El coronavirus convierte a los sanitarios egipcios en los nuevos "parias"

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El Cairo (AFP)

"Es como si nos hubiéramos convertido en parias", lamenta el médico egipcio Ahmed Negm, quien se vio obligado a mudarse después de que corrieran rumores entre sus vecinos de que estaba "infectado por el nuevo coronavirus".

No fue el único en sufrir el rechazo de la población. Y eso que la prensa local trata al personal médico como héroes y los denomina "el ejército blanco de Egipto" por su lucha contra la COVID-19.

Hasta ahora, cuatro de los 43 médicos que han contraído el virus en varios hospitales del país han muerto, según el sindicato de médicos egipcios.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las infecciones de los sanitarios representan alrededor del 13% de los casos registrados en Egipto, que ha contabilizado oficialmente más de 3.300 infecciones y 250 muertes.

El doctor Negm, de 31 años, optó por aislarse como precaución después de estar en contacto con personas sospechosas de haber contraído la enfermedad.

Aunque dio negativo al test, los rumores de su supuesta infección corrieron entre el vecindario, en Ismailía (este). Algunos lo denunciaron a la policía, otros le pidieron que se mudara, con el pretexto de que había "muchos niños y ancianos" en el barrio.

Y el acoso siguió hasta que se acabó marchando.

- "Infamia" -

"La gente entra en pánico, pero es excesivo, hasta el punto de que se percibe como un estigma", dijo Negm a la AFP.

La semana pasada, unos lugareños asustados de la provincia de Daqahliya (norte) se manifestaron para impedir el entierro de una doctora fallecida del nuevo coronavirus, aunque ya no ejercía la medicina.

En un país donde las manifestaciones están prohibidas, el gobierno reaccionó arrestando a 23 personas. La fiscalía calificó los hechos de "actos de terrorismo".

El primer ministro Mostafa Madbuli lamentó un incidente "vergonzoso" y pidió a los sanitarios que "ignoren" estas acciones.

En un video subido a internet, una enfermera de la gobernación de Dajleya, que dio positivo junto con varios de sus colegas, explicó que unos desconocidos contactaron con el grupo después de que se publicaran sus nombres y datos personales en la red.

"Muchos nos han llamado para expresar su apoyo y rezar por nosotros... pero otros nos han acusado de propagar el virus", afirma con voz temblorosa y una mascarilla en la cara.

"Estamos cansados, tengan piedad de nosotros", imploró.

En otro video en internet, Dina Abdelsalam, una doctora de Ismailía, contó que sus vecinos la calumniaron tras enterarse de que trabajaba en un hospital que trata a pacientes con el coronavirus.

La doctora se mudó recientemente a un nuevo apartamento para no poner en peligro a su familia. Sus nuevos vecinos gritaron en la calle que "traía la enfermedad" al barrio, aseguró.

La policía intervino y, después de negociaciones, los vecinos se disculparon.

Para ella estas disculpas son "inútiles" después de haberla tratado de "sospechosa (de un delito)", dijo. "Los sanitarios sufrimos (...) y vosotros empeoráis (nuestra situación)", añadió.

Varios médicos de El Cairo, Alejandría (norte) y otros lugares se han quejado en Facebook de que los taxistas les niegan los viajes y algunos establecimientos, la entrega a domicilio de alimentos por miedo al contagio.

- "Perjudicial" -

El representante de la OMS en Egipto, Jean Jabbour, afirmó a la AFP que la presión sobre los sanitarios convierte una situación complicada en "todavía más difícil". Esto "debilitará nuestra lucha contra la COVID-19 y puede ser gravemente perjudicial para el país".

Ante esta situación los diputados están considerando una ley que sancione el "acoso" que sufren los sanitarios.

Desde marzo, Egipto ha aplicado medidas para limitar la propagación del coronavirus en este país de más de 100 millones de habitantes.

Además del toque de queda nocturno, se han cerrado los restaurantes, colegios, aeropuertos y lugares turísticos y están previstas multas elevadas e incluso penas de prisión para quienes quebranten las normas.

Pero en videos recientes todavía se ven multitudes en los mercados locales o en el transporte público poco antes de la hora del toque de queda.

"La gente no se da cuenta", dice Heba al Feky, una farmacéutica que recientemente se vio obligada a bajarse de un taxi debido a su trabajo. "Nos atacan a nosotros en vez de renunciar a hábitos que probablemente los expongan a la enfermedad".