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Venezuela impone ‘pase de movilidad’ en zonas populares para hacer cumplir la cuarentena

Miembros de la Policía Nacional Bolivariana controlan el cierre de los negocios y el cumplimiento de la cuarentena, por los alrededores del mercado de Catia el 16 de abril en Caracas (Venezuela). "Cuarentena disciplinada, voluntaria y consciente". Son las palabras que repite en cada comparecencia el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Miembros de la Policía Nacional Bolivariana controlan el cierre de los negocios y el cumplimiento de la cuarentena, por los alrededores del mercado de Catia el 16 de abril en Caracas (Venezuela). "Cuarentena disciplinada, voluntaria y consciente". Son las palabras que repite en cada comparecencia el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. © Rayner Peña / EFE

Las barriadas populares de Caracas, que aglomeran cientos de miles de personas, son las que menos cumplen la cuarentena decretada por el Gobierno desde el pasado 16 de marzo ante el avance de la pandemia del coronavirus. Tras la solicitud del Ejecutivo Nacional, la Parroquia Sucre del Municipio Libertador impuso un ‘pase de movilidad’. A poco tiempo de su instauración, aún las calles se ven llenas de personas que tratan a diario de conseguir su sustento.

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Los vecinos de Catia, la capital de la Parroquia Sucre, que tiene cerca de 400.000 habitantes, fueron tomados por sorpresa con la medida de control de movimiento. Algunos habían escuchado rumores por las redes sociales, los que se confirmaron el 13 de abril cuando los miembros de los Consejos Comunales, quienes ejecutan las políticas locales en las comunidades, tocaron las puertas de sus casas para hacer entrega en físico del 'pase de movilidad'.

Para William Catedra, habitante de Catia y Defensor de Derechos Humanos, este mecanismo “es un mal necesario porque las calles están muy desbordadas”. Sin embargo, explicó que la gente no acata la cuarentena por un problema de mala interpretación de la información. “Como el Gobierno dice que todo está controlado, nadie quiere quedarse en su casa. Aquí la solución es educar e insistir en la letalidad del virus, no reprimir”, sostuvo. 

Los habitantes de las zonas populares de la capital suelen trabajar como vendedores informales y subsisten con las ganancias de las ventas del día. Catia no es la excepción. Allí funciona el mercado más grande de la capital y vienen muchos compradores desde otras parroquias. También en las zonas populares la costumbre entre las personas con pocos recursos es comprar la comida cada día. 

“Los sectores populares no tenemos cultura de comprar víveres cada 8 o 15 días. Aquí la gente tiene trabajo a destajo: sale, produce, compra un poquito para dos días y en ese tiempo se rebusca y vuelve a comprar. Por eso es difícil un control de la movilización”, explicó Catedra a France 24.

Suhail Lezama tiene un puesto de venta de víveres en esta comunidad. Para ella los vendedores son los más afectados con la medida porque ya no puede vender como antes. Le parece injustificado que no pueda trabajar porque a su juicio, según las cifras que emite el Gobierno sobre el coronavirus en Venezuela, no habría de qué preocuparse.

“Es injusto no poder trabajar. No sabemos la verdad, si hay pandemia, si está grave. Uno ve noticias sobre Estados Unidos por ejemplo, y ve los entierros de los muertos... aquí no vemos nada. Te hace dudar si el virus está entre nosotros o si fingen porque no hay gasolina en el país", acotó.

Lezama expresó que la policía está siendo estricta con los vendedores: "Los días de parada que son miércoles y domingo si te ven trabajando te piden que cierres el puesto, y si no haces caso vienen y te quitan la mercancía".

Un estricto control comunitario 

El carnet de movilidad es un documento hecho de cartón, sin costo alguno. Tiene un número consecutivo y las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH), los jefes del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), y Consejos Comunales fueron los encargados de asignar uno a cada familia de la parroquia, que fue dividida en 10 ejes. 

Los vecinos de estos ejes podrán salir cuatro días de la semana que se les asigna, según su sector, para realizar las compras de alimentos. Los miércoles y domingos nadie puede salir. No abren los comercios ni los mercados. 

Se le entregó un pase al miembro de la familia que está censado en el CLAP. El designado será el único que puede salir a la calle a traer lo necesario para el grupo familiar en cuarentena.  Por otra parte, ninguna persona ajena a la zona puede ir a la Parroquia Sucre, a menos que tenga un salvoconducto. 

Este es uno de los pases de movilidad entregados a uno de los residentes de Catia, la capital de la Parroquia Sucre en Venezuela.
Este es uno de los pases de movilidad entregados a uno de los residentes de Catia, la capital de la Parroquia Sucre en Venezuela. © Cortesía

Dexee Uricare, Integrante del Clap de la Calle el Carmen de Catia, señaló que esta ha sido una medida para que la colectividad tome conciencia y esperan que obtenga un resultado rápido.

“Hay una minoría con una inconsciencia constante. Creen que no pasa nada y es grave la situación del Coronavirus”, acotó.

Uricare también reveló que se escogieron jefes por calles para vigilar que los vecinos estén cumpliendo con la restricción de salida, y que todos están abocados en hacer cumplir la nueva normativa.

“Nos organizamos de a cinco compañeros en distintos días, y en distintos horarios, para vigilar quién sale de su casa. A los transeúntes se les solicita el pase y quien no lo tiene se regresa para su vivienda. Y el que tiene pase y permiso de salir se chequea que a los 12 del mediodía haya regresado a su casa”, indicó. 

Vecinos han denunciado que las autoridades policiales y militares los han amenazado con arrestarlos si incumplen reiteradamente con los días de parada.

En desacuerdo con el método

Eulis Palma, habitante de Catia, no está de acuerdo con el método manejado por el control comunitario de la Parroquia para evitar que los vecinos se contagien con el coronavirus. Dice que no se puede limitar a un individuo a comprar todo lo que se requiera en una casa porque muchas veces, bajo un mismo techo, conviven varias familias que tienen distintas necesidades.

“Es cierto que tienen que implementar un método pero el que escogieron no es el mejor. Limitan las necesidades poniendo la responsabilidad en una sola persona para hacer la compra. En mi casa somos varias familias y uno solo no puede ir a los sitios que solemos visitar cada uno para abastecernos”, dijo.

En casa de Eulis viven seis adultos, dos niños y un adolescente. Tres adultos están censados en el CLAP y si esa es la norma para dar el carnet, debieron recibir tres pases en su casa, pero solo les entregaron uno. 

“Es difícil no poder salir a hacer tus propias compras. Me parece excluyente. Aunque el carné no tiene nombre, es intransferible. El sistema debería ser distinto, más inclusivo”, expresó.

A pesar de las quejas, los vecinos siguen saliendo y en la medida de lo posible tratan de evadir a la autoridad.

La policía y Guardia nacional también fueron apostados en las zonas más importantes de la Parroquia para ayudar con el control de los transeúntes, pero este sector popular sigue teniendo las calles más concurridas y es uno de los grandes focos de preocupación del Gobierno. 

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