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El confinamiento, una oportunidad para la recuperación de drogadictos en Sudáfrica

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Pretoria (AFP)

Graham Krugur, un heroinómano que vive en las calles de Pretoria, la capital sudafricana, ha visto en el coronavirus una oportunidad para cambiar de vida. Desde el comienzo del confinamiento en Sudáfrica, Krugur ha encontrado refugio en un hogar para dependientes de drogas donde ha comenzado su desintoxicación.

Debido al confinamiento, "no había drogas disponibles en la calle", dice este hombre de 34 años que porta una mascarilla quirúrgica en la cabeza.

A falta de algo mejor, buscó metadona, una sustancia utilizada para ayudar a los drogadictos a reducir gradualmente su dependencia de la heroína, y terminó en un centro de desintoxicación abierto durante el confinamiento a personas sin hogar.

En esta casa instalada en el terreno de una iglesia de Pretoria, la mayoría de los residentes tratan su adicción por primera vez con metadona.

"La salida es muy dolorosa", confiesa Krugur, consumido por la droga y la dureza de la calle. "Ahora estoy tratando de reducir" la cantidad de metadona y ver "si puedo salir adelante".

- Recuperar el control -

La asociación COSUP, que le proporciona su dosis diaria, ha visto duplicar el número de pacientes desde el comienzo del confinamiento en Sudáfrica, el 27 de marzo, con la llegada de más de 600 nuevos dependientes en apenas un mes.

"El confinamiento ha permitido que las personas accedan a este programa, lo que no hubieran hecho antes", dice el presidente de COSUP, Jannie Hugo.

La mayoría de los nuevos pacientes son personas sin hogar que estaban en el abandono total en casas ocupadas cuando las autoridades decretaron el confinamiento.

Este es el caso de Jimi, un diseñador gráfico desempleado de 25 años que se instaló en un edificio abandonado en Pretoria. La policía lo desalojó y lo llevó a la iglesia, que se ha convertido en un centro de tratamiento de la dependencia de drogas.

Ahora, Jimi no oculta su alivio. "Finalmente encontré un lugar para reconstruirme", dice.

La mayoría de los residentes cambiaron sus ropas andrajosas por uniformes de trabajo donados por el Municipio de Pretoria. Ahora cuidan el jardín, pintan las paredes y ayudan en la cocina.

Debajo de una gran carpa blanca erigida en el terreno de la iglesia, cada uno tiene un colchón en el suelo y un espacio delimitado por cinta adhesiva en el suelo, para respetar el distanciamiento social.

- Un nuevo comienzo -

"Estar rodeado de drogadictos en el proceso de dejar (la droga) me motiva", dice Jimi, que prefiere no dar su nombre verdadero.

Después de un comienzo complicado, los pacientes se acostumbraron a los efectos secundarios de la metadona (náuseas, estreñimiento...) y aprendieron a vivir juntos, explica el jefe del centro, Lucky Shokane.

El grupo ha estado "limpio" durante casi tres semanas, dice, frente a una pequeña estructura de madera utilizada para la distribución de metadona.

"El efecto positivo del confinamiento es que tenemos un entorno supervisado para ayudarlos a retomar el control de sus vidas".

Para Shokane, el confinamiento ha ayudado a resaltar la magnitud del problema de las drogas en Pretoria, en particular, y Sudáfrica en general.

Según el Departamento de Estado estadounidense, Sudáfrica es considerado uno de los principales mercados de drogas en el África subsahariana.

"Necesitamos un lugar para darles la bienvenida una vez que se levante el confinamiento", dijo Shokane. "Un lugar seguro donde puedan continuar el programa (...), adquirir competencias y conseguir un empleo".

Pero la esperanza de ese nuevo comienzo sigue siendo frágil, dada la constante propagación del virus en Sudáfrica. Hasta la fecha, el país ha registrado 3.953 casos confirmados de contagio con el nuevo coronavirus, y 75 víctimas fatales.

En el refugio de la iglesia, ocho hombres fueron sometidos a pruebas recientemente para diagnosticar un posible contagio con el coronavirus, después de presentar síntomas similares a los de la gripe. En el centro, todos esperan con ansias los resultados.

Para Shokane y sus protegidos, una epidemia en el refugio sería "terrible" porque correría el riesgo de descarrilar el programa de metadona. "No hay lugar en la ciudad o en el hospital que pueda cuidarlos", advierte.

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