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Un comienzo de Ramadán marcado por la presión para abrir las mezquitas

Un hombre al interior de una mezquita durante el mes de Ramadán en medio de un cierre de la provincia de Khyber Pakhtunkhwa debido a la pandemia en Peshawar, Pakistán, el 27 Abril de 2020.
Un hombre al interior de una mezquita durante el mes de Ramadán en medio de un cierre de la provincia de Khyber Pakhtunkhwa debido a la pandemia en Peshawar, Pakistán, el 27 Abril de 2020. © Bilawal Arbab / EFE

En medio de la pandemia y en el mes sagrado para los musulmanes, muchos no entienden cómo es que bazares y parques fueron abiertos, mientras sus centros de oración permanecen cerrados. 

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Primero fueron los comercios de bajo riesgo el 11 de abril, una semana más tarde los bazares y solo unos días después, coincidiendo con la llegada del Ramadán el pasado sábado, se decidió repentinamente abrir los parques. Pero… ¿Y las mezquitas? Se preguntan muchas voces desde diferentes lugares del país que no entienden cómo lugares congestionados como los mercados sí pueden estar abiertos, así sea hasta las 6:00 p.m. y no los centros de oración. Más ahora, en el mes sagrado para los musulmanes, en el que se acostumbra visitar estos monumentos para rezar en comunidad. 

Una de las principales voces en llamar la atención fue el ayatolá Alalmolhodah, quien es la máxima autoridad religiosa en Mashad, la segunda ciudad de Irán y sede del mausoleo del Imam Reza, el centro iraní de peregrinaje más importante y que es visitado por millones de personas cada año. A él se sumó otro gran grupo de religiosos en la ciudad de Qom, a 125 kilómetros al sur de Teherán, donde queda ubicado el otro enorme mausoleo del país y en el que tienen su centro la mayoría de los ayatolás iraníes que, a su vez, son las máximas figuras del chiismo. 

Un nutrido grupo de religiosos relacionados con el sector radical se reunió frente a la puerta del santuario de Masoumeh para pedir su reapertura. Este complejo religioso, con su gran cúpula de oro y paredes cubiertas con delicados mosaicos, fue cerrado a mediados de marzo después de muchas dudas por parte del Gobierno que se enfrentó a algunos sectores más radicales. Todo esto sucedió a pesar de que Qom fue el centro donde se expandió el virus en Irán a comienzos de febrero. Desde entonces, la nación pasó a convertirse en el mayor foco del virus en Medio Oriente y fueron muchos de estos peregrinos los que llevaron de vuelta el virus a sus territorios de origen, tales como como Irak o el Líbano. 

Una mujer pasa por la puerta cerrada frente al Imamzadeh Saleh en el distrito Shemiran de la capital iraní, Teherán, el 25 de abril de 2020.
Una mujer pasa por la puerta cerrada frente al Imamzadeh Saleh en el distrito Shemiran de la capital iraní, Teherán, el 25 de abril de 2020. AFP - ATTA KENARE

Actualmente, Irán contabiliza más de 5.800 fallecidos y 92.000 casos confirmados, de los cuales cerca de 72.000 se han recuperado. Se calcula que estas cifras serían mucho mayores pues, al igual que sucede en otros países, las autoridades iraníes solo contabilizan fallecidos en hospitales y diagnosticados positivos. A esto se suma que algunos expertos debaten si la nación todavía está atravesando el primer pico o ya se encuentra en el segundo, que estaría siendo menor al vivido en las primeras semanas. 

Bajo el temor de que la pandemia pueda volver a poner al límite los servicios sanitarios después de la reapertura del país, tal como lo señalan desde el Ministerio de Salud, el debate de los últimos días se ha centrado en los centros religiosos. Desde los seminarios de Qom, donde se educan a los futuros clérigos, niegan estar presionando al Gobierno para tomar decisiones que no son respaldadas científicamente. Pero estas voces no siempre son las más sonoras. El editorial del periódico oficialista Keyhan, cuyo director es asignado por el líder supremo, se preguntaba días atrás porqué la reapertura de estos centros religiosos era la última prioridad gubernamental. “Los creyentes son muy estrictos observando los principios de higiene y distanciamiento en estos lugares”, aseguraba.

Grandes centros religiosos, especialmente la Meca, permanecen cerrados 

Todas estas presiones han llevado a la Administración del presidente Hassan Rohani a revaluar su estrategia de desconfinamiento. Si bien había anunciado que esperaría hasta el 4 de mayo para estudiar cuáles serían los pasos a seguir, el 26 de abril aseguró que los líderes de los municipios que estén calificados con una estrella blanca podrán decidir qué hacer con sus mezquitas. La nueva estrategia consiste en crear tres categorías – blanco, amarillo, rojo- que determinarán la manera cómo las autoridades locales podrán proceder en las próximas semanas. Según se conoce, hay 116 poblaciones calificadas con blanco y 134 con amarillo, pero los nombres todavía no han sido publicados. 

Irán atraviesa una gran crisis económica que se hizo mayor con la imposición de nuevas sanciones por parte de Estados Unidos, que en 2018 decidió retirarse del Acuerdo Nuclear firmado entre esa nación y otras grandes potencias en 2015. Los problemas que ya existían se han hecho mayores desde el inicio de la pandemia. Y es que, si bien Irán nunca ordenó el confinamiento total, el virus terminó por afectar profundamente su economía. Por más de un mes, la mayoría de los comercios fueron cerrados al igual que muchas empresas. 

“Los seres humanos somos optimistas, pero yo veo muy difícil que la situación se solucione pronto. Ni el Ramadán podrá arreglarlo”, decía Amir Rafaie, dueño de un puesto de encurtidos en el bazar de Tajrish, al norte de Teherán. Este mes, justo en el cual los musulmanes ayunan de sol a sol, suele traer un impulso económico para estos mercados. Pero este año hay pocas expectativas entre los comerciantes. La única esperanza de un sector de la población es que las mezquitas se abran, al menos en algún momento antes del 23 de mayo. 

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