"China sabe que es lo suficientemente fuerte para hacer lo que quiera con Hong Kong"

Manifestantes antigubernamentales marchan nuevamente contra los planes de Beijing de imponer una legislación de seguridad nacional en Hong Kong, el 24 de mayo de 2020.
Manifestantes antigubernamentales marchan nuevamente contra los planes de Beijing de imponer una legislación de seguridad nacional en Hong Kong, el 24 de mayo de 2020. © Tyrone Siu / Reuters

Al imponer una ley de seguridad en Hong Kong, China quiere reforzar su control sobre este territorio semi-autónomo mientras pone a prueba la capacidad de reacción de las potencias occidentales. 

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:Hong Kong es un pequeño territorio de 1.106 m2 ubicado a puertas de China, que el 'Dragón asiático' quisiera controlar. La “región especial autónoma” de Hong Kong está de nuevo en el centro del escenario internacional. El poder central chino presentó el 22 de mayo un texto muy controvertido ante el Parlamento, cuyo objetivo es prohibir “la traición, la secesión, la insurrección y la subversión” en la península, causando un resurgimiento de los movimientos de protesta en Hong Kong, a pesar de la pandemia de Covid-19.

El proyecto de ley se aprobó el jueves 28 de mayo por 2.878 votos -solo un diputado votó en contra y seis se abstuvieron- y Beijing solicitó su aplicación “inmediata”. Muchos habitantes de Hong Kong lo consideraron como la más grave afrenta contra el principio “un país, dos sistemas”, que debía garantizarles hasta el año 2047 libertades desconocidas en el resto de China. Algunas capitales occidentales comparten esta misma preocupación, pero han tenido dificultades para organizar una respuesta. 

Una ley que Beijing había querido implementar hace mucho tiempo

Para Beijing, este proyecto de ley es una respuesta directa a las manifestaciones masivas y con frecuencia violentas que se desataron en 2019 en Hong Kong. Manifestaciones que el poder central considera como manipulaciones organizadas por el extranjero para desestabilizar a China. 

Pero esta no es la primera incursión de China en materia de expansión de sus prerrogativas sobre Hong Kong. En 2003, trató de proponer una ley similar ante el Consejo legislativo local (conocido como Legco) antes de tener que retroceder ante una ola de manifestaciones. Pero esta nueva metodología, con un proyecto de ley presentado ante el Parlamento central en Beijing, tomó a todo el mundo por sorpresa. 

“Fue un choque. Viene directamente de Beijing. Un proyecto de ley en la Asamblea nacional popular es casi una instrucción directa del Partido Comunista. Es una violación directa de la Declaración Conjunta Sino-Británica, de la ley fundamental de Hong Kong y es una evasión del Legco. Eso es lo que asusta a los militantes de Hong Kong”, explica Dorian Malovic, director del departamento de Asia en el periódico 'La Croix', y autor de varios libros, entre los cuales se encuentra 'Hong Kong: un destino chino', entrevistado por France 24. "Es una inmensa violación de la semi-autonomía de Hong Kong y una sentencia de muerte para las libertades", añade. 

El momento escogido por China está lejos de ser una coincidencia: “Lanzan este proyecto mientras que el resto del planeta está luchando contra el coronavirus y no se interesa por la situación en Hong Kong. Beijing está enviando un mensaje: ‘no nos preocupa la opinión de los otros países’. China sabe que es lo suficientemente fuerte para hacer lo que quiera con Hong Kong”, explica el especialista sobre China. 

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Conscientes de lo que está en juego, los activistas a favor de la democracia rompieron las reglas de distanciamiento social en vigor durante estos tiempos de pandemia para manifestar su descontento en las calles durante estos últimos días. 

Reacción insuficiente por parte de Gran Bretaña

En virtud de la Declaración Conjunta Sino-Británica del 19 de diciembre de 1984, el Reino Unido se comprometió a devolverle a China la totalidad de su colonia en 1997. A cambio, la República Popular se comprometió a mantener los sistemas económicos y legislativos y el modo de vida en Hong Kong durante cincuenta años.

Para los habitantes de Hong Kong, la futura ley china constituye una violación directa de esta declaración: “Si algo tiene enfurecidos a los locales, es que el Gobierno británico debería oponerse con más firmeza a la manera en la que China está violando las disposiciones de la declaración común”, declaró Claudia Mo, miembro del Consejo legislativo de Hong Kong, ante la 'BBC' durante el fin de semana. 

Chris Patten, último gobernador británico de Hong Kong, desde 1992 hasta la transferencia de la soberanía en 1997, también comparte ese punto de vista: “El pueblo de Hong Kong fue traicionado por China”, declaró Patten, citado por el periódico 'The Times'. Gran Bretaña, añadió, tenía el deber “moral, económico y jurídico (de defender a Hong Kong)”. 

Chris Patten, junto con 230 parlamentarios y votantes de 25 países, entre los cuales había Primeros ministros, firmó una carta abierta denunciando “esta introducción unilateral de una legislación sobre la seguridad nacional por parte de Beijing en Hong Kong”. De igual manera, hizo un llamado a los gobiernos para que “se unieran para decir que esta violación flagrante de la Declaración Conjunta Sino-Británica no debería tolerarse”. 

Malovic: “Mejor que nada”

“Es mejor que nada pero parece un poco desesperado. Chris Patten hizo su mejor esfuerzo por introducir un sistema lo más democrático posible antes de 1997 pero fracasó”, comenta Dorian Malovic.

En una declaración conjunta, los ministros de Asuntos extranjeros del Reino Unido, Canadá y Australia declararon que la ley de seguridad, “sin la participación directa” del pueblo o de las instituciones de la antigua colonia británica, estaría “claramente socavando el principio de ‘un país dos sistemas’ que garantiza en Hong Kong un alto grado de autonomía”. Recuerdan que la declaración conjunta “legalmente obligatoria, firmada por China y el Reino Unido” prevé que “los derechos y libertades, incluyendo los de las personas, de prensa, de agrupación, de asociación y otras, estén aseguradas por la ley en Hong Kong”. Sin embargo, no precisan qué medidas de respuesta podrían implementarse en caso de violación. 

Para los expertos en la región, este comunicado demuestra la impotencia de la antigua potencia colonial británica para apoyar el movimiento pro-democrático:

“El Reino Unido hizo muy poco por apoyar a Hong Kong”, apunta el periodista de 'La Croix'. “Actualmente, Gran Bretaña se encuentra paralizada a causa del Brexit. En Londres, se estima que son necesarias las inversiones chinas, los acuerdos con Estados Unidos, pero nada con Europa. Y los habitantes de Hong Kong son conscientes de este temor y no se hacen ilusiones”. 

Desde la declaración conjunta de 1984, el Reino Unido nunca ha tenido una posición de poder para negociar las libertades democráticas para Hong Kong, a causa de su necesidad de mantener vínculos diplomáticos y económicos con la ineludible potencia china. 

“En el caso de Hong Kong, el desequilibrio de fuerzas entre China y el Reino Unido era tan grande que nos vimos obligados a tomar lo que pudimos. Para mí, ‘más vale pájaro en mano que cien volando’”, explica Percy Cradock, antiguo jefe de negociaciones para el Reino Unido y ex embajador en China. 

La llegada de Estados Unidos al baile

Ante la ausencia de liderazgo británico sobre la situación, le corresponde a Estados Unidos defender a Hong Kong. Donald Trump declaró el martes 26 de mayo estar “descontento” por las intenciones de Beijing. Según él, es “difícil imaginar cómo Hong Kong puede seguir siendo una capital financiera si China toma el control”. 

Interrogado enseguida sobre la posibilidad de sanciones contra los responsables chinos -tal como lo exigen los parlamentarios estadounidenses- Donald Trump aseguró que estaba preparando “algo en este mismo momento” y que lo anunciaría a finales de mayo. 

En 2018, alrededor de 85.000 ciudadanos estadounidenses estarían viviendo en Hong Kong, según las cifras del Departamento de Estado, y más de 1.300 empresas estadounidenses estarían operando en el territorio, entre las cuales la mayoría son grandes empresas financieras, al igual que múltiples servicios jurídicos y contables. 

En noviembre 2019, Estados Unidos adoptó la Ley de Derechos Humanos y Democracia de Hong Kong. Con esta ley, el Departamento de Estado estadounidense se vuelve apto para juzgar si Hong Kong conserva un grado de autonomía suficiente que justifique un estatus comercial especial, bajo un contexto de guerra comercial con China. 

“Sería un golpe duro para Hong Kong si Estados Unidos llegase a considerar que Hong Kong es una ciudad china como cualquier otra y como consecuencia aumenten las tarifas aduaneras. Pero es un arma de doble filo porque las empresas estadounidenses de todas maneras ganan millones en Hong Kong”, explica Dorian Malovic.

China considera que Hong Kong es un problema interno

Por su parte, Beijing se muestra firme sobre el asunto. El lunes 24 de mayo, el portavoz de la diplomacia china, Zhao Lijian, le hizo un llamado a Washington para que reconsiderase una decisión que “se involucra con asuntos de China y perjudica sus intereses”. Beijing afirmó estar lista para “tomar todas las medidas necesarias para defender los derechos y los intereses de las empresas chinas”. 

Durante su campaña y su Presidencia, Donald Trump instrumentalizó el tema chino para movilizar su electorado. Una estrategia que le sirve a Beijing pero por la cual Hong Kong podría pagar las consecuencias, según Dorian Malovic.

Archivo: El presidente chino Xi Jinping, se da la mano con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras se reúnen al margen de la cumbre del G20 en Osaka en junio de 2019.
Archivo: El presidente chino Xi Jinping, se da la mano con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras se reúnen al margen de la cumbre del G20 en Osaka en junio de 2019. © Brendan Smialowski / AFP

“Son las dos potencias más grandes del mundo, con dos ideologías diferentes, pero actúan de la misma manera. Trump utiliza al enemigo chino para avivar los sentimientos patrióticos y nacionalistas y Beijing hace lo mismo. Es muy infantil. Sería hasta gracioso si no fuera tan peligroso”, explica Dorian Malovic.

 

Será un verano caluroso

La intransigencia de Beijing también contribuye a radicalizar el campo pro-democracia en Hong Kong. Una espiral que le sirve a los intereses de China, que se niega a tenderle la mano a los pacifistas, mientras que la propaganda insiste sobre los “terroristas” infiltrados en las manifestaciones.

Al mismo tiempo, el calendario de verano de Hong Kong está lleno de fechas simbólicas, como el aniversario de la masacre en la plaza de Tiananmén el 4 de junio y la conmemoración de la transferencia de la soberanía el 1 de julio, fechas que seguramente despertarán manifestaciones. Además de eso, habrá elecciones legislativas locales en septiembre y se avecina la campaña electoral estadounidense: el coctel es explosivo. 

La crisis del Covid-19 situó aún más a China en el centro de atención. Las críticas sobre su “diplomacia de la mascarilla”, sobre su falta de transparencia en la gestión de la pandemia, al igual que sus tentativas por evadir las organizaciones internacionales ocuparon los principales titulares de la prensa. La crisis de Hong Kong añade un nuevo motivo de preocupación para las democracias occidentales. 

El precio de la inacción, tal como lo previene el periodista Dorian Malovic, será histórico. “Si no se hace nada contra China, la toma de control de Hong Kong marcará un precedente en la historia contemporánea, como la caída del muro de Berlín en 1989. Quedará escrito en mármol que China pudo hacer lo que quiso”. 

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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