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Del mar al encierro, el duro confinamiento de un gran campeón de apnea

El campeón de apnea francés Guillaume Nery, el 10 de enero de 2019 en París
El campeón de apnea francés Guillaume Nery, el 10 de enero de 2019 en París Joel Saget AFP/Archivos
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París (AFP)

Sin poder sumergirse en el mar, el francés Guillaume Néry, un gran campeón de apnea, echa mucho de menos sus aventuras acuáticas debido al confinamiento por la pandemia del nuevo coronavirus, hasta el punto de sentir un "impacto fuerte" en su cuerpo.

"No me mina la moral de forma consciente, pero se nota de alguna forma y me perturba el sueño", admite este maestro de las profundidades en una entrevista concedida a la AFP por teléfono desde su domicilio de Niza, en el que tiene vistas al mar.

"Esta mañana he tenido problemas para despertarme, he tenido muchos episodios de insomnio. Siento que la privación de libertad en el cuerpo tiene realmente un impacto fuerte. Lo que es una locura es que se manifiesta de manera inconsciente, tengo la impresión de que consigo gestionarlo bien en el día a día, no tengo la sensación de sufrirlo, pero se manifiesta de otra manera", explica.

Guillaume Néry tiene problemas para conciliar el sueño desde el inicio del confinamiento en Francia, a mediados de marzo.

Las restricciones le impiden disfrutar del mar pero también de la montaña. Le gusta escaparse a menudo al parque nacional de Mercantour, pero ahora tiene que conformarse con quedarse en casa.

"Son los dos universos en los que me gusta expresarme, donde no hay límites. Me veo privado de esas dos fuentes esenciales para mi equilibrio", explicó.

Este autor de cuatro récords mundiales, que ha conseguido llegar a 126 metros de profundidad, mira el mar desde su ventana, pensando que podría llegar allí en apenas diez minutos.

"Es un sentimiento muy ambivalente, el mar es mi horizonte desde siempre, es mi punto de referencia. Tengo ganas de verlo pero no demasiado porque no es fácil", explica Nery, que no puede evitar proyectarse mentalmente al Mediterráneo. "¡Es duro!", se resigna ante la situación actual.

- Cine para la espera -

En este confinamiento ha intentado compartir su mayor pasión con su hija de 8 años, a la que propuso ver por primera vez "Le Grand Bleu", la película de 1988 dirigida por Luc Besson sobre la vida de la figura de la apnea Jacques Mayol, al que interpretó Jean-Marc Barr.

"Dios mío, ¡me quedé traumatizado! Me veía al atardecer sobre las rocas, con el mar tranquilo, me veía buceando. Ese momento de libertad que siento cuando estoy en contacto con el mar...", cuenta.

Es inevitable para él hacer planes en su cabeza sobre cuándo podrá volver al mar.

"Y cada vez más. Ese momento va a tener un sabor especial. He tenido bastantes experiencias de privación. La apnea es una experiencia de privación, en la que dejas de respirar y cuando vuelves a respirar por primera vez, aunque el tiempo haya sido muy corto, esa primera inspiración tiene un sabor especial", relata.

Entre sus recuerdos más recientes, las seis semanas que pasó el año pasado en un barco en el océano Antártico.

"Era casi un entrenamiento para la gestión de este confinamiento. Recuerdo en los últimos días, antes de poner pie en tierra en Ushuaia, había una especie de impaciencia, de expectativa. Lo saboreaba todo, un pájaro que piaba, el primer café que pude beber, el primer cruasán, andar una distancia superior a la longitud del barco. Fue extraordinario. Me imagino que ese primer regreso al mar tendrá ese sabor. Creo que va a ser bastante fuerte", vaticina en voz alta.

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