El cambio climático golpea de lleno a los criadores de renos de Laponia

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Örnsköldsvik (Suecia) (AFP)

Años atrás los linces, los mapaches y las águilas que viven en los bosques eran la principal preocupación de los criadores de renos de la Laponia sueca, pero ahora Margret Fjellstrom y su marido Daniel Viklund tienen otra: el cambio climático.

Los nuevos patrones climáticos del norte de Suecia les obligan a viajar más lejos para encontrar pastos para sus renos hambrientos, aumenta el costo y les roba más tiempo.

Una mañana de febrero, con temperaturas que rozan los -20 grados, en el corazón de la Laponia sueca, los dos observan en silencio la manada de renos adentrarse en las tierras boscosas y nevadas ricas en líquenes, un alimento clave de la dieta del ciervo.

Desde hace 20 años, esta pareja, miembro de la comunidad autóctona sami, la única autorizada a criar renos en Suecia, lleva a pacer a los animales, pero las tradiciones de sus ancestros han cambiado y cada vez resultan más difíciles de preservar.

- Puede llover en enero y nevar en mayo" -

Cuando las nevadas eran regulares, los padres de Margret planificaban los movimientos de los renos, siguiendo los mismos itinerarios año tras año para encontrar alimento.

Pero ahora la trashumancia de los renos en las montañas y en las llanuras se enfrenta al cambio climático, que alterna períodos de frío y templanza, congelando el suelo e impidiendo que los renos accedan al líquen, su principal fuente de alimento en invierno. Para alimentarlos, hay que añadir forraje y resulta caro.

"Puede llover en enero, nevar en mayo, no hay lógica", lamenta Margret, de 39 años.

En enero las temperaturas fueron hasta 10 grados por encima de lo normal en el norte del país, según el Instituto Meteorológico Sueco. Algunas estaciones meteorológicas incluso registraron las más cálidas desde 1971 para un mes de enero.

Al comienzo del año, a las puertas de la primavera, Margret lleva al rebaño más lejos de lo habitual en busca de tierras como esta ladera cubierta de nieve en los confines de Örnsköldsvik, a orillas del mar Báltico.

Una situación que consume tiempo y dinero: la compra de forraje de emergencia se convierte en una necesidad..."por si acaso".

Para encontrar suficiente comida, Margret y su marido se turnan para explorar lugares - a menudo desconocidos- para conducir el rebaño de los pastos de verano a las parcelas de invierno. A su paso se topan con desafíos: carreteras, parques eólicos y otros proyectos hidroeléctricos.

Esta temporada el trayecto les llevó el doble de tiempo que si las condiciones climáticas fueran predecibles.

"El mayor problema hoy en día es el cambio climático", lamenta Magret.

Entre 1991 y 2019, algunas partes del norte y el este de Suecia experimentaron un aumento de las temperaturas de casi dos grados con relación al periodo de 1860-1900, explica el Instituto meteorológico sueco en un informe.

- "Una forma de adaptarse" -

Los samis (otrora llamados "lapones") son una comunidad autóctona que lleva en el Ártico desde hace tres milenios, en Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia. Se estima que son entre 80.000 y 100.000.

En Suecia, los samis domestican renos en el norte por la carne, la piel y los cuernos, pero también viven en estado salvaje, especialmente en Noruega.

Margret y Daniel crían cientos de renos que conducen cada invierno desde Dikanäs, un pueblo en las estribaciones de los Alpes escandinavos, a 800 kilómetros al norte de Estocolmo, hasta las llanuras de Örnsköldsvik.

El matrimonio se sirve de un camión para conducir el rebaño a la parcela y a veces de una motonieve a través de los bosques, pero también sigue a los ciervos con collares GPS.

En este día de invierno, Daniel y su perro observan cómo la manada se adentra en el bosque.

Gracias a un dron, puede seguir a los animales cuando la poca cantidad de nieve en el suelo hace imposible el uso de motonieve. Equipada con altavoces, la máquina puede emitir ladridos para advertir a la manada de una zona de peligro como las carreteras.

"Cada vez hay más días (...), en los que la nieve es de solo unos centímetros", explica. "Es una forma de adaptarse".

La pareja se vio obligada a reducir la manada para asegurarse de que cada uno de los animales tuviera suficiente para comer. El resto los confió al primo de Margret, Naila, que también cría renos.

A unas decenas de kilómetros de distancia, Naila Fjellström, de 31 años, se cobija bajo los árboles para protegerse de la nieve y la lluvia.

Para él, la llegada de estos renos representa un gasto adicional en transporte y logística, pero necesario debido al cambio climático.

"El invierno inusual es un invierno normal", dice.

Entre los árboles, a lo lejos, se oyen las turbinas eólicas, un nuevo obstáculo para los criadores y cuyo ruido asusta a los renos.

- Vulnerabilidad-

Según los investigadores, el pueblo sami -y sus renos- son muy vulnerables a los efectos del cambio climático.

Un "calentamiento global altera las condiciones de la vegetación, amenaza el bienestar de los renos y su acceso a los alimentos", informó en 2019 un estudio de la Universidad de Oulu en Finlandia y el Centro de investigación medioambiental y salud respiratoria de la Universidad de Laponia.

Gunhild Rosqvist, que estudia los efectos del cambio climático en entornos montañosos y polares en la Universidad de Estocolmo, lleva años en contacto con las comunidades samis del norte de Suecia.

Según ella, están más preocupados por el clima que por las infraestructuras artificiales de la región.

"Creo que la toma de conciencia de su vulnerabilidad ha aumentado mucho", dice.

- Futuro en peligro -

En el mercado anual sami de Jokkmokk, un destino turístico en invierno, en el círculo polar, miles de samis de toda la región se mezclan con los visitantes en este día de febrero, en medio de productos locales, unas semanas antes de la llegada del nuevo coronavirus.

En los puestos hay ollas humeantes de reno estofado al vapor junto a pieles de animales y cuchillos con asas talladas en astas.

Aunque los criadores de renos representan una minoría de la población sami de Suecia, toda la comunidad está preocupada por el cambio climático y sus efectos en las tradiciones centenarias.

"La cría de renos se ha practicado durante cientos de años y constituye una parte importante de la cultura sami", explica Kjell-Ake Aronsson, investigador del museo de Jokkmokk.

"La carne de reno es un producto importante (...) Mucha gente está indirectamente vinculada a (esta) cría".

Según el parlamento sami, 2.000 personas dependen directamente de la cría de renos en Suecia, para poco más de 250.000 animales.

Lejos de los turistas y de los puestos, un grupo de jóvenes samis activistas del clima se reúnen vestidos con prendas tradicionales bordadas de azul y rojo, minutos antes de una "huelga" a la que debe asistir la sueca Greta Thunberg, la instigadora del movimiento.

La hija de Margret y Daniel, Alva, hablará en el mitin. A sus 17 años ya sueña con dirigir una manada de renos, como sus antepasados.

Lejos de allí, ese día sus padres tuvieron una jornada buena, con abundante comida para el rebaño. Pero los días como éste son cada vez más escasos y Daniel se preocupa por el futuro.

"Quiero dar a mis hijos la posibilidad de hacer esto (...) pero el cambio climático podría destruir este sueño", lamenta, impotente.