Perú: María Antonieta Alva, la joven ministra de Economía "heroína" de la lucha contra el Covid-19

María Antonieta Alva asumió el cargo de ministra de Economía de Perú en octubre de 2019.
María Antonieta Alva asumió el cargo de ministra de Economía de Perú en octubre de 2019. © Guadalupe Pardo / Reuters

Con 35 años, la joven ministra peruana de Economía, María Antonieta Alva, demostró que sus críticos se equivocaban al implementar el plan de estímulo económico más ambicioso de Suramérica para enfrentar el Covid-19. Una hazaña que la convirtió en una de las figuras políticas más populares del momento. 

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"Rock star" para 'Bloomberg', "heroína" de la lucha contra la pandemia para el 'Wall Street Journal'. María Antonieta Alva es una de las pocas figuras políticas del mundo cuya popularidad se ha disparado gracias a la pandemia de Covid-19. La joven ministra peruana de Economía goza de un 75% de opiniones favorables en un país "que sin embargo tiene una tradición histórica de desconfianza ante el personal político y las instituciones", resalta el 'Wall Street Journal'. 

A pesar de ocupar el cargo hace tan solo siete meses, esta mujer de 35 años se convirtió desde el comienzo de la epidemia en el rostro de uno de los planes de estímulo a la economía más ambiciosos del mundo. Y además, esta dirigente que se considera a sí misma apolítica sobrevino en la figura central del gobierno “anti-corrupción”, tras ser nombrada en octubre de 2019 por el presidente Martín Vizcarra. Pancartas que aplauden la "valentía y la dignidad" de María Antonieta Alva se despliegan en los puentes que cruzan las vías principales en Lima, mientras que un video glorificando a la ministra, con un fondo de música salsa, rápidamente se volvió viral. 

Una pancarta en apoyo a María Antonieta Alva cuelga en Lima, Perú.
Una pancarta en apoyo a María Antonieta Alva cuelga en Lima, Perú. © Captura de pantalla

Una "millennial" enfrenta al Covid-19 en Perú

Incluso el programa sensacionalista Magaly TV transmitido por la cadena local 'ATV' dejó de lado temporalmente sus habituales reportajes sobre los chismes de la industria del entretenimiento para dedicarse, el mes pasado, a realizar un retrato de la persona que se convirtió en "la mujer del momento".

Sin embargo, nada parecía predestinar a María Antonieta a encarnar las esperanzas de un país entero para superar la crisis sanitaria sin causar demasiados estragos económicos. Su nombramiento para el puesto de ministra de Economía y Finanzas fue más bien fríamente acogido por la mayoría de los comentaristas políticos. Su corta edad y su inexperiencia en el complejo y caótico juego político peruano eran considerados defectos para administrar un sector tan sensible como el de la economía. 

A lo sumo, era vista como una joven brillante, que había pasado por la prestigiosa Universidad del Pacífico de Lima y por la no menos reconocida Universidad de Harvard en Estados Unidos, pero que corría el riesgo de no terminar bien al ocupar un puesto muy importante. Como mucho, era catalogada como un simple producto de la “burocracia peruana”, habiendo sido nombrada solamente para cumplir con la cuota “milennial” del gobierno.

Antes de tomar las riendas de la economía, María Antonieta Alva estuvo los últimos años supervisando tras bambalinas la gestión de las finanzas en diferentes cargos de la Administración, entre los cuales le correspondió ser la directora general del Presupuesto Público. 

Con la llegada de la epidemia, esta trabajadora de apariencia austera se vio obligada a inventarse con urgencia un plan de estímulo para la economía del país de Suramérica más afectado por el Covid-19 después de Brasil, con 51.189 casos confirmados hasta el 5 de mayo. María Antonieta Alva causó un impacto al anunciar un presupuesto de 26.000 millones de dólares, es decir el equivalente al 12% del PIB nacional.

"En términos macroeconómicos, Perú es el país de América Latina que está haciendo el esfuerzo económico más importante", constata Ricardo Hausmann, un economista de Harvard entrevistado por 'Bloomberg'. Los esfuerzos presupuestarios de Brasil o de Chile, dos países vecinos, solo alcanzan el 7% del PIB.

Lo mismo ocurre a nivel mundial: hay pocos países que puedan permitirse desplegar tanto dinero sobre la mesa, de manera equivalente al tamaño de su economía, para limitar los estragos causados por el coronavirus. El plan de ayuda "histórica" de Estados Unidos solo corresponde al 10% de su PIB, mientras que los 110.000 millones de euros desbloqueados por Francia a principios de abril equivalen a un poco menos del 5% de su PIB.

Las pobres y las pequeñas empresas primero

Hay que mencionar que Perú gozaba de una situación financiera más bien saludable en comparación con el resto de los países de América Latina, quienes al igual que Brasil ya enfrentaban serios problemas económicos antes del comienzo de la epidemia. Traumatizado por la hiperinflación de los años 1980, Perú empezó desde 1993 a limitar los gastos, prohibiendo incluso tener un déficit que sobrepasara el 30% del PIB. El resultado: en 2018, su déficit solo alcanzaba el 23% del PIB.

Pero la otra cara de la moneda es que los sectores de la salud y de la educación en la nación son de los menos financiados en América Latina. 

Pareciera como si el país se hubiese estado preparando desde hace casi 30 años para enfrentar una situación de crisis en la que se vería obligado a utilizar ampliamente sus reservas. Y María Antonieta no dudó en hacerlo. "El dinero no debe ser un problema", declaró a mediados de abril, antes de detallar cómo pensaba gastar esos fondos. 

Sus decisiones son las que le han valido la simpatía de una gran parte de la población, pues omiten ayudarle a los grandes grupos para concentrarse de manera casi exclusiva en los más necesitados y en las pequeñas empresas. En primer lugar, su plan prevé asistir al sector hospitalario, bajo presión financiera desde hace años a causa de la política de austeridad, marca personal de Perú. Luego, los fondos deben servir para cubrir una fracción de los salarios de una parte de la población que quedó desempleada a raíz de la pausa en las actividades, otorgarles préstamos a las microempresas y distribuir ayudas directas a los más pobres. 

Recesión en la mira

Semejantes medidas nunca habían sido contempladas en un país casado con el liberalismo, resalta 'Bloomberg'. "Fue ella, quien a punta de negociaciones con los demás miembros del gobierno, le permitió a Perú presentar un plan tan bien estructurado", señala Jaime Reusche, un analista de la agencia de calificación Moody’s, entrevistado por 'Bloomberg'.

El espíritu de ministra que no solo obedece a los intereses de los más poderosos se origina también en un pulso que tuvo con Carlos Paredes Lanatta, el exdirector del grupo público petrolero Petroperú. En enero de 2020, Alva se negó a ayudar a esta empresa, por lo cual resultó ampliamente insultada por el economista. Este último tuvo que renunciar tras la publicación a finales de febrero de una grabación de audio en la cual se escuchan las "amables palabras" dichas por el 'gran patrón' a la joven ministra. 

Pero la luna de miel de María Antonieta Alva con la opinión pública corre el riesgo de no durar mucho tiempo, previene el 'Wall Street Journal'. Las previsiones económicas para Perú son oscuras, a pesar de los fondos que el gobierno pretende inyectar en la economía. "La recesión podría ser la peor desde la guerra del Pacífico contra Chile en 1879, cuando la producción cayó un 32%", apunta el periódico económico estadounidense.

En efecto, la economía peruana depende mucho de las exportaciones de materias primas y del turismo, dos sectores ampliamente afectados por la crisis sanitaria. Estas medidas de estímulo económico corren entonces el riesgo de ser una cura temporal para una sociedad que sigue siendo muy desigual, con el 20% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza.

 

Este artículo fue adaptado de su versión original en francés

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