Violencia policial, racismo y división política: el cóctel explosivo detrás del caso Floyd

Un hombre afroamericano confronta a un oficial de la Guardia Nacional durante una protesta por el asesinato de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, el 29 de mayo de 2020.
Un hombre afroamericano confronta a un oficial de la Guardia Nacional durante una protesta por el asesinato de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, el 29 de mayo de 2020. © Lucas Jackson / Reuters

George Floyd, el afrodescendiente que murió tras pasar varios minutos con la rodilla de un policía contra su cuello durante un arresto en Minneapolis, es el último nombre de una larga lista de víctimas de los excesos de las fuerzas de seguridad y el racismo arraigado en la sociedad estadounidense. Su visibilidad llevó a protestas, que derivaron en disturbios y saqueos y virulentas reacciones del presidente Donald Trump. Con las elecciones en el horizonte, también aparece la explotación del caso con fines políticos.

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La muerte de George Floyd, un ciudadano afrodescendiente que murió luego de que un policía apretara su cuello con su rodilla durante un arresto en Minneapolis, ha reavivado, una vez más, el debate sobre el racismo y la violencia policial en Estados Unidos. Dos problemas que coexisten y, necesariamente, se interrelacionan en la sociedad estadounidense de manera recurrente.

El caso de Floyd es apenas el último de una larga lista de episodios de violencia racista cometidos por las fuerzas de seguridad en Estados Unidos. Un hecho similar ocurrió en 2014, cuando Eric Garner murió en Nueva York después de que un oficial utilizara una técnica de estrangulamiento prohibida por la policía de ese estado y la mantuviera pese a que el hombre de 43 años le repitiera varias veces que no podía respirar. Esa situación fue una de las que dio trascendencia nacional al movimiento ‘Black Lives Matter’ (‘Las vidas negras importan’), que denuncia desde 2013 la violencia policial contra la comunidad afroamericana.

Pero no hace falta ir tan lejos en el tiempo. A la par de las protestas extendidas en Minneapolis y otras ciudades estadounidenses para pedir justicia por Floyd -las cuales derivaron en disturbios y algunos hechos de saqueos-, el jueves 28 de mayo, en Louisville, se produjeron manifestaciones para reclamar por la muerte de Breonna Taylor, una mujer afrodescendiente que falleció el 13 de marzo en su casa tras recibir al menos ocho disparos por parte de la policía.

Los oficiales realizaban un operativo por una investigación de narcotráfico que no guardaba relación con Taylor, una técnica médica de emergencias. En torno a este caso, se oponen dos versiones: mientras los agentes aseguran haberse anunciado antes de entrar y haber disparado en respuesta a los tiros del novio de la víctima, Kenneth Walker, la familia de Taylor sostiene que la policía no se dio a conocer antes de ingresar. La difusión del audio de la llamada de Walker al 911 para informar la muerte de su novia reactivó las protestas.

Policías se paran frente a manifestantes que reclaman justicia por la muerte de Breonna Taylor, en el centro de Louisville, Kentucky, el 28 de mayo de 2020.
Policías se paran frente a manifestantes que reclaman justicia por la muerte de Breonna Taylor, en el centro de Louisville, Kentucky, el 28 de mayo de 2020. © Instagram @mckinley_moore / vía AP

Y es que en Estados Unidos, la policía mata a entre 1.000 y 1.200 personas cada año, según los cálculos realizados por la prensa estadounidense después del asesinato de un joven afrodescendiente de 18 años, Michael Brown, en Ferguson (Missouri), a manos de un oficial en 2014. Del total de muertes a cargo de la policía, casi un 25% de las víctimas son afrodescendientes, una comunidad que representa un poco más del 13% de la población estadounidense. Las cifras se refuerzan con un estudio publicado en 2019 a partir de datos recopilados por el consorcio de periodistas Fatal Encounters y los del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales, los cuales concluyen que los afrodescendientes son 2,5 veces más propensos a ser asesinados por la policía en Estados Unidos que la población blanca.

"Desde el punto de vista afro, lo que pasa es que vivimos en un estado perpetuo de monitoreo policiaco", afirma a France 24 Msomi Moor, Ph.D y docente universitario de Estudios Africanos y de la Diáspora Africana de la Universidad Florida Memorial de Miami. El doctor remarca que "nos toca ir a marchar una vez más, respondiendo a un nuevo acto vil en contra de nuestra comunidad" y subraya que "lo normal para nosotros es una vida desagradablemente aterrorizada por los policías a diario".

Para el politólogo Didier Combeau, autor del libro ‘American Polices’, estos hechos son el resultado de una conjunción de síntomas, que van más allá del racismo e involucran a la “violencia” y también a la “política”. Según le explica a France 24, se combinan la violencia de la fuerza policial y de la sociedad estadounidense en general con un racismo individual e institucional “vinculado en Estados Unidos durante mucho tiempo” y exacerbado por la cercanía de las elecciones presidenciales.

De acuerdo a Moor, a esta combinación de elementos también se suma la "supremacía blanca" que, junto al racismo "fundamentan la base económica, política y social de la nación estadounidense".

La libre circulación de armas de fuego, otro elemento que contribuye a la violencia

Combeau destaca que la violencia está intrínsecamente vinculada a la libre circulación de armas de fuego porque “cada vez que un policía hace una intervención, corre el riesgo de enfrentarse a un arma”. Según el investigador, esta preocupación constante lleva a que la capacitación de los oficiales de policías dedique mucho más tiempo a la práctica de tiro que a la formación en psicología o en resolución de conflictos.

Y ese riesgo a enfrentarse a una población potencialmente armada ha desembocado en múltiples casos de policías que matan a personas por error.

En 2016, Keith Lamont Scott, un hombre afroamericano de 43 años, fue asesinado a tiros tras negarse, según la policía, a dejar el arma que tenía en su mano. De acuerdo a la familia de la víctima, el hombre estaba desarmado y sostenía un libro mientras esperaba a su hijo en la parada de un autobús en Charlotte.

En 2012, Tamir Rice, un niño afroamericano de 12 años, murió tras recibir los disparos de un policía en Cleveland cuando jugaba con una pistola de juguete. Mientras que en 2018, un oficial de Sacramento que respondía a un alerta al 911 por un supuesto hombre armado mató a Stephon Clarke, un joven afroamericano de 18 años, luego de confundir su teléfono con un arma.

En muchos de estos asesinatos, ya sean por un error de evaluación o por exceso del uso de la fuerza policial, la invocación de la legítima defensa suele proteger a los oficiales en los tribunales. Una investigación desarrollada por la agencia de noticias Reuters señaló que los policías se ven protegidos en gran medida de ser condenados o de tener que pagar reparaciones monetarias a las víctimas o sus familias gracias a la “inmunidad calificada”, un concepto legal desarrollado por la Corte Suprema de Estados Unidos para los funcionarios públicos cuando actúan en cumplimiento del deber.

Según Reuters, los agentes se ven blindados por esta figura incluso cuando los tribunales determinan que violaron los derechos civiles de una víctima. Aunque los casos de alto perfil, que despiertan la atención nacional, suelen ser la excepción. En estos escenarios -que son atípicos-, suelen presentarse ofertas generosas de conciliación y, a veces, se levantan cargos penales contra los oficiales.

En el caso de George Floyd, la situación de los cuatro policías vinculados con su arresto es más complicada y, de hecho, el oficial que apretó el cuello de Floyd fue arrestado e imputado por asesinato.

"Muy raramente se levantan cargos en contra de los policías responsables con su conducta tergiversada en contra a la comunidad afro. Tan rara es una sentencia a un oficial por actos racistas que sale como una noticia sobresaliente cuando ocurre", remarca Moor.

La violencia racista en tiempos electorales

Para el politólogo Didier Combeau, “existe la realidad de que los afroamericanos son, en proporción, más asesinados por la policía que los blancos y que los hispanos, pero también existe la explotación política” sobre estos hechos.

Según el analista, la cobertura de los medios sobre los episodios de violencia policial y racismo crece a medida que se acercan las elecciones. Por eso, para Combeau, casos como los de George Floyd, Breonna Taylor o Ahmaud Arbery -un afroamericano de 25 años que fue asesinado en febrero en Georgia por un expolicía y su hijo cuando practicaba deporte- ganan espacio en la prensa.

En ese sentido, recuerda que los disturbios en abril de 2015 en Baltimore, durante el segundo mandato de Barack Obama y unos meses antes de las elecciones presidenciales de 2016, tuvieron una amplia difusión, pero “una vez que Donald Trump fue elegido, y aunque la violencia policial no se detuvo, no ocupó muchos titulares en la prensa”.

“Hay sobre todo una exacerbación de esta violencia, impulsada por personas que quieren explotarla a nivel político, debido a la llegada de las elecciones en noviembre de 2020. La realidad social es relativamente constante”, sostiene.

Una mirada que relativiza Msomi Moor, quien indica que "en determinados casos, la cercanía de las elecciones presidenciales puede influir en una mayor visibilidad de las reacciones de la gente al maltrato diario punitivo del blanco contra el afro", pero "eso no es lo más común" y ocurre "a una escala mínima en comparación con los casos de mayor incidencia". Para el especialista, los episodios con más difusión van de la mano de denuncias de organizaciones civiles, firmas de abogados o de celebridades que llaman la atención de los medios.

Asimismo, el experto en estudios africanos subraya que, en el caso particular de las protestas de la última semana, se trata de un estallido iniciado a nivel regional por las muertes de Arbery y Taylor que logra un alcance nacional al difundirse las imágenes del fallecimiento de Floyd. "Esas imágenes pegan fuerte en la psiquis del ciudadano afro porque sabemos que hemos visto escenarios semejantes en nuestras propias comunidades y nada les ha pasado a los policías en cuanto a llevarlos a la justicia", detalla.

Bajo la presidencia de Trump, ¿creció el racismo en Estados Unidos?

Por otro lado, estudios publicados por el Pew Research Center o el Southern Poverty Law Center indicaron que una gran mayoría de estadounidenses cree que las relaciones raciales han empeorado bajo la presidencia de Donald Trump y que es más fácil realizar comentarios racistas en Estados Unidos.

Combeau, quien pronto publicará un nuevo libro llamado ‘Being American Today’, considera que bajo la presidencia de Trump “las ideas más extremas tienen lugar” y “la restricción” a esas expresiones “es cada vez menor, especialmente en la derecha, en particular el racismo”. Para el politólogo, esto no significa que el racismo haya crecido, “pero los que son racistas, se expresan más fácilmente”.

En la misma línea, Moor afirma que las expresiones racistas son alentadas por "todo lo que Trump representa". Para el doctor, el presidente "comprende el producto perfecto de Estados Unidos", es "el hombre promedio blanco, mediocre en sus talentos, siendo elevado al pico de la sociedad americana por su privilegio blanco".

Por eso, el experto en estudios africanos resalta una creencia que existe en la comunidad afroamericana de que "los actos de racismo nunca han parado desde la época de la esclavitud, la única diferencia ahora es que están siendo grabados”. "Siempre ha habido racistas, pero durante la administración de Trump no tienen ninguna razón para ocultar sus sentimientos", remarca.

Precisamente, Trump ha quedado en la mira después de que en una publicación de Twitter amenazara con enviar al ejército a Minneapolis para disuadir las protestas y advirtiera que “cuando comienza el saqueo, empieza el tiroteo”. Ese escrito provocó que Twitter -blanco de la ira del presidente estadounidense tras ligar dos de sus tuits con información falsa- pusiera un aviso por “glorificar la violencia” y despertó amplias críticas, sobre todo de la oposición demócrata.

El mandatario intentó suavizar sus palabras en la Casa Blanca, al señalar que entendía por qué se produjeron las protestas en Minneapolis, aunque aclaró que no se podía permitir “la anarquía sin ley”. Y en otro tuit, indicó que “el saqueo conduce a disparos y es por eso que un hombre fue asesinado a tiros en Minneapolis el miércoles por la noche”. “No quiero que esto suceda y eso es lo que significa la expresión de anoche”, explicó.

En una sociedad estadounidense cada vez más dividida, con la crisis sanitaria del coronavirus y la proximidad de las elecciones presidenciales acentuando esa situación, la violencia y el racismo parecen retroalimentarse de esos elementos, provocando que la olla a presión, como en Minneapolis, llegue a explotar.

Con France 24 en francés y Reuters

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