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Mujeres en la primera línea frente al coronavirus (3/3): "Tratamos de tranquilizar a los padres"

Un estudiante de secundaria hace su tarea en línea con el CNED (Centro Nacional de Educación a Distancia).
Un estudiante de secundaria hace su tarea en línea con el CNED (Centro Nacional de Educación a Distancia). © Alain Jocard / AFP

Los colegios en Francia han estado cerrados desde el 16 de marzo. Para los profesores de primero y segundo grado, profesión compuesta en un 70% por mujeres, eso no impide bajo ninguna circunstancia dejar de enseñar. France 24 habló con varias docentes cuyo objetivo es mantener una continuidad pedagógica.

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Para Émilie, maestra en Châtillon en la región de Altos del Sena, la primera semana de cierre de los colegios fue un poco “caótica”. Siendo madre de gemelos de 27 meses en casa, tuvo que establecer un manejo del tiempo muy apretado para poder adaptarse.

“Tuve que adaptarme a ese nuevo contexto angustiante y que además resultara equitativo con mi pareja”, explica. Para su curso de primero de primaria de 24 alumnos organizó clases virtuales durante las siestas de sus hijos y tarde en la noche. Su objetivo: “mantener una rutina de clase” para estos alumnos en pleno proceso de aprendizaje de lectura y escritura. 

Al igual que otros docentes, para sus clases a distancia Émilie tuvo que innovar. Aún más con la saturación de plataformas en línea y espacios digitales de trabajo.

“Era estresante”, confirma Angeline, profesora de Ciencias de la Vida y de la Tierra (SVT por sus siglas en francés) en un liceo privado de la región de Val-d’Oise. Para su materia, los trabajos prácticos son fundamentales, entonces “ingeniárselas con la falta de interactividad no era tan sencillo”.

Así que optó por realizar sesiones por videoconferencia pero teniendo entre 29 y 35 alumnos no era fácil mantener la atención y el ritmo. “Es realmente en esos escenarios cuando uno se da cuenta de la importancia de la relación entre el profesor y el alumno”, nos cuenta esta maestra que ejerce desde hace más de 30 años. 

Una relación que también resulta esencial para Julie, profesora desde hace cinco años en un Instituto Médico-Educativo (IME), un centro especializado en el cuidado de niños con discapacidades mentales. Para su grupo de 12 alumnos, fue necesario reaccionar con rapidez para asegurar que hubiese una continuidad en el acompañamiento pedagógico. No es una tarea fácil para unos jóvenes cuyo aprendizaje requiere de una adaptación sistemática. “Fue brutal, tuve que hacer muchas fichas para los padres. Les estamos pidiendo que nos reemplacen y eso realmente no es fácil”, cuenta. 

Tranquilizar a los padres

Para Julie, lo esencial de su trabajo consiste en “tranquilizar a los padres”. Para eso, la comunicación por correo y por teléfono es constante. En efecto, para muchos el colegio en casa es sinónimo de estrés. “Una de las madres me enviaba muchos correos porque su hija le decía que no entendía cuando ella le explicaba”, cuenta Sophie, docente en un colegio de primaria, parte de la Red de Educación Prioritaria (REP).

“Es una madre que vive sola con sus dos hijas”, explica. En la mayoría de los casos, lo principal era tratar de no sobrecargar a los padres y hacer repasos. “Me parecía una locura pedirle a los padres que le enseñaran nuevos conceptos a los alumnos”, resalta Sophie. 

En la institución donde trabaja fue necesario prestarle herramientas digitales a las familias que no tenían y también explicarles cómo utilizarlas. En Francia, una de cada tres personas no tiene competencias digitales básicas. Y cuando las fichas y las explicaciones telefónicas no eran suficientes, los padres podían acudir al establecimiento para recibir un curso rápido de formación.

"Nuestro director envió autorizaciones excepcionales permitiendo los desplazamientos durante las dos primeras semanas". Iniciativas desarrolladas por cada institución según las necesidades que se iban presentando. “A veces acudíamos a los hermanos para traducir y explicar las consignas”, apunta Sophie. Unos docentes de un establecimiento en Montreuil realizaron “fichas explicativas en 17 idiomas”, cuenta Émilie.

“Lo más preocupante es el silencio”

Aunque la mayor parte de los alumnos parece haber logrado acostumbrarse a los cursos a distancia, sigue habiendo algunos jóvenes de los cuales los profesores no han podido obtener noticias. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, informó el 31 de marzo que había entre “5 y 8%” de abandono escolar desde el comienzo del confinamiento. Una cifra relativamente baja que sin embargo no indica el verdadero trabajo de los alumnos.

Aunque Angeline admite tener pocos alumnos en haber abandonado las clases, precisa que solo un tercio de su curso asiste de manera regular. “El problema es que no hemos sabido nada de los que no volvieron. Lo más preocupante es el silencio”. 

Ese mismo miedo al silencio fue lo que llevó a Émilie a hacer más que llamar a los padres y enviar tareas. Cada semana insiste en hablar con los alumnos. “Quiero que me cuenten ellos mismos cómo están viviendo el confinamiento. Siempre estoy pensando en el riesgo de las violencias intrafamiliares”, confiesa. Un riesgo muy real según las cifras publicadas el 9 de abril por el 119. El número de emergencia para las violencias infantiles ha comprobado que la cantidad de llamadas ha aumentado un 20% desde el comienzo del confinamiento. 

“Vemos lo que viven los jóvenes en la casa”

Para Émilie, profesora en un liceo profesional en la región de Vendée, esta experiencia le ha enseñado “mucho” y en particular sobre “cómo viven los jóvenes en sus casas”. Una opinión que la otra Émilie, docente en Châtillon, también comparte. “Llamo tanto a los padres como a las madres y por lo general ellos me pasan a las madres”, apunta, precisando que solo tres o cuatro de los 24 padres de familia están a cargo de la educación en la casa. 

Según el estudio realizado por Harris Interactive el 15 de abril 2020, para la secretaria de Estado encargada de la Igualdad entre hombres y mujeres, Marlène Schiappa, el 58% de las mujeres considera que pasan más tiempo que su pareja haciendo tareas domésticas y educativas. 

Ahora que el presidente Emmanuel Macron anunció el 13 de abril la reapertura de las clases a partir del 11 de mayo, Angeline tiene dudas.

“En el liceo donde trabajo, tengo cursos de 37 alumnos. ¿Cómo pretenden que haya una distancia social?”. “Estoy esperando con impaciencia las consignas académicas”, apunta Émilie, haciendo alusión a una “broma”.

El domingo 19 de abril, Édouard Philippe anunció que se darían informaciones precisas “en las próximas dos semanas”. Estas docentes deberán entonces armarse de paciencia. 

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