tomada por el G-20 el pasado 15 de abril constituye una medida de alivio. Representantes de las principales economías del mundo acordaron la suspensión de pagos del servicio de la deuda para los países más pobres a partir del 1 de mayo por lo que resta del año. Los dirigentes del G-20 hicieron un llamado a los acreedores privados para que participen en la iniciativa “en términos comparables”.

Para Hausmann, las ayudas del G7 y G20 deben ir más allá. Primero, el economista propone una ampliación a más países de las líneas de swap que la Reserva Federal de Estados Unidos ha anunciado con los bancos centrales de Brasil, México, Australia, Dinamarca, Corea, Noruega, Nueva Zelanda, Singapur y Suecia. Como explica el BID en su más reciente reporte, “estas líneas, que se aplicaron con éxito durante la crisis financiera global, pretenden mitigar los efectos en la oferta internacional de crédito a los bancos y a las empresas que participan en los mercados internacionales y tienen efectos indirectos en el crédito de manera más general”.

En segundo lugar, Hausmann propone que los bancos centrales de las grandes economías compren bonos de mercados emergentes, “especialmente los menos riesgosos, para liberar más espacio a fin de que las instituciones financieras internacionales se centren en los casos más difíciles”. Su tercera propuesta consiste en ofrecer mecanismos financieros especiales para los países dolarizados como Panamá, El Salvador y Ecuador.

Así como se advierte que el golpe será más fuerte para los países en desarrollo y economías emergentes, los economistas y organismos multilaterales también aseveran que la salida de la crisis requerirá de una respuesta concertada a nivel internacional. Tal respuesta podría ayudar, al menos, a mitigar el inevitable impacto para una región que ya afrontaba grandes retos.

Y es que, como afirma el BID, “no cabe duda de que la pobreza y la desigualdad aumentarán”. Aunque el desafío que representa la crisis por el coronavirus es enorme para la región, “mirando hacia el futuro se encontrará al persistente reto de cómo reducir la desigualdad y mejorar la inclusión”.

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