Los talibanes de Afganistán, frente al enemigo del coronavirus

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Kunduz (Afganistán) (AFP)

La propagación del nuevo coronavirus en los territorios que controlan los talibanes constituye un nuevo enemigo para los insurgentes afganos, que siempre han presumido de su capacidad de combate.

Habib Rahman, un comerciante de 32 años que vive en la sureña provincia de Helmand, asegura tener "tos, fiebre y dolores en el pecho" desde hace meses.

En ese bastión de los insurgentes "no hay centro para diagnosticar o curar a los enfermos de coronavirus y no se hace ningún esfuerzo para sensibilizar sobre la enfermedad", se lamenta.

Varios responsables talibanes contrajeron el coronavirus, según la prensa extranjera, aunque los rebeldes lo niegan.

En marzo pusieron en marcha una campaña contra el virus para demostrar que son capaces de administrar el país mejor que el gobierno.

Se publicaron imágenes de distribución de mascarillas y de jabón a los habitantes de los pueblos... pero sin respetar las distancias de seguridad.

En una de esas fotos los talibanes, llevando mascarillas y trajes de protección, tomaban la temperatura de los habitantes y les hablaban de higiene. Cerca se veían armas automáticas.

- Incredulidad -

Afganistán tiene oficialmente 18.000 enfermos de COVID-19, incluyendo 3.000 fallecidos. Miles de infectados viven en el territorio de los talibanes.

Un cifra probablemente muy inferior a la realidad porque solo se hacen test en un 20% de los casos sospechosos, según las autoridades, en un país que ha vivido cuatro décadas de guerra que destruyeron las infraestructuras sanitarias.

La enfermedad llegó por el oeste, cuando decenas de miles de migrantes afganos volvieron del vecino Irán.

Los talibanes ordenaron entonces a centenares de personas ponerse en cuarentena.

En algunas zonas bajo su control autorizaron a funcionarios sanitarios gubernamentales a vigilar la propagación del virus, un raro ejemplo de cooperación entre los dos campos.

Pero en otras zonas los habitantes se sienten abandonados.

En Kunduz (norte), una ciudad que los talibanes intentaron recientemente conquistar, sin éxito, los insurgentes bloquearon el acceso al personal sanitario.

"Dijeron que se ocuparían del virus ellos solos", explica el doctor Sebghatullah, preocupado porque la población ignora las medidas higiénicas.

Haji Qudratullah, un habitante de Helmand (sur) se acuerda de haber visto a los talibanes grabando un vídeo promocional en una clínica pero luego nunca volvieron.

"Nunca vi a alguien hacer nada para sensibilizar sobre el virus", dice.

Sin embargo los talibanes aseguran luchar contra el COVID-19. "A la gente que tienen fiebre alta, tos o dolores corporales (...) les llevan a Trinkot", dice Hafez Mohammad, un comandante talibán del distrito de Dehrawood en la provincia de Oruzgan (sur), del que Trinkot es la capital.

- "Contra la religión" -

"Nuestros equipos móviles utilizan motos y llevan a personas que presentan síntomas al hospital", afirma el portavoz del movimiento, Zabihullah Mujahid, preguntado por la AFP.

Los insurgentes también reparten folletos explicando como protegerse del virus, explica.

Los talibanes se enfrentan a muchos obstáculos, según los expertos.

"No hay ambulancias o equipos profesionales capaces de sacar muestras o curar a los casos sospechosos", explica Hamid Ahmadi, un responsable sanitario del gobierno.

Entre 1996 y 2001, cuando los talibanes estaban en el poder, las infraestructuras sanitarias eran mediocres, con poco apoyo extranjero, y el personal médico mal pagado.

En un mensaje en ocasión del Aíd al Fitr, a finales de mayo, el jefe de los talibanes, Haibatulá Akhundzad, pidió a la población que pida ayuda al personal sanitario frente a la enfermedad.

Frente al COVID-19, la gente tiene que "intentar obtener el perdón de Alá y dejar de desobedecer a las órdenes", dijo el líder talibán, imputando el virus a una "transgresión" del islam.

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