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Bangladesh: confirman los primeros casos de Covid-19 en el centro de refugiados más grande del mundo

Un refugiado rohingya cambia por uno de los 34 campamentos del distrito Cox's Bazar, en la costa oeste de Bangladesh, el 7 de marzo de 2019.
Un refugiado rohingya cambia por uno de los 34 campamentos del distrito Cox's Bazar, en la costa oeste de Bangladesh, el 7 de marzo de 2019. © Mohammad Ponir Hossain / Reuters

Se trata de un rohingya y un miembro de la comunidad local donde están los campamentos, en donde viven más de 860.000 personas sin agua ni jabón suficientes, y en espacios tan reducidos que el distanciamiento social es difícil de cumplir.

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La carrera contra el tiempo en el centro de refugiados con la mayor densidad poblacional del mundo parece haber llegado a su punto decisivo. Durante más de un mes, organismos internacionales y los mismos refugiados rohingya han trabajado para hacer jabones, tapabocas y educar a la gente sobre cómo se puede intentar contener al virus una vez entrara en este lugar. Y ahora llegó el momento que muchos temían. 

La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) en Bangladesh confirmó este jueves los dos primeros casos de coronavirus dentro del campamento más poblado del mundo, donde viven más de 40.000 personas por kilómetro cuadrado. 

“Un refugiado rohingya y un miembro de la comunidad local dieron positivo por Covid-19 en una instalación en el asentamiento de refugiados de Kutupalong”, publicó en su cuenta de Twitter la Acnur en Bangladesh. 

El hacinamiento en el que viven los rohingya

Kutupalong es tan solo uno de los 34 campamentos de refugiados que hay en el distrito de Cox’s Bazar, en la costa oeste del país. Allí viven gran parte de los 860.000 rohingya que llegaron a Bangladesh luego de la matanza que padecieron en Myanmar desde agosto de 2017. 

Y fue precisamente en ese campamento, el más hacinado de todos, donde se registraron los dos primeros contagios que ha habido en todos los centros de refugiados de Cox’s Bazar. 

El primer problema es que las medidas de distanciamiento social que recomiendan para evitar la propagación del virus son casi imposibles de cumplir en Kutupalong. “Siete miembros de mi familia comparten un alojamiento de ocho por diez pies (dos por tres metros). Todos nos piden que mantengamos la distancia social, pero ¿cómo podemos hacerlo?”, le dijo a Acnur el refugiado rohingya Saidul Hoque.

Por eso es que los organismos internacionales advierten que la llegada del virus al centro de refugiados, y especialmente a Kutupalong, puede ser más devastadora de lo que ha sido en otros lugares. Shamim Jahan, director de la ONG internacional Save the Children en Bangladesh, le dijo a Reuters que la pandemia podría matar a miles de refugiados debido a las condiciones en las que viven y que, incluso, los efectos del virus podrían retrasar al país entero “por décadas”. 

“Aquí viven de 40.000 a 70.000 personas por kilómetro cuadrado. Eso es al menos 1.6 veces la densidad de población a bordo del crucero Diamond Princess, donde la enfermedad se propagó cuatro veces más rápido que en Wuhan en el pico del brote”, precisó Manish Agrawal, director nacional de Bangladesh en el Comité Internacional de Rescate.

Las carencias sanitarias para enfrentar el virus

Al hacinamiento se suman las precariedades de salud que hay en los campamentos de Cox’s Bazar y que pueden contribuir a que el virus se propague de manera rápida. Los Rohingya no tienen agua ni jabón suficientes y para conseguirlos deben hacer largas filas durante horas. Lo mismo se repite para tener algo de comida, según Médicos sin Fronteras. 

La situación es tal, que desde antes de que se confirmaran los dos primeros casos, los organismos internacionales y los mismos refugiados comenzaron a producir jabón y a construir más lugares para lavarse las manos. 

A esta carencia se suma que la infraestructura de salud que existe siempre ha sido limitada incluso para atender enfermedades cotidianas. Aunque las onegés en Bangladesh están levantando centros de salud temporales para aislar a 1.900 personas contagiadas en todo Cox’s Bazar, estos también serán para los habitantes del distrito por fuera de los campamentos y no todas las camas están listas.

Incluso si las tuvieran ya, serían insuficientes para combatir el coronavirus, pues donde viven los rohingya no hay ninguna unidad de cuidados intensivos. Los ventiladores serán escasos porque en todo Bangladesh solo tienen cerca de 2.000 para atender a los pacientes más críticos de los casi 19.000 infectados que hay por el momento en el país, como lo dijo el doctor Jahan.

La falta de internet y de telefonía móvil también es contraproducente para los rohingyas durante la pandemia. El gobierno de Bangladesh cortó esos servicios desde septiembre del 2019 tras una protesta en la que los refugiados conmemoraron el día en el que comenzó la matanza en su contra en Myanmar. 

Refugiados rohingya se congregan para una oración, en el campamento de Kutupalong, en Cox’s Bazar, Bangladesh, el 25 de agosto de 2019, en el segundo aniversario del éxodo masivo desde Myanmar.
Refugiados rohingya se congregan para una oración, en el campamento de Kutupalong, en Cox’s Bazar, Bangladesh, el 25 de agosto de 2019, en el segundo aniversario del éxodo masivo desde Myanmar. REUTERS/Rafiqur Rahman

Sin esas redes de comunicación y en medio del aislamiento que existe en el distrito desde el 9 de abril, los organismos internacionales no han podido capacitar a todas las personas necesarias para enseñarles qué es lo mínimo que pueden hacer frente al Covid-19.

Es crucial que se restablezca la conectividad en los campamentos rohingya y adyacentes comunidades de acogida, para permitir un acceso rápido a la información que puede ayudar a combatir el Covid-19, así como garantizar la preparación ante la inminente temporada de ciclones y monzones”, planteó Acnur a finales de abril, pero los servicios siguen cortados. 

Los incendios y las lluvias se suman a la pandemia

Además del hacinamiento y la falta de condiciones de salubridad, la pandemia llega a los rohingya en Bangladesh en medio de otras dos grandes problemáticas. El pasado 12 de mayo un incendio dentro del campamento Kutupalong destruyó 312 refugios y afectó otros 362, según la oficina de Acnur en Bangladesh.

Además, esta es la temporada de lluvias monzónicas que generan deslizamientos de tierra e inundaciones en las comunidades donde están los rohingya. El año pasado, el monzón obligó a que 4.000 familias de refugiados fueran reubicadas dentro de Cox’s Bazar y otras 16.000 fueron afectadas. 

Médicos Sin Fronteras estima que las lluvias pueden aumentar las enfermedades que están relacionadas con el agua no potable, como el cólera. Y, según la organización, esto es problemático porque ahora los centros de salud de la zona están casi dedicados a preparase para la pandemia.

Estas son todas las condiciones previas por las que los expertos consideran que la recién llegada del Covid-19 a los campamentos de Cox's Bazar es apenas el inicio de lo que puede ser una crisis aun mayor para los rohingya. 

Con Reuters

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