Los mineros de Sudáfrica vuelven al trabajo, con miedo al virus y al desempleo

Anuncios

Marikana (Sudáfrica) (AFP)

Cae la noche en Mirakana, en el norte de Sudáfrica, es la hora del relevo: uno a uno, los mineros del equipo nocturno montan en los autobuses que los conducirán a sus pozos, cuya actividad se desarrolla ahora entre fuertes medidas contra el coronavirus.

Toma de temperatura, desinfección de manos, distanciamiento de seguridad... el ritual se repite varias veces hasta que los trabajadores descienden a la galería.

Tras estar varias semanas paralizada a causa del confinamiento impuesto contra el coronavirus, la industria minera sudafricana reanudó paulatinamente su actividad a principios de mayo. Aunque esté en declive, el sector contribuye al 8% de la riqueza nacional y da trabajo a 450.000 personas.

Eso sí, la vuelta al trabajo se realizó con una serie de precauciones, pues el tipo de actividad entraña altos riesgos sanitarios y la amenaza de la COVID-19 es una realidad que despierta una gran ansiedad.

"Consideramos las minas una actividad sin la que nuestra economía no puede sobrevivir", declaró Phophi Ramathuba, consejero de Salud de la provincia de Limpopo (norte), "pero desde el punto de vista sanitario, esas minas pueden transformarse en un foco ideal de transmisión del virus".

Desde que la minería empezó a funcionar de nuevo, hace dos semanas, unos 168.000 trabajadores fueron controlados, se realizaron tests a 1.450 y 41 de ellos fueron declarados positivos, indicó el Consejo de Minas, que agrupa a las empresas del sector.

Uno de los mineros infectados falleció pero en el lugar de trabajo no se produjo ningún contagio, según el Consejo.

- "Hacer más" -

El sábado, el grupo Implants suspendió inmediatamente las operaciones de su mina de platino de Marula (noreste), después de que se confirmaran 19 casos de COVID-19 entre sus empleados.

"La prioridad de la industria es detectar a los individuos enfermos o de riesgo e impedir la propagación de la enfermedad", aseguró la responsable del área de salud del Consejo de Minas, Thuthula Balfour.

Además de los exámenes de detección diarios de sus empleados, los grupos mineros prohibieron volver al trabajo a sus empleados aquejados de diabetes, cáncer o sida.

Sin embargo, las empresas todavía podrían hacer más, consideró el ministro de Minas Gwede Mantashe. "La detección es muy eficaz", consideró, pero "los tests deben intensificarse".

Mantashe recomendó la imposición de una cuarentena obligatoria a los mineros que estén confinados en las zonas más afectadas del país. "Puede parecer radical pero protege a los empleados, a la población y a la industria", argumentó.

Por su parte, los empresarios del ramo reclamaron al gobierno que les deje reanudar totalmente su actividad, pues de momento operan al 50% de su capacidad.

"No ganamos dinero funcionando al 50%", subrayó James Welsted, portavoz del grupo Sibaniye-Stillwater.

El sector ya se ha visto debilitado desde hace años por la variación del precio de las materias primas y el alza de los costes de producción, y muchos mineros temen que la pandemia provoque otra ola de despidos.

- "Miedo al paro" -

Samaco, que prefirió no decir su apellido por miedo a represalias, trabaja en una mina de cromo de Marikana y le tiene más miedo al desempleo que al virus.

Esta crisis "ofrece la oportunidad de restructurar el sector y utilizar la COVID-19 como un pretexto para eliminar empleos", advirtió por su parte el secretario general del Sindicato de mineros y de trabajadores de la construcción (AMCU), Joseph Mathunjwa.

Las calles de las barriadas levantadas en torno a las minas de Mirkana, no faltan los desempleados en busca de algún trabajo, aunque sea efímero, para poder sobrevivir.

Pese a las medidas tomadas por los propios mineros, el riesgo que corren las poblaciones locales sigue siendo importante, advirtió la oenegé Bench Marks Foundation.

"Los pozos aquí son muy profundos, los sistemas de ventilación impulsarán el virus y harán que se propague más rápidamente que un atleta dopado con esteroides", declaró uno de los investigadores de la oenegé, David Van Wyk. "El aire caliente que se aspira en las galerías es expulsado luego por unas enormes tuberías, en las viviendas".

"No estamos bien, esto es mucho peor que lo de antes [el confinamiento]", lamenta una representante de la población, Primrose Sonti, miembro del partido sudafricano de izquierda radical EFF.

"La gente tiene hambre, la gente está enojada", señala, denunciando la falta de servicios básicos en el barrio de Wonderkop. "¿Cómo va alguien a lavarse las manos sin agua?", zanja.