Brasil: radiografía de un sistema sanitario asfixiado en el nuevo epicentro mundial del Covid-19

Un equipo médico revisa a un grupo de pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos para Covid-19 del Hospital Gilberto Novaes en Manaos, Brasil, el 20 de mayo de 2020.
Un equipo médico revisa a un grupo de pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos para Covid-19 del Hospital Gilberto Novaes en Manaos, Brasil, el 20 de mayo de 2020. © Michael Dantas / AFP

El territorio brasileño ya es, oficialmente, el segundo más golpeado a nivel global por la propagación del brote de coronavirus que ya suma 25.598 fallecimientos y 411.821 contagios que acercan al país al temido colapso de su esquema médico. 

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Brasil, el país más grande de América Latina, está cada vez más cerca del colapso de su sistema sanitario por cuenta de las 25.598 muertes y los 411.821 infectados que deja la pandemia hasta este 27 de mayo. 

“Hay muchos profesionales que quieren trabajar, pero no tienen estómago para ver estas atrocidades. Los médicos lamentablemente no hacen milagros. Necesitan unas condiciones mínimas para trabajar”, así justificaba la anestesióloga Priscila Eisembert su decisión de dejar el hospital de campaña inaugurado el 9 de mayo en el célebre complejo deportivo del Maracaná, en Río de Janeiro.

Está médica denunció públicamente la precariedad en medio de la que trabajan en este hospital de emergencia, que fue creado precisamente para aliviar el frágil sistema de salud público, mermado por los recortes de los presupuestos y por la crisis estructural que arrastra desde hace muchos años.

“En el hospital del Maracaná no había ni sedantes. Cuando el paciente está acoplado a la ventilación mecánica precisa estar bien sedado, sino, no conseguimos usar el ventilador correctamente. Y en el aspecto emocional también es muy malo porque el paciente permanece consciente (...) Hubo un paciente joven al que tuve que cambiarle el tubo del ventilador porque tenía un agujero y no había relajante muscular (...). Tardé un poco más porque la entubación resultó ser un procedimiento más difícil de lo normal y él acabó falleciendo”, relató Eisembert.

Otros profesionales sanitarios también han denunciado fallas en el que fue presentado como el proyecto modelo de Río de Janeiro en la lucha contra el coronavirus. Imágenes divulgadas a mediados de mayo mostraban a médicos y enfermeros durmiendo en colchonetas en el suelo, además de manchas de moho en las estructuras e, incluso, áreas sin electricidad.

“No hay zapatos. Tenemos que usar los nuestros y, así, llevamos la contaminación desde el hospital, que es el foco de la enfermedad, a la calle”, denunció un empleado. 

La corrupción, un flagelo más riesgo que el virus

Ahora, este hospital está en el ojo del huracán por sospechas de corrupción. El 26 de mayo, la Policía Federal lanzó la ‘Operación Placebo', que investiga el posible desvío de dinero público en la construcción de siete hospitales de campaña para los pacientes de Covid-19. El gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, es el principal sospechoso de esta presunta trama de irregularidades. 

La investigación se centra, por el momento, en la revisión de un contrato por valor de 835 millones de reales (unos 143 millones de dólares) para construir y administrar siete hospitales de campaña con 1.400 camas en el Estado Río de Janeiro, el segundo más afectado por el brote en Brasil, con 4.361 muertos y más de 40.000 contagiados. Según la Fiscalía, hay numerosas irregularidades, “pruebas robustas de fraudes” e indicios de la participación directa del gobernador y su esposa. 

Witzel, un ex juez desconocido hasta 2018 y que llegó al poder gracias al apoyo de Flavio Bolsonaro, el hijo senador del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se apresuró a proclamar su inocencia y aseguró que se trata de una venganza política en su contra. Hay que recordar que este gobernador se aprovechó de la ola del llamado bolsonarismo, prometiendo mano dura contra la corrupción y la violencia. Sin embargo, demostró desde el principio de su carrera política su verdadera aspiración: ser candidato en las elecciones presidenciales de 2022, algo que el mismo Bolsonaro consideró como una peligrosa competencia. 

La relación entre ambos empeoró durante la gestión de la emergencia por el coronavirus, justamente a causa de las medidas de cuarentena, abiertamente hostilizadas por Bolsonaro desde el inicio de la crisis sanitaria. Esta diferencia de criterio generó muchas tensiones entre el mandatario brasileño y los gobernadores. El presidente arremetió en varias ocasiones contra Witzel, llegando a emplear palabras incluso ofensivas. 

“Continuaré luchando contra este fascismo que se está instalando en nuestro país, contra esta nueva dictadura de la persecución. No permitiré que este presidente, que infelizmente ayudé a elegir, se convierta en otro dictador en América Latina”, afirmó Witzel, quien acusa a Bolsonaro de estar detrás de una operación policial para manchar su imagen. 

Al margen de las intrigas del Palacio Presidencial, cabe destacar que Río de Janeiro tiene una larga histórica de corrupción, con tres gobernadores condenados y encarcelados en los últimos años. A principios de este mes, el ex subsecretario de Sanidad, Gabriell Neves, fue arrestado por sospecha de fraudes en la adquisición de respiradores y en las obras de un hospital de campaña. El 17 de mayo, fue el turno del secretario de Sanidad, Edmar Santos, despedido por los retrasos y los problemas en la entrega de estos hospitales temporales y también por el desgaste provocado por las denuncias de fraudes en la compra de los respiradores. 

Y si hasta los hospitales de emergencia por Covid-19 en Río de Janeiro pasan por todo tipo de dificultades, varias de las unidades de la red pública enfrentan situaciones todavía más dramáticas. En muchos casos, los médicos están teniendo que escoger a quién salvan y a quién dejan morir por falta de camas y de respiradores, tal como ocurrió en marzo en Italia. En un hospital de Itaguaí, en la periferia carioca, los pacientes soportan condiciones sanitarias lamentables, con ratas y cucarachas circulando por las instalaciones. 

“Lo que acontece en la primera línea del combate del virus es que falta todo tipo de material de protección para el personal sanitario. No hay una cantidad suficiente de máscaras y guantes para todos”, contó a France 24 un médico de familia, que prefiere mantenerse en el anonimato. Este profesional contrajo el virus hace un par de semanas, al igual que la mitad de la plantilla del centro médico municipal en el que trabaja. De hecho, la entrevista telefónica se desarrolló entre fuertes ataques de tos. 

Un equipo médico revisa a un grupo de pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos para Covid-19 del Hospital Gilberto Novaes en Manaos, Brasil, el 20 de mayo de 2020.
Un equipo médico revisa a un grupo de pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos para Covid-19 del Hospital Gilberto Novaes en Manaos, Brasil, el 20 de mayo de 2020. © Michael Dantas / AFP

“Las clínicas en sí son en foco de contaminación y no están preparadas para lidiar con la pandemia. Y también pesa mucho la notificación a la baja de las muertes por Covid-19. Según nuestros cálculos, fallece más que el doble de las personas contabilizadas por la Secretaría de Sanidad. Sin datos reales, es imposible diseñar una política de atención específica para las áreas más necesitadas, como las favelas”, agregó el galeno. 

Esto explica el porqué Brasil se ha convertido en el país con el mayor número de sanitarios afectados por el coronavirus. Río de Janeiro encabeza las estadísticas con más de 30 médicos muertos hasta el 20 de mayo y ostenta otro macabro récord: la mortalidad de los enfermos de Covid-19 duplica la media nacional. 

Además, hay que mencionar que en este país tropical el 66% de los pacientes entubados pierde la vida, frente al 42% del Reino Unido y al 44% de Países Bajos. Esta información se basa en un estudio de la Asociación de Medicina Intensiva Brasileña, que evaluó -entre el 1 de marzo y el 15 de mayo- 450 hospitales en todo Brasil y 13.600 camas de terapia intensiva. 

Las "ofertas especiales" en los centros privados

La red privada de hospitales tampoco contribuye a aliviar esta difícil situación. En la nación solo un tercio de la población puede costear los carísimos seguros médicos, cuyo precio aumenta cada año muy por encima de la tasa de inflación y sin que el gobierno ejerza ningún tipo de control. En Río de Janeiro, algunos hospitales están comercializando el ‘paquete Covid-19’. La "oferta especial" incluye seis horas en Urgencias, análisis de sangre, tomografía y rayos X por el pago de 5.000 reales (unos 860 dólares). 

En Manaos, una de las ciudades más castigadas por la expansión del virus en Brasil, algunos hospitales privados llegan a cobrar hasta 100.000 reales de adelanto (equivalentes a unos 17.000 dólares) para que los enfermos puedan tener acceso a una cama en la UCI. Para la Confederación Nacional de la Salud, que reúne a varias patronales de hospitales, clínicas y laboratorios privados, estos aumentos no están justificados. 

La especulación también ha alcanzado el mercado farmacéutico. Hospitales y secretarías de sanidad relatan que la inflación del precio de muchos medicamentos ya supera el 2.000%. Este fenómeno descontrolado está causando problemas en unidades tanto públicas como privadas, que ven cómo mengua su capacidad de asistir a los pacientes. 

“Necesitamos tomar decisiones muy duras: o esperamos que los precios bajen, pero en este caso dejamos de tener servicios y materiales esenciales a disposición; o pagamos lo que el mercado pide en este momento. Es una elección muy complicada y estamos intentando tener la máxima transparencia posible y seguir las recomendaciones de los órganos de control”, explicó Januário Cunha Neto, presidente del Consejo de Secretarios Municipales de Sanidad del Estado de Amazonas. 

Un lockdown más rígido podría ayudar a desahogar las agonizantes estructuras sanitarias. Pero, hasta la fecha, esta decisión solo ha sido adoptada en algunas ciudades del norte del país, concretamente en los Estados del Maranhão y de Amapá. Los dos más afectados por el Covid-19, São Paulo y Río de Janeiro, avanzan en el sentido contrario y ya está presentando planes de flexibilización de la cuarentena. Por esta razón, muchos expertos auguran que la pandemia dure más tiempo que en Europa y en China, posiblemente, hasta el mes de octubre o incluso hasta la Navidad.

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