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¿Puede el racismo por el Covid-19 romper las relaciones entre China y África?

Imagen de archivo, que muestra un grupo de personas en el barrio de "Little Africa" en Guangzhou (Cantón), en el sur de China.
Imagen de archivo, que muestra un grupo de personas en el barrio de "Little Africa" en Guangzhou (Cantón), en el sur de China. © Fred Dufour / AFP

El miedo a un nuevo rebrote de coronavirus ha producido distintos capítulos de discriminación a la población africana que vive en Guangzhou en China. Estos sucesos han despertado tensiones diplomáticas entre el gigante asiático y diversos países africanos. Sin embargo, las dos partes se necesitan en sus relaciones comerciales.

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Bares y comercios que no permiten la entrada de africanos; hospedajes que desalojan a la población africana; familias que no encuentran quién les alquile una vivienda y se ven obligadas a vivir en la calle; tests masivos y cuarentenas obligatorias para africanos que ni siquiera presentan síntomas de Covid-19.

Así describe su situación la comunidad africana que vive en Guangzhou (o Cantón), en el sur de China, un importante centro comercial de 15 millones de habitantes, donde está establecida la mayor cantidad de africanos en el país asiático. La cifra es confusa, pero según recoge el periódico Global Times, a partir de los datos de la Oficina de Seguridad Pública Municipal de Guangzhou, en 2017 había 10.000 africanos, la mayoría procedentes de Nigeria. Sin embargo, otras fuentes hablan de un número mucho más elevado. Se trata de empresarios, pero también ciudadanos que viven del comercio y del trabajo en las manufacturas chinas, poblando el distrito de "Little Africa" (Pequeña África).

Parte de la comunidad china de Guangzhou, ante el miedo de un rebrote del coronavirus, y siguiendo rumores extendidos por las redes sociales, considera que la población africana podría ser uno de los focos de propagación. Sin embargo, solo 22 de los 183 casos importados registrados en la provincia proceden de migrantes africanos.

Las denuncias de los migrantes, viralizadas en las redes, han encendido los ánimos de las oficinas diplomáticas africanas en China. Los embajadores en Beijing escribieron una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores chino en la que condenaban “el persistente hostigamiento y la humillación de los ciudadanos africanos”. También funcionarios de la ONU develaron una segunda carta firmada por un grupo llamado Comunidad Africana en Guangzhou, en la que se asegura que “el trato inhumano, el odio y la discriminación absoluta de los africanos que actualmente se lleva a cabo en la región está más allá de toda expresión".

Un malestar que ha llegado hasta la propia población africana y sus dirigentes. Moussa Faki Mahamat, presidente de la Comisión de la Unión Africana, cuestionó y criticó a sus homólogos chinos; e incluso el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, le ordenó al embajador chino que mirase los videos de Guangzhou, asegurándole durante la reunión que no permitirán "que los nigerianos sean maltratados en otros países".

Sin embargo, la reacción desde China ha tenido distintos matices: el medio de comunicación China Global Television Network (CGTN) calificó las informaciones de "fake news"; la embajada china en Harare, capital de Zimbabwe, recordó capítulos de maltrato hacia migrantes chinos producidos en el país, además de los disturbios acontecidos en Zambia, o los esporádicos ataques contra trabajadores chinos en Angola. Por parte oficial, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Zhao Lijian, este viernes 17 de abril, en una alocución para la prensa, sostuvo que “tratamos a todos los extranjeros por igual y rechazamos la discriminación. Los amigos africanos pueden contar con tener una recepción justa, cordial y amistosa en China”. De hecho, las autoridades del país asiático tratan de reubicar a los ciudadanos africanos que se han quedado en la calle, en hoteles y apartamentos.

¿Miedo, racismo o nacionalismo?

El conflicto con los países africanos no interesa en China. De hecho, en las últimas semanas, con la llegada de la pandemia a África, el país asiático se ha mostrado como un benefactor, enviando donaciones de suministros médicos, donde destacan los tests enviados por Jack Ma, cofundador de Alibaba, así como el traslado de médicos a Nigeria.

Médicos chinos desembarcan de un avión en el Aeropuerto Internacional Nnamdi Azikwe en Abuja, en Nigeria, el 8 de abril de 2020.
Médicos chinos desembarcan de un avión en el Aeropuerto Internacional Nnamdi Azikwe en Abuja, en Nigeria, el 8 de abril de 2020. © Kola Sulaimon / AFP

Sin embargo, la tensión vivida por los africanos que viven en Guangzhou, así como los episodios que han sucedido, esporádicamente, contra ciudadanos chinos en distintos países africanos, donde viven un millón de personas oriundas del gigante asiático, hacen preguntarse cuál es la relación entre sus habitantes.

Para Alejandro Godoy, experto en geopolítica de Asia y magíster de asuntos internacionales de la Universidad de Columbia, en conversación con France 24, es importante destacar que China es un país donde conviven 60 etnias: "El 93% de la población china pertenece a la etnia Han y ha habido un proceso de acabar con etnias como la de los uigures, los musulmanes o los tibetanos".

Por su parte, Antumi Toasijé, historiador y activista panafricanista español, explica a France 24 que más que al racismo, estos sucesos se deben al nacionalismo chino: “China es un país excolonizado y siempre ha sintonizado con los países colonizados de África. De hecho, se considera que el racismo es una lacra colonial. Sin embargo, aunque no se reconozca oficialmente, sí que existe racismo en ciertos sectores, y ya en los años 80, en Nanjing hubo protestas antiafricanas. Pero más que un racismo generalizado, creo que se trata del nacionalismo chino que considera que los extranjeros traen problemas”.

Para Toasijé lo que existe es una relación de desigualdad, ya que un millón de chinos pueden ir a vivir a África, mientras que los ciudadanos africanos en China están limitados y obligados a vivir ilegalmente. Una disparidad que, sin embargo, "no tiene nada que ver con el racismo europeo en el que los ciudadanos y estados se creen que pueden controlar el continente".

El historiador y activista cree que los problemas de africanos en China y de chinos en África también responden a los falsedades que se expanden por las redes sociales y fomentan la xenofobia: "Una situación que se puede solucionar con más información y con incidencia diplomática para solventar los problemas".

Toasijé considera que los medios de comunicación occidentales magnifican los problemas de África y China, por sus propios intereses; una opinión que coincide con la de Stephen Paduano, director ejecutivo de la Comisión de Diplomacia Económica de la London School of Economics, que en un artículo en Council on Foreign Affairs, hablaba de las presiones desde Estados Unidos para que se produzca una rotura en las relaciones entre África y China, como demostraron las alertas que hizo la embajada estadounidense a las comunidades afroamericanas en Guangzhou.

¿Las relaciones entre China y África son neocolonialismo?

Godoy apunta que entre 2000 y 2014 el volumen de inversiones en infraestructuras de China en el continente africano pasó del 2% (al nivel de Estados Unidos) hasta el 55%, convirtiéndose en el primer socio comercial de África: “El interés tiene que ver con pasos estratégicos, como el canal de Suez, por donde pasa el 30% del petróleo y comercio de la zona. Quién controle estos pasos puede conseguir una hegemonía, en la que Estados Unidos se está desmarcando y, por lo tanto, China neocolonizando”.

Vista general del puente Maputo-Katembe, en Mozambique, de fabriación China, y que sirvió para unir el norte y el sur de África, con su inauguración en 2018.
Vista general del puente Maputo-Katembe, en Mozambique, de fabriación China, y que sirvió para unir el norte y el sur de África, con su inauguración en 2018. © Roberto Matchissa / AFP

Unas inversiones que para Godoy se venden como “cooperación técnica, de sur a sur, de hermanos con un pasado común bajo dominación y colonización”, pero que no dejan de ser estrategias de neocolonialismo: “Un millón de chinos llega a África, crea infraestructura y endeuda a Gobiernos que lideran los índices de corrupción. Esto muestra que la política internacional de China es pragmática y no le importa si hay dictadura o democracia, sino si hay petróleo o materias primas, como coltán o cobalto”.

Sin embargo, para Toasijé, no existe un neocolonialismo. Sí coincide con Godoy en que hay un claro interés chino por el petróleo, las materias primas y agrícolas, como el algodón. También considera que China, con estas alianzas, consigue el favor de los Estados africanos y recibe más apoyos en la ONU para llevar a cabo sus estrategias. Y, además, cree que los 30.000 millones de dólares concedidos por China a los países africanos crearán una dependencia financiera a largo plazo. De hecho, el 80 por ciento de la deuda bilateral de Nigeria se la debe a China y alrededor del 60 por ciento de las inversiones extranjeras directas en Etiopía en 2019 provienen de Beijing.

Pero, para Toasijé, también es una relación positiva: "Ha habido un crecimiento de las infraestructuras y de las comunicaciones nunca vista en África. Además, a diferencia de países europeos, China ve a la población africana como un potencial consumidor".

A partir de la comparación con Europa, Toasijé considera que la neocolonización de China no es tal: “Las estimaciones de lo que reporta, por ejemplo, el comercio francés al pueblo africano, se sitúan en torno al 7%; mientras que en el caso de China llegan a un 37%. Gran parte de la crítica que se le hace a China está mediatizada por los intereses europeos, especialmente franceses, que derivan en situaciones como la caída de Laurent Gbagbo, expresidente de Costa de Marfil, después de que este pretendiese firmar contratos de recursos con empresas chinas. Para ser un país colonizador hay que tener un esquema de pensamiento concreto, que China no tiene”.

África-China: una relación con décadas de historia

A pesar del interés despertado en las relaciones entre el continente africano y el gigante asiático, después de estos episodios en Guangzhou, lo cierto es que no son vínculos novedosos, sino históricos. “Para ver el interés de China en África hay que irse al año 1955, cuando se produjo la famosa Conferencia Afroasiática de Bandung, en Indonesia, el cual fue un movimiento de países no-alineados, que estrecharon los lazos en dos lugares que habían sido dominados por Europa”, explica Godoy.

Imagen del 60 aniversario de la Conferencia de Bandung, donde se volvieron a reunir líderes asiáticos y africanos.
Imagen del 60 aniversario de la Conferencia de Bandung, donde se volvieron a reunir líderes asiáticos y africanos. © Achmad Ibrahim / AFP

Esta conferencia fue el preámbulo de décadas de inversión china en África. Una relación que, según Toasijé, desconocen muchas personas afrodescendientes: “China fue uno de los países que más apoyó las independencias africanas y esto generó un gran respaldo económico y militar a movimientos de liberación africanos”.

Una unión que se hace necesaria, en un momento en el que, tras el Covid-19, según asegura Stephen Paduano en su artículo en Council on Foreign Affairs, es vital más cooperación internacional. El Banco Mundial proyecta que las economías subsaharianas se contraerán un 5,1 por ciento en 2020, y será la primera recesión continental de los últimos 25 años.

Unas proyecciones que hacen que funcionarios africanos sigan solicitando unión internacional para que sus países puedan superar la tormenta. Esto queda demostrado en la solicitud de ministros de finanzas de África, a finales de marzo, cuando pedían 100 mil millones de dólares para conseguir fondos para atención médica, alivio de deuda y otros recursos. Son necesidades mundiales que el racismo no puede estropear.

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