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Madagascar y toda África, en la controvertida carrera por la artemisia

Plantas de artemisia cultivadas en los invernaderos de la empresa Bionexx, cerca de la capital de Madagascar, Antananarivo, el 19 de mayo de 2020
Plantas de artemisia cultivadas en los invernaderos de la empresa Bionexx, cerca de la capital de Madagascar, Antananarivo, el 19 de mayo de 2020 RIJASOLO AFP
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Antananarivo (AFP)

Es una especie de helecho verde con la apariencia de cannabis. Para los defensores de la artemisia, es el primer tratamiento efectivo contra el coronavirus, pero sus detractores la consideran como una poción mágica inútil, y en algunos casos peligrosa.

La artemisia, su nombre científico, ha alimentado la esperanza y la controversia desde que el presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, la presentó como una panacea africana que probablemente detendrá, mucho antes que futuras vacunas occidentales, la mortal pandemia de la COVID-19.

Convencido de poder "cambiar la historia", el jefe de Estado malgache distribuyó ampliamente su bebida a base de artemisia a su pueblo y luego al continente.

Guinea Ecuatorial, Níger, Tanzania y las Comoras, por ejemplo, aceptaron con entusiasmo algunos cajas de este té de hierbas, llamado Covid-Organics, para administrarlo inmediatamente a sus pacientes infectados con el virus.

Como muestra del gran interés suscitado por este posible remedio "local", el presidente de Guinea-Bisáu, Umaro Sissoco Embalo, fue al aeropuerto a recibir los preciosos paquetes.

En un continente muy apegado a su medicina tradicional, el interés por la artemisia, originaria de China, se ha disparado.

Especialmente en Madagascar, donde la poción, a 30 centavos por botella de 33 centilitros, se vende como pan caliente. "Los tés de hierbas son parte de la panoplia de las medicinas tradicionales y de nuestra cultura", explica el ex ministro de Educación Paul Rabary, convencido de sus beneficios.

El éxito fue inmediato en Senegal.

"Desde el comienzo de la epidemia, la demanda de artemisia ha aumentado considerablemente", comenta el ingeniero agrónomo belga Pierre Van Damme, quien lo vende bajo la etiqueta "El león verde". "Pero desde los anuncios del presidente de Madagascar, es una locura", dice.

En unas pocas semanas, el joven empresario vio sus ventas multiplicarse por 15: ahora vende hasta 2.000 unidades por día y tuvo que contratar 8 empleados.

- Validación -

Como era de esperar, los precios están en alza. "La venta minorista se realiza a razón de 2.500 francos CFA (unos 3,7 euros) por 50 gramos, contra 1.500 anteriormente", comenta Ibrahima Diop, un productor en la región de Dakar.

La situación es la misma en otros países del continente. "Tengo muchos clientes que quieren comprar pero ya no tengo más", dice entusiasmada Haoua Wardougou, boticaria en un distrito de clase trabajadora de la capital chadiana, Yamena.

Sin embargo, el té de hierbas de Madagascar está lejos de ser unánime. Porque si las virtudes terapéuticas de la artemisia se han reconocido en las multiterapias contra la malaria, ningún estudio clínico ha confirmado la eficacia curativa o incluso preventiva del remedio malgache contra el coronavirus.

En las últimas semanas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han insistido en la necesidad de validar científicamente los remedios locales.

"Estaríamos muy orgullosos de que una solución a esta guerra contra la COVID-19 provenga de un país africano", reconoció el titular del CDC, John Nkengasong, "pero debemos ser metódicos antes de validar cualquier remedio".

Para ello, varios países africanos han repasado sus lotes de Covid-Organics a expertos para su análisis.

"Serán sometidos al mismo proceso que todos los demás productos antes de su comercialización", aseguró el jefe de la célula nigeriana responsable de la lucha contra el coronavirus, Boss Mustapha. "No habrá excepciones", comentó.

Incluso en Madagascar las dudas persisten. El decano de la facultad de medicina de Toamasina, Stéphane Ralandison, advirtió contra los métodos "no muy científicos" que presidieron el lanzamiento de la bebida.

"Soy extremadamente cuidadoso", dice el sociólogo Marcel Razafimahatratra. "¿Por qué los chinos no usaron este remedio?", se pregunta, recordando que la artemisia se ha usado en la medicina china durante siglos.

- "La vida cambiará" -

Encantado con su nueva notoriedad, Andry Rajoelina, defiende su poción con uñas y dientes denunciando la actitud condescendiente de sus críticos.

"Si fuese un país europeo el que descubre este remedio, ¿habría tantas dudas? No lo creo", dijo, convencido de su "misión" encomendada a su país.

"El Señor nos ha dado medicinas a base de hierbas para ayudar a nuestro país y al mundo a combatir esta enfermedad", comentó.

Y para todos aquellos que reclaman pruebas, él blandió las estadísticas publicadas por su país: solo dos víctimas fatales en 326 casos y, sobre todo, 119 pacientes curados.

El presidente de Madagascar incluso ha decidido hacer de la artemisia el nuevo "oro verde" de su país, uno de los más pobres del mundo. "La vida de todas los malgaches cambiará", afirmó recientemente.

"En el cultivo del arroz, la tonelada cuesta unos 350 dólares, pero una tonelada de artemisia cuesta 3.000 dólares", señaló.

El director de la compañía Bionexx, Charles Giblain, ha producido artemisia desde 2005 en Madagascar para tratamientos antipalúdicos, y también está convencido del potencial económico de la planta para la isla.

"Esta planta es una maleza y puede crecer en cualquier lugar", declara. "La única dificultad es hacerla crecer en condiciones que permitan ser más competitivo en comparación con los chinos", dijo.

Para lograr esto, trabaja en un proceso que, según él, debería permitir cruzar varias cepas de artemisia para obtener una versión ideal.

"Este trabajo requiere no menos de cuatro años de inversión", dijo uno de sus investigadores, Solofo Rasamiharimanana.

Pero no todos los agricultores están convencidos de la rentabilidad de la planta, ni mucho menos.

En el pueblo de Ambohijoky, a unos diez kilómetros de la capital Antananarivo, los campesinos que se habían embarcado en la aventura de la artemisia la interrumpieron rápidamente.

"Si nos pagan menos de 15.000 ariary (3,75 euros) por kilo, no es rentable", explica Eveline Raharimalala. "La artemisia ocupa nuestros campos durante seis meses", agrega, pero "en seis meses, podemos hacer tres ciclos de cultivos de hortalizas que nos traen tres veces más".

Argumentos descartados en seco por el jefe de Bionexx. "Si nuestra propuesta de precios no fuese atractiva, no tendríamos 16.000 agricultores con nosotros", se defiende.

Sin embargo, Charles Giblain está seguro de tener en manos la nueva vainilla, de la que Madagascar proporciona el 80% de la producción mundial.

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